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Cuando Eres El Problema Y No Lo Ves

Cuando eres el problema y no lo ves

Durante mucho tiempo yo era de los que pensaba que si tenía un buen trabajo, ganaba buen dinero y podía hacer las cosas que quería, era suficiente como para estar cómodo, tranquilo y no mirar más allá de lo que me interesaba. Así viví por años. Tuve la dicha y la fortuna de poder aprender, desarrollarme y crecer en una profesión que amé (y todavía amo), como lo es el periodismo.

El problema era que para ser bueno en mi profesión tenía que trabajar y fortalecer ciertas habilidades. Aspectos como escribir, leer, hacer investigación, tener contactos, desarrollar relaciones y poder dar a conocer ciertas noticias antes que nadie, eran vitales. Por otro lado, este tipo de profesión también conllevaba aprender a ser escéptico, a saber filtrar la información que recibías y poder corroborarla con agilidad y rapidez, distinguir e identificar tus fuentes de información y poder navegar entre los misterios, los enigmas y los acertijos para dar con la verdad (o lo más cercano a ello) para poder publicar una información que tuviera credibilidad y pudiera sostener la reputación del diario para el que trabajaba y la mía.

Navegar sin preparación

Fueron muchos años los que tuve que navegar por estas aguas sin una preparación formal (ya que no estudié periodismo), sino con la guía de muchos mentores y maestros. Doy gracias a Dios, a la vida y al Universo por ellos. Aún con ellos, esto no me protegió de dos cosas: mis cagadas y las intenciones de la gente. Por más que me preparara y me dijeran, yo cometí muchos errores en el camino. Algunos auto infligidos y otros por mi terquedad.

Yo puedo prepararme mucho y hasta saber cómo o cuándo hago cagadas. Aunque en ocasiones me cueste reconocerlas. Lo que no puedo saber con exactitud, certeza o garantía es la manera en que la gente va a valorar mi relación con ellos o la manera en que quieran utilizar mi rol (en este caso, de periodista) para querer impulsar sus propios intereses y no los míos o del bien común.

Todos tenemos algo en común

¿Porqué te digo esto? Simple: esto mismo es lo que pasa en la vida. En tu vida. A casi todos nos enseñan lo mismo: busca un buen empleo, gana dinero, haz lo que te gusta (o quieres) y no te preocupes mucho por lo demás que no sea tu familia, tu pareja, tu perro o tus intereses. Así podemos vivir años, por no decir toda la vida. Aunque no lo creas, todos somos periodistas hasta cierto punto. De la vida. De lo que vivimos, de nuestras experiencias y de la manera en que las publicamos (las compartimos) o las archivamos (en la mente y en nuestras emociones).

A nadie le enseñan a cómo vivir la vida. Todos tenemos que hacer el «curso de la vida» y vivir sin una preparación formal. El problema es que lo que vivimos, aprendemos, internalizamos y ponemos en práctica mucha veces es lo que nos interesa. Le prestamos atención a lo que nos conviene, mientras todo lo demás suele salirse del foco. Esto tiene un beneficio y un precio: por un lado nos hacemos buenos en ciertas cosas, mientras las experiencias de lo negativo se comienzan a acumular y trabajan en contra de nuestros intereses.

Los puntos ciegos

Mientras yo crecía y mejoraba mis habilidades como periodista, por otro lado las habilidades de ser un escéptico, desconfiado y hasta dudar de la gente (algo que todo buen periodista requiere desarrollar), comenzaba a tener un impacto en mis relaciones personales. Sin darme cuenta, ciertas habilidades que eran importantes en el campo del periodismo, no eran tan efectivas en la vida. Menos, cuando no te das cuenta que las estás usando y crees que estás haciendo lo correcto. ¿Te ha pasado alguna vez?

Dicen que el trabajo no se lleva a la casa y viceversa. ¿Qué sucede cuando crees que no lo llevas, pero sí estás haciendo? Usando las habilidades aprendidas para una cosa (en mi caso el periodismo) en ciertas situaciones o con personas (relaciones, familia, pareja, etc.) donde no funcionaba de esa manera. Eso me costó perder parejas, divorcios, perder dinero, desgastarme energética, mental o emocionalmente y sentirme perdido en muchas ocasiones.

¿Problema u oportunidad?

