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La Trampa Entre Aprender Y Tener Conocimientos

La trampa entre aprender y tener conocimientos

Hay frases, refranes o, como le decían en mi país cuando niño, «perlas de oro o gotitas del saber o de sabiduría» que nunca pasan de moda. Por algo trascienden el tiempo, las generaciones y se convierten en parte de la cultura popular de los pueblos, países y, en algunos casos, de algunas razas.

Hoy vengo a señalar una en particular. No porque carezca de valor. Tampoco vengo a cuestionar qué sea verdad o cierta. Lo que vengo a cuestionar es la manera en que mucha gente la utiliza. La manera en que puede ser una comunicación superflua, con poca profundidad y mas una expresión de pereza, arrogancia, soberbia y hasta de ignorancia.

«Todos los días se aprende algo nuevo».

En una era tan tecnológica, eso ni se cuestiona. Estamos inundados de información, data, conocimiento y distracciones que nacen para tener tu atención. Eso podría afirmarse como cierto. Fin de la historia. Ahora, ¿cuándo aprender se convirtió en acumulación de data o tener conocimiento? ¿Eso es realmente aprender? No creo. Saber no es aprender.

Esto tiene una razón de ser. Somos parte de un sistema de educación basado en un modelo didáctico, que parte más de la acumulación de conocimiento que aplicación de ella. Tenemos el cerebro lleno de tanta información, de la que muy poca utilizamos. Es bien fácil hacer una correlación o paralelismo entre conocimiento y aprendizaje, ya que ha sido el marco de referencia por el cual muchos hemos pasado. Y seguimos usando o creyendo que es realidad. Cuando no lo es, es sólo una percepción, un concepto.

Lo que pasa es que deja fuera la parte más importante. La parte de la experiencia, la vivencia y, lo esencial, el aprendizaje en tiempo real por la manera en que aplicas lo que sabes en un aspecto en tu vida en este momento. No usas ni el pasado de excusa, o como el defensor o muestra de evidencias (ni a favor o en contra). Tampoco te vas al futuro, creando una serie de conjeturas, fantasías, escenarios posibles, sin que ninguno sea cierto «ya que no haces nada en la vida, sino en un escenario en tu mente».

Lo que nos deja con algo muy simple. ¿Quieres lucir bien o quieres aprender?

Lucir bien es simple. Demostrar que sabes. No exponerte. Usar tus conocimientos como una forma de evadir. ¿Evitar qué? Exponerte, ser vulnerable, humilde, verte como un principiante, como un aprendiz, pedir apoyo, decir «no lo sé» y estar dispuesto a no vivir «evitando la crítica, la retroalimentación o lo que sea». Tomar responsabilidad por lo que pasó o lo que pueda pasar. Mucha gente prefiere tener la razón. Quedarse en un lugar protegido, seguro, esa llamada zona cómoda. Sobrevivir. Eso ya sabes hacerlo. Es más, tu mente está entrenada para ello.

Mantienes una imagen para seguir siendo aceptado o tener la aprobación y nunca tener el resultado que realmente quieres en tu vida. En pocas palabras, prefieres saber, tener el conocimiento, pero nunca llegar al momento de romper con tus creencias, tu pasado y descubrir quién puedes ser hoy al ponerlo en acción y «realmente aprender». Terminas siendo rehén de tus propios conocimientos. Por algo dicen: «mientras más brillantes eres, más brillantes son tus defensas». Buda dijo una vez: «no hay peor apego que el apego a tus ideas». (Yo digo que hacía referencia a la forma en que el hombre se apega a sus creencias y cree que son reales).

Aprender es realmente ser conocimiento en acción. En este momento o instante. No es saber qué puedes volver a amar. Tampoco seguir recordando la vez que te rompieron el corazón y leer los libros de cómo volver a enamorarte. Haber contado las veces que has fracasado o te has caído, y querer tener la fórmula aprueba de caídas. Ni saber las mil y una maneras de hacer un negocio o emprender que sean mejor que las anteriores. Saber el porqué no haces las cosas es una cosas, descubrir quien eres por la manera en que estuviste dispuesto a superar «lo que sabes» y descubrir «quien eres y lo que mereces».

Es la acción. En tiempo real. No hay substituto a ella para aprender, para crecer, para mejorar, para desarrollarte, para realmente saber si lo sabes o no lo sabes. Es convertir el modelo de aprendizaje de un intelectual a uno vivencial. Es estar dispuesto a que te rompan el corazón o descubrir el amor que siempre habías querido. Convertir una idea descabellada que vive en tu cerebro y pasar del «nadie me va a creer o comprar a no puedo creer a que hoy mi idea es un negocio exitoso».

Aprender es estar dispuesto a enfrentar y caminar el proceso. No evitarlo. Tampoco buscar atajos. Claro que puedo observar lo que otros han hecho para aprender «lo que no quiero hacer» o «no caer en las tendencias o trampas que no conozco u otros han caído». Ahí es cuando la información la usas en la acción, no en la acumulación. Estás en la práctica, no en el análisis preventivo, buscando cómo seguir siendo «infalible, impenetrable o a prueba de balas».

Cuando te lanzas realmente a aprender, hay una cosa que tienes claro. El proceso no lo puedes controlar. De eso se trata. Si lo controlas no es aprender. No puedes controlar la vida. Mucho menos presencia determinar lo que va a suceder. Lo único que puedes hacer es aprender a «responder de manera nueva o diferente». Eso implica que vas pisando terreno incierto, que no vas a tener certeza de lo que viene. Las circunstancias no van a cambiar, sino lo que puede cambiar es la manera en que tú ves y te relacionas con ellas.

Ahora, ahí es cuando puedes descubrir la manera en que has convertido tus habilidades blandas en tus mejores aliados. La manera en que desarrollas una mentalidad de crecimiento, de abundancia, de merecimiento y de recibir. Observar la manera en que elevas tu capacidad de escucha, de curiosidad, de empatía, de conexión, de flexibilidad, de apertura, de pivotar, de rediseño y de estar en contacto con tu humanidad. Tu pasado fue realmente el maestro para que seas quien nunca has sido y crezcas a pesar de ello.

Ahí es cuando aprender se convierte en un estilo de vida. Es más, se vuelve una misión de vida. Claro que quieres los resultados, pero aprendes a amar el proceso y la persona en la que te conviertes. Vives con intención, sin apegos. El compromiso no es una condena o una obligación, sino una oportunidad que enciende tu pasión por vivir, por crecer y ser una contribución a este mundo. Descubre y/o defines tu propósito y la razón por la cual estés en este momento en este mundo. ¿Quieres lucir bien o quieres aprender?

¿Qué vas a hacer al respecto?

Tener conocimientos es una cosa, aprender es otra. Mucha gente cae en la trampa y nunca sale de ella.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene un comentario
  1. Quiero dejar de lucir bien. Quiero demostrarme que si lo se, el blog de hoy me abrió los ojos a tomar el compromiso desde una nueva perspectiva; como una oportunidad que enciende mi pasión por vivir, por crecer y ser una contribución a este mundo.

    Me comprometo a tomar acción, aprender del proceso, para crecer, para mejorar, para realmente saber si lo se.

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