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¿Saber O Sanar?

¿Saber o sanar?

Ahí estaba. Escondido, oculto. Sus ojos brillaban, su carita desdibujaba entre sonreír y llorar. Pero no se movía. Era como si hubiese estado paralizado, detenido o privado de moverse de lugar. Así llevaba mucho tiempo. Años. No puedo decir cuántos, pero sí habían sido muchos.

Ese niño quería expresarse, ser tomado en cuenta. Sentir que podía expresarse libremente. Sin temor a ser juzgado, criticado, evaluado, comparado, devaluado. Había sido callado, silenciado y atemorizado mucho tiempo.

Durante mucho tiempo sabía que tenía que trabajar con varios aspectos de mí. Entre ellos, el valorarme, el conectarme conmigo mismo y, sanar aspectos de mi niño interior. Busqué formas, medios, mecanismos y alternativas. Unas mejores que otras. Todas aportaron algo, aunque todas se detenían en el mismo sitio. El protagonista (yo) tendría que estar dispuesto a ser consistente, persistente y, lo más importante, cada vez ir más profundo para sanar.

Ser íntimo (no me refiero a la sexualidad) es un paso que a mucha gente le cuesta dar en sus relaciones. ¡Imagínate serlo contigo mismo! Y no me refiero a meramente saber cuáles son tus virtudes, tus fortalezas, tus miedos o áreas de oportunidad. Tampoco es criticarte a solas, seguir juzgándote, menospreciándote, invalidándote o saber las mil y una maneras en las que te saboteas. Intimidad significa: «estar dispuesto a mirar dentro de mi».

Es sanarte y no meramente saber el por qué no te curas (o haberte curado).

Tu puedes dejar de tomar alcohol y nunca sanar lo que te llevó a tomar. De la misma manera puedes saber lo que te provoca ira y nunca aprender a manejar tus emociones. Hasta puedes decir en tus sueños por qué no haces tal o cual cosa y nunca enfrentar la creencia que está de fondo que sigue provocando en ti el mismo comportamiento. Saber es seguir operando desde el miedo, la razón, las excusas, las justificaciones, la defensa, la escasez y todo lo que te sigue protegiendo de lo que pasó. Y por eso no te liberas o subes al siguiente nivel.

«Saber y no actuar es no saber», dice un proverbio chino.

Ser íntimo contigo mismo requiere un nivel de compromiso como el que tal vez nunca has tenido. Implica no hacer las cosas por lo que vas a recibir (ya sea reconocimiento, aprobación, aceptación o validación externa). Tampoco lo haces por que «lo necesitas», sino «lo mereces». No es una necesidad, sino un llamado, una oportunidad y un derecho que tienes de conocer una parte de ti que tal vez nunca has accesado.

Empezar a trabajar con esa parte íntima, conectada y profunda de ti va a requerir de ti estar dispuesto a confrontarte con varias realidades:

  1. ¿Qué tal si lo que tu crees que es (como fueron las cosas) no es (hay otras maneras de verlo)?
  2. Mientras más defiendas la razón (o razones) de ver las cosas de esa manera, más atrapado estarás.
  3. Libertad no vive en el Tener o Hacer algo, sino en Ser alguien que no te has permitido ser.
  4. Darte cuenta que Responsabilidad no es culpa (o culpables), sino como sigues reaccionando de la misma manera ante lo vivido o como vives.
  5. La respuesta no es saber las razones, sino sanar las causas.
  6. Integridad no es tener lo que la sociedad te pide o exige, sino lo que no te das a ti mismo por perseguir lo que los demás dicen que debes «cumplir».
  7. Que amor no es sentirte bien, tranquilo o cómodo, sino romper con lo que no te permite dar, recibir, aceptar, perdonar, escuchar, sentir o expresar.
  8. Que la incondicionalidad no es permitir, sino soltar las condiciones para dar.
  9. Tu nivel de humildad es directamente proporcional a tu capacidad de perdonar y ser empático.
  10. Es un proceso que nunca termina, no meramente hacer «hecho algo».

Cuidado con querer hacer lo que muchos hacen. Querer hacerlo sólo a tu modo, tu manera, tus condiciones y cuando sea conveniente. Eso ya lo sabes hacer. Suena como los que se dicen: «yo me auto terapeo, me doy auto coaching, me confronto a mí mismo, etc.». Si lo hubieses hecho efectivamente, no estarías teniendo esta conversación.

Sanar es enfrentar el miedo, atravesarlo y ver en quién te conviertes cuando lo haces. Es operar desde el amor, el perdón, la humildad, la incondicionalidad, la apertura, la abundancia, la comunicación, la consciencia y la posibilidad. No es cambiar los hechos, ni mucho menos querer controlar los que vayan a pasar, sino elegir otra manera de verlos y vivir desde ese espacio.

¿Qué opciones tienes al respecto? Muchas o ninguna. Si decides que no hay nada que trabajar, así lo seguirás viendo. Si eres de los que piensas o dices: «así soy, nada va a servir o cambiarme, ¿para qué si total el mundo seguirá igual?, no termino las cosas, etc.», seguirás teniendo la razón y nunca te comprometerás con la persona más importante: contigo. Ahora, si eliges que este es el momento, tienes muchas alternativas.

Aquí algunas:

  1. Trabajar con un coach o mentor.
  2. Busca ayuda de un terapeuta.
  3. Identifica un vehículo o medio por el cual puedes seguir profundizando tu trabajo personal y haz un compromiso de por lo menos 1 año sin parar. Invierte en tu sanación.
  4. Si no tienes los medios, siéntate y escribe lo que sabes que requieres sanar (ya sea mental, emocional, física, espiritual, energética o relacionalmente). Identifica una persona que consideras que es un líder, te inspira, admiras o respetas su trabajo sobre lo que deseas trabajar. Trabajar aunque sea virtualmente por un año, sin interrupciones, en ese aspecto.
  5. Indaga, investiga y busca educarte, informarte o capacitarte sobre eso que sabes que te limita a conectarte contigo mismo, ya sea por audios, videos o libros y comienza a delinear un programa de seis a doce meses donde por lo menos vas a aprender y conocer el origen de estas cosas que no te permiten crear esa intimidad o conexión contigo mismo. (En los pasados doce meses he aprendido más sobre trauma, significado y sanación que en los pasados diez años combinados).
  6. Los puntos 4 y 5 son sólo por un periodo inicial, ya que ambos son sólos. La idea es iniciar, comenzar y alcanzar un ritmo. Luego de ese primer año, es importante que consideres los primeros 3 puntos.

Recuerda, vivimos en un mundo distraído, desenfocado, desconectado, aislado y en automático. Es fácil caer en modo sobreviviencia, rescatar a otros, apagar fuegos, saltar de problema en problema, querer hacer las cosas sólo y sin delegar nada. Ni mencionar controlar, evitar, mantener una imagen y no tocar lo que pueda dolerte. Si no haces un alto ahora, tienes muchas razones para seguir haciendo (y justificando) lo que ya haces. No mientes, te creo. El problema es que las razones no cambian los resultados. Y, el más importante, lo que crees, sientes y experimentas de tu proceso de vida. Ese no vive en la superficie, sino en la profundidad de tu ser.

¿Qué vas a hacer al respecto?

No se trata de saber el por qué haces o no las cosas, sino sanar lo que te mueve a hacerlas o no.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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