Para empezar, yo pensaba que estaba haciendo bien las cosas. Era lo que había aprendido y estaba creciendo en lo que hacía. Eso, sin darme cuenta, lo que hacía era empeorar las cosas. El problema es que en las áreas en que me afectaba, no sabía cómo identificar o diferenciar lo que era importante. Mientras más miraba o evaluaba la situación, especialmente en aspectos de pareja, familia o relaciones, más tendía a cerrarme, renegar, rebelarme, culpar, debatir o defender mis razones. Era como ganar por un lado de mi vida, mientras perdía por el otro.

Hasta que un día aprendí algo muy importante. Que muchas veces el problema no es lo que sabes, sino cómo lo utilizas. El dilema no es la respuesta que tienes, sino cómo quieres emplearla y en el momento en que quieres usarla. Que si no aprendo a distinguir las situaciones y ver cómo puedo diferencias ciertas cosas (especialmente en ciertos momentos) voy a seguir perdiendo oportunidades, relaciones, crecimiento y voy a terminar repitiendo lo mismo o tirar la toalla.

Ver lo mismo con nuevos ojos

Marcel Proust dijo una vez: «el verdadero viaje del descubrimiento no se trata de conocer nuevos paisajes, sino en tener nuevos ojos». Eso se trata de poder aprender a desarrollar una poderosa e importante habilidad: como hacer DISTINCIONES PODEROSAS. ¿De qué te sirve el conocimiento si al momento de usarlo lo usas de manera inadecuada o poco efectivo? ¿Cuántas veces sigues viendo lo mismo y te quedas atorado por verlo de la misma manera o sólo a tu manera? ¿Cómo podrías sacarle más a tus talentos, habilidades, experiencias y recursos, si pudieras ver las cosas con una perspectiva mucho más amplia y no sólo tus propios intereses?

Esta habilidad te permite verte a ti y ver todo con nuevos ojos. Desde ver las oportunidades en vez de ver el peso o las pérdidas. De cómo puedes jugar un juego mucho más grande o ver la totalidad del campo del juego que ya estás jugando y no sólo limitarte al campo que ocupas. Alterar la manera en que permites que tu mente, tus emociones, tu energía o el uso de tus recursos sean desplazados (o mal usados) en vez de maximizarlos cuando más los necesitas.

Momento de vida

El día que aprendí que yo tenía esta habilidad de HACER DISTINCIONES PODEROSAS, se abrió un nuevo rumbo en mi vida. Tanto personal como profesional. Aquí pude darme cuenta de muchas cosas que no veía. Fue como quitarme una venda de los ojos y revelarme un nuevo mundo. Todos tenemos esta habilidad y merecemos conocerla y desarrollarla. Este es el mejor momento de tu vida para hacerlo.

Eso es lo que vas a aprender a desarrollar en «Básico 2.0». Conocer la habilidad que ya tienes y cómo la vienes usando. Primero es mirar, reconocer y ver los puntos ciegos para poder alterar, mejorar o corregirlos. Esto es lo que he venido haciendo durante los pasados 25 años: acompañar gente a desarrollar esta habilidad y convertirla en una fortaleza de vida.

Yo podría haberme hecho un editor en el periodismo y crecer a niveles que jamás pensaba, pero seguiría perdiendo mucho en mi vida personal. Hoy que vivimos en tiempos tan polarizados por la política, la religión, el racismo, la represión, los bandos sociales y tantos otros factores, esta habilidad es vital que todos la desarrollemos. Recuerda, el curso de vida sigue y sigues como el periodista acumulando las experiencias y la información. Aprender esta distinción me produjo paz, enfoque, no desperdiciar oportunidades, tener responsabilidad y no culpar a otros, jugar un juego grande y saber usar mis habilidades para poder apalancarme y crear presencia en el mundo. Tu mereces eso y más.

Este puede ser el mejor momento de identificar la manera en que haces distinciones, en los aspectos que más te importan en la vida. Y alterarlos para siempre. Dale un nuevo rumbo a tu vida. No sólo te lo mereces, sino que puede ser el mejor regalo que te des. Por algo dicen: el problema no es el problema, sino la forma en que ves el problema. Especialmente, cuando lo ves o no lo quieres creer. Por eso quieres ser parte de «Básico 2.0». Comienza el 28 de junio y para los primeros 15 que tomen acción, ya un súper regalo. Aquí toda la información y cómo tomar acción: https://jorgemelendez.com.mx/basico-2-0/.

El problema no es el problema, sino la forma en que lo ves. Especialmente, cuando no lo ves o no lo crees.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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