El arte de comunicar comienza en el uno a uno…
Para algunas personas, hablar en público es casi como un acto de muerte. Es más, hay gente que prefiere morirse antes que haber en público. Así de fuerte puede ser la sensación, el reto o el miedo de hacerlo. Pero hay algo que todo el mundo si quiere hacer: mejorar sus habilidades de comunicación.
Mucha gente me pregunta: ¿cómo lo haces? Y cuando les respondo algunas cosas, es como si no pudieran creerlo. No importa si vas a hablar por primera vez en público, así como si lo has hecho docenas de veces, sentirte nervioso es parte del proceso. Yo me siento nervioso cada vez que voy a pararme a hablar. Ya sea en una conversación uno a uno con alguien, así como un entrenamiento, sesión de coaching o consultoría.
Una vez uno de mis mentores, cuando empezaba a dar mis primeros pasos en el campo de hablar en público, me dijo: «el día que no te sientas nervioso es cuando vas a tener problemas, ya que estarás en automático y no conectado con la gente». Boom. Eso fue bien revelador y tranquilizante para mí, ya que me prepara para saber que las emociones siempre van a estar presente en momentos como esos. Por otro lado, puedo mentalizar como las veo y la manera en que me relaciono con ellas durante mi presentación o plática.
No es lo mismo decir, «estoy nervioso» qué decir «estoy emocionado». Esa pequeña, pero sutil diferencia impacta mucho tu cerebro y sistema nervioso. El simple hecho de estar parado en una tarima, o teniendo una plática (sea incómoda o cómoda), es un privilegio. Podrías no estar ahí en ese momento. Dicen que «Dios o la vida no te pone en ningún lugar para el cual no estás listo». Si estás ahí es porque te lo ganaste. Ahora, listo y preparado son dos cosas muy diferentes. Mas adelante explico.
Decir, estoy emocionado es una manera de agradecer la oportunidad y decirle a tu sistema nervioso y emocional que vas a sacarle el máximo provecho y aprender de ella. No se trata de qué esperas obtener de ella de inicio, ya que estás poniendo a la persona, el público o la situación como una expectativa tuya, cuando tú vienes a conectar con ellos. No al revés.
Iniciar la plática o la presentación diciendo el propósito de ella, puede ser de mucho valor o utilidad para los que vas a comunicar. En vez de querer sonar todo complejo, diferente, distinto o único, estás comunicando la razón por la que estás ahí. Decir en una frase, oración o dos el motivo de la plática, charla o presentación, sin recurrir a diapositivas o explicaciones rebuscadas, conecta mejor.
Romper el hielo, abrir o ¿qué decir para iniciar? siempre es el reto para mucha gente. Hay muchas variaciones que pueden servirte. Una de ellas, pero algunos les intimida es: en el momento en que vas a iniciar la plática o presentación, en silencio cuenta hasta tres mirando a la persona o al grupo. Eso te permite conectar, sin tener que hablar. Es una manera de humanizar la situación.
La mejor manera de abrir una plática o presentación es con algo de curiosidad. Eso puede tomar la forma de una pregunta, una frase, una aseveración atrevida o hasta una corta historia. Estucho mejor que decir, «de lo que quiero hablarte es o lo que vengo a presentarles es…».
Algo que yo suelo hacer es: identificar a la persona que parece estar más abierta y la más cerrada de la audiencia, si es una presentación. Si es una plática personal o uno a uno, miro el lenguaje no verbal de la persona. Si está cruzada de brazos, si su energía parece estar estancada o cerrada o si no esta prestando atención. No le pido que haga lo que yo quiero, sino que pregunto: ¿es un buen momento? ¿podemos hablar en otro lugar? ¿hay algo que quisieras decir o hacer antes de empezar esta conversación para que pueda ser lo más provechosa posible?
Si es una presentación de grupo, miro a la persona que veo más cerrada (ya sea por su lenguaje corporal, su postura o lo que refleja su rostro) y la que me parece más abierta (por lo mismo que la cerrada). A medida que voy comunicando, comienzo a caminar hacia la persona que veo más cerrada. Lo hago como una manera de decirme: «puedo acercarme a lo que me intimida, incomoda o despierta miedo/temor». Y mientras comunico, miro a la persona para establecer contacto visual.
