Si tienes niños, o tienes alguno a tu cargo, aquí una opción. Conoce la disrupción divertida.
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Momento De La Disrupción Divertida

Momento de la disrupción divertida

Ayer, mientras platicaba con un cliente de coaching, nació un término. Fue algo espontáneo e inesperado, pero creo que muy apropiado para la conversación que estábamos teniendo. Cuando eres padre, madre o tienes a tu cargo niños, especialmente en esta era tan tecnológica y retada en estos tiempos por el confinamiento de la Pandemia, requieres accesar o desarrollar mucho esta habilidad. Si no quieres volverte loco.

Esta persona me hablaba de lo desafiante que ha sido durante este año y medio poder sostener actividades al exterior y divertidas con su hijo. En estos últimos meses ha caído en cuenta de algo muy importante: la manera en que su nivel de actividad, disposición, iniciativa y determinación de hacer algo, impacta la manera en que su hijo hace lo propio. Si ella se enfoca en la pereza y en hacer lo mínimo indispensable, su hijo tiende a imitar esas mismas actitudes y comportamientos.

Tus hijos copian lo que tu haces, no lo que le dices

Ella misma se ha dado cuenta de que su nivel de energía tiene un impacto directo en la manera en que su hijo está dispuesto a hacer (o no hacer) algo. Es más, ella ya está consciente de que si desea elevar el nivel de disposición de su hijo a hacer actividades físicas, tendrá que hacer un par de cosas al respecto.

Aquí fue cuando le dije, ¿cómo sería comenzar a crear lo que vamos a llamar «disrupción divertida»? «¿Qué es eso?», me preguntó. Acto seguido le pregunté: ¿qué fue lo que hizo que UBER, AirBNB y, muchas otras marcas, se convirtieron en parte de la «era disruptiva? Convirtieron ofertas de necesidades que todos tenemos, en maneras innovadoras y creativas, en formas más accesibles y económicas».

Zero tecnología

La idea es que pensara en las cosas que le gusta a su hijo, que no envolviera el uso de aparatos o dispositivos tecnológicos, y los convirtiera en actos disruptivos cuyo fin fuera uno sólo. Diversión. Hacer algo divertido, que bien podría ser gratis y que no envolviera gastos en algunos casos. Pero el punto principal es buscar maneras de hacer cosas divertidas, pero de manera disruptiva.

Como único sería permitido usar la tecnología o los dispositivos es si fuera para aprender algo nuevo o diferente, que no sean juegos, y que despierten la curiosidad de un niño a querer desarrollar una habilidad nueva. De lo contrario, es ser creativo e innovador en la búsqueda de nuevas formas de crear diversión.

La indagación es importante

Hoy día es bien fácil caer en la tentación de muchos padres decir «mi hijo (o mis hijos) viven pegados a la computadora, al celular o a la tablet. Ellos juegan juegos que no entiendo o se pasan viendo películas en Disney + o en Netflix». Pero si le preguntas qué juegos, qué tipo de serie o qué gustos tienen fuera del mundo de la Internet, hay un silencio o un grado de desconocimiento».

La tecnología se ha convertido en el chupo o (bobo)o pacificador moderno para los niños. En mi época era ponerlos a ver televisión. hoy es darle un celular para que «naveguen» por YouTube, algún juego o cualquier otra cosa que sirva para que se «tranquilicen». Eso tiene sus dos lados de la moneda: por un lado se tranquilizan, pero por el otro comienzan a meterse más y más en un mundo y se alejan de