fbpx
Saltear al contenido principal
+52 (55) 1139-2095 contacto@jorgemelendez.com.mx
Cuando Crees Que «no Hay Otra Opción»

Cuando crees que «no hay otra opción»

Me sentía atrapado. No sabía cómo salir de este aprieto. Me estaba jugando la carta que entendía que me iba solucionar el problema. Me sentiría tranquilo, sin estrés y, lo mejor de todo, no tendría que hacer lo que no deseaba hacer: pedirle a nadie. Poder hacer las cosas mi propia cuenta. Si yo me hice el problema, yo solito debería resolverlo.

Pero no se dió. El banco rehusó aceptar mi propuesta financiera. No sólo estaba en juego mis finanzas personales, sino el futuro de mi negocio a corto y mediano plazo. El efectivo se había acabado y mi crédito personal estaba tan comprometido, que ahora no podía seguir usando uno para salvar el otro.

No había otra opción. O por lo menos eso pensaba. Hasta que cuestioné esa creencia y abrió una puerta que nunca había descubierto en mi vida.

¿En qué aspectos de tu vida te has encontrado en una situación donde quieres resolver un asunto con la misma mentalidad con la que te metiste en el conflicto, problema u oportunidad? ¿Cuántas veces por «no querer molestar a nadie», «pasar la vergüenza», «mantener tu imagen», «no querer reconocer que te equivocaste o te caíste» y, peor que nada, «no quiero pedir apoyo o pedirle a nadie»? ¿De qué formas sueles encontrarte en una posición de «no tengo (otra) opción» si no es la que tú quieres o puedes ver en ese momento?

Examinemos eso de no tener otra opción. Es fácil llegar a una conclusión, muchas veces en automático, si no examinas realmente la manera en la que te comportas y cual es el pensamiento que lo provoca.

¿Cuáles son los beneficios de «no tener otra opción» (que no sea la tuya)?

Crees que es la verdad.

Tienes la razón (o razones) para seguir haciendo lo mismo.

Nadie se entera. (Eso crees).

No te cuestionan (especialmente tú).

Te proteges, te salvas o tienes licencia para seguir haciendo lo mismo.

Tienes el control. (Aparentemente).

Luces bien (mantienes tu imagen; la que sea ante los demás).

Evitas el conflicto o dolor de realmente mostrar o decir lo que realmente está pasando.

Sigues defendiendo la «narrativa» (la historia) que te dices el por qué la cosas son o no son así en tu vida.

¿Qué precios pagas por no «retar el no tener otra opción»?

Nunca descubres que todo se trata de una forma de ver la situación. (No es la única).

No cuestionas tus razones y comienzas a ser irrazonable (especialmente contigo).

El no romper con tus círculos viciosos y poder descubrir uno virtuoso.

Comienzas a darte cuenta que si tú te enteras y no haces nada, el mundo se termina enterando ya que no pasa nada diferente en tu vida. (Todo es crédito para ti si las cosas salen bien y culpar a los demás o las circunstancias si salen mal).

No tomas responsabilidad. (Sigues siendo una víctima).

Al no exponerte a algo diferente, sigues protegiendo la creencia que te sigue poniendo en la misma posición.

Te permites ver realmente cómo el mundo te ve y, contrario a lo que piensas, mucha gente tal vez está dispuesta a apoyarte. El problema es que te has negado a recibir, a pedir y ver lo valioso que eres y mereces crecer.

Cierras la puerta a trabajar en equipo. Recuerda, hacer las cosas solo te cuesta más, tardas más, te cansas más y no tienes con quién celebrarlo, mientras trabajar en equipo logras más, te tarda menos y tienes con quién celebrarlo.

Te das cuenta que el control nunca lo vas a tener, sino la manera en que aprendes a manejar los momentos cuando «el no tenerlo» es una puerta a ver como elevas tu liderazgo.

No sanas la creencia (especialmente la interpretación) que te sigue llevando a caer en la misma situación.

Tu crecimiento (en cualquier aspecto) depende de las circunstancias que enfrentas y no de tu compromiso.

El poder que tiene tu palabra y tu capacidad de transformar tu manera de pensar, declarar y operar, especialmente en los momentos de retos, crisis o caídas, nunca lo llevas al nivel que refleje tu mejor versión.

Perpetúas una mentalidad fija y no desarrollas una mentalidad de crecimiento.

Permites que creencias como «no soy suficiente», «no merezco o no valgo», «no puedo», «no necesito» o «¿para qué, si no vale la pena»? sigan imperando en tu mente sin ser cuestionadas.

No te liberas de la prisión de tu mente, ni reclamas tu libertad: tu capacidad de siempre ver que existe una opción. No sólo tus sueños te esperan, sino la vida que mereces vivir.

¿Qué vas a hacer al respecto?

¿Qué pierdas en tu vida cada vez que crees que «no hay otra opción? La oportunidad de ver tu grandeza.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene 0 comentarios

Participa de la conversación dejando un comentario

Volver arriba