Muchas veces la persona es la que se siente incómoda y refleja eso, no por mí, sino por la manera en que no sabe auto regular sus emociones en ese tipo de entorno. También es una manera de practicar la empatía conmigo mismo y lo que me invento que puede estar sintiendo o mostrando esta persona. Todos sentimos cosas diferentes y reaccionamos diferente a ello. Y el no ser juzgado, sino reconocer que podemos diferir y coexistir es un acto de madurez y crecimiento».
Ya con la persona que se muestra más abierta. También hago contacto visual y me acerco, ya que me estoy diciendo a mí y a la persona: «todo aquel que me produce alegría, cercanía y conexión, quiero más en mi vida». Eso es un mensaje de que «te observo en amor y honro la manera en que tu lenguaje no verbal impacta al mundo». Muchas veces esta persona, termina siendo tu mejor aliado a lo largo de una presentación.
Suelta la jerga o el lenguaje acartonado. Mientras más simple y humano lo que dices, más claro será el mensaje. Recuerda, no estamos para convencer a nadie, sino para conectar y ser entendidos. Como la manera en que comunicamos refleja la forma en que incluimos a todos en ella. Si es una plática uno a uno, el punto no es que te entiendan a ti, sino como entiendes al otro.
Aquí es importante preguntarte dos cosas. Primero, ¿comunicas para ser entendido o para que el otro se sienta entendido? Si el foco eres tú, tal vez el otro no se sienta totalmente incluido en la conversación o lo que presentas. Ahora, si tu foco es que el otro entienda, es implica de alguna manera en que te conectas, escuchas y empatizas con el otro. No importa lo que pase, si la otra persona (o personas) se sienten que los entiendes, van a estar mucho más dispuestos a abrirse, a comunicar, a revelar y, sobretodo, a agradecer lo que dices. Si el foco es tu sentirte entendido, dejaste fuera el elemento principal: a quién le estás comunicando.
Segunda pregunta: ¿Escuchas para entender o escuchas para confirmar? Si tu escuchas se enfoca sólo para confirmar, entonces tu escucha es limitada, condicional, selectiva y lo único que oyes es lo que demuestra lo que ya sabes (o no sabes y pretendes saber). Si por el contrario, escuchas para entender, muestra que estás dispuesto a retar tus creencias o premisas, reconocer lo que no sabes o realmente quieres aprender, y te abres a la posibilidad de que escuchar es un acto de conexión y vulnerabilidad. Muestras tu humanidad y la empatía con el otro. No te quedas encerrado en tu cámara a prueba de sonido.
Conoce tu mensaje. Aquí la diferencia entre estar listo y estar preparado. Hay mucha gente que luce lista y dispuesta a pararse en una tarima, pero su preparación dice lo contrario. Lo mismo tener una plática uno a uno. Una cosa es improvisar para sacarle más a lo que vas a decir, que inventarte algo para ver si pega o funciona, ya que perdiste el hilo de lo que realmente quieres decir. Tú sabes cuando una persona se ha preparado para algo o cuando una persona sabe lo que quiere decir. La improvisación no reemplaza nunca la falta de preparación.
No se trata de saber de memoria lo que vas a hacer o decir. Es tener claro los puntos que deseas comunicar, aunque no sigan una secuencia u orden específico, ya que la presentación o la plática fue fluyendo (no forzando). Algo que le digo mucho tanto a personas que van a tener pláticas como profesionales cuando va a hacer una presentación: ten por lo menos los 3 o 7 puntos claros que conectan con la idea que vas a comunicar. Aunque los escribas en una tarjeta. Más se vale cubrir los puntos que leer las diapositivas.
«No te apegues a la forma» fue algo que me dijo otro de mis primeros mentores. En pocas palabras, «no tiene que ser de una manera o ser perfecta». La naturalidad o fluidez de una plática, aún cuando sea incómoda, la recordamos más cuando no nos apegamos a «cómo debería ser». La perfección es una manera de quitarle amplitud, expansión y naturalidad a cualquier cosa.
Hablar en público realmente comienza en el uno a uno. Son habilidades que todos podemos (y merecemos) mejorar. Ahora, sí estamos comprometidos a ser un canal de comunicación efectiva en el mundo. Ya sea par nuestra familia, pareja, hijos, amigos o para el mundo en general (por dedicarte de alguna manera a impactar grupos de personas).

