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Libérate De La Prisión De Tus Apegos

Libérate de la prisión de tus apegos

«No hay peor apego que él apego a las ideas», Buda.

Si hay algo insidioso en nuestra forma de pensar como seres humanos, son los apegos que nos mantienen atrapados en la mente. De muchas maneras. Apego a la rigidez mental, especialmente ahora donde la gente se identifica tanto con sus propias opiniones o creencias que se vuelve incapaz de aceptar puntos de vista de diferentes. (El deporte, la política, la religión, etc.).

Otra forma de apego son las que generan o se convierten en fuentes de sufrimiento. Donde creemos que las cosas «deberían ser» de una manera y causa frustración, irritabilidad, intolerancia y falta de aceptación. Además, termina en conflictos innecesarios. Todo por él «debería ser» o las expectativas que le ponemos a la gente, que no son suyas.

La llamada falsa certeza, donde la mente busca seguridad estática o firme, cuando el mundo es por naturaleza cambiante y transitorio. La gente quiere garantías y si cree o piensa que no las obtiene, prefiere aferrarse a lo mismo o a nada por no abrirse o confiar en lo que puede abrirse de una nueva oportunidad.

Se han escrito muchos libros sobre el apego, algunos muy buenos. Miguel Ruiz Jr., el hijo de Don Miguel Ruiz, escribió uno llamado «Los 5 niveles de apego» en los que habla de «el auténtico yo», «preferencia», «identidad», «internalización» y «fanatismo». También se habla de los «4 tipos de apego emocional» de la sicología tradicional (seguro, ansioso, evitativo y desorganizado).

Ahora, alguien que escribió sobre el apego que por lo menos a mí me ha servido de mucho, es Anthony De Mello. Hace muchos años, sus estudiantes recopilaron una serie de sus charlas y la hicieron un pequeño libro llamado «El Camino al Amor» (The Way to Love). En este pequeño libro, De Mello habla de las cuatro capas o niveles de apego primordiales que vive la humanidad.

El describe que los apegos y nuestra forma de pensar son como «capas de grasa». «De la misma manera en que una persona en sobrepeso esas capas de grasa le quitan movilidad, los apegos son como grasa que adormecen tu cerebro. Este comienza a perder su sentido de alerta, de observación, de exploración, de descubrimiento. Al perder su flexibilidad, ese sentido de elasticidad, se duerme. Mira a tu alrededor y verás que la mayoría de la gente anda así: dormida, aletargada, protegida por capas de grasa y no buscando nada que la despierte, sino que la mantenga en ese estado. Hasta que examinas esas capas».

La primera capa son las creencias. Si te experimentas, por ejemplo, como un capitalista, comunista, judío, musulmán o lo que sea, ya hay una capa entre la realidad y tú. Un prejuicio.

Segunda capa: tus ideas. Si te aferras a una idea de cómo es una persona o cómo amas a una persona por la idea que te haces de la persona, ya dejas de ver la realidad. Amas la idea o el apego que tienes sobre cómo esa persona debe ser para ser amada y no amarla por quien es. Observa cómo has hecho esto con mucha gente en tu vida.

Los hábitos son la tercera capa. Estoy claro que los hábitos son esenciales para vivir como ser humano. ¿Cómo podrías caminar, hablar o conducir un coche si no tuviéramos el hábito de hacerlo? Pero los hábitos deben limitarse a todo aquello que es mecánico, algo que referente al amor o a nuestra capacidad de observar y ver. ¿Quién desea ser amado por hábito? ¿Cuántas veces te has sentado a la orilla del mar y ser hipnotizado, cautivado o simplemente conectarte con la majestuosidad del océano? Hasta un pescador deja de ver el mar por el hábito de la pesca. Por la capa del hábito.

Los apegos y los miedos son la cuarta capa. Esta es la más fácil de ver y darte cuenta. Ponle una capa de apego, miedo, y llámale disgusto, juicio, no te gusta o cae bien una persona o una cosa. En ese momento dejas de ver realmente a la persona o cosa. ¿Te das cuenta como vives en tu propia prisión creada por tus creencias y apegos que por tradición tu sociedad, cultura, familia o grupo social la adjudica a sus ideas, prejuicios, apegos, miedos y sus experiencias del pasado?

¿Cómo liberarte de tu propia prisión?

Primero: darte cuenta que estás encerrado por la prisión de tu propia mente que está dormida. Mucha ni se da cuenta o copta que vive como un preso en prisión. Nadie se rebela a eso. En convertirse en un revolucionario que rompe las paredes de su propia prisión.

Segundo: contempla la paredes de tu prisión. Observa detenidamente tus ideas, tus hábitos, tus apegos y miedos sin juicio o condena. Observa y verás como empiezan a derrumbarse.

Tercero: invierte tiempo observando la gente y las cosas a tu alrededor. Pero observa profunda y detenidamente. Comienza a verlo desde una mente despierta, no dormida y verás cómo cobran vida. Empezarás a verlos, a verte y ver todo con nuevos ojos.

Cuarto: Siéntate calmada, callada y silenciosamente a observar cómo opera tu mente. Observarás que se mueven, qué te pierdes muchas veces en esa torrente, corriente y hasta crees que eres eso, cuando no lo eres. Es darte cuenta de que eres mucho más que una serie de pensamientos. Eso es empezar a darte cuenta de la «vida no consciente» que estás perdiendo por seguir atrapado en tus apegos.

No puedes llamarle vida a todo lo que es robótico, automático, mecánico, dormido, inconsciente, desconectado y muerto en vida. Observa, mira, cuestiona, explora, indaga, pregunta y comienza a soltar esas capas de grasa en tu mente. Verás como empiezas a estar alerta, activo, conectado, despierto, vivo y consciente.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Hora de romper con la prisión de los apegos en los que vives.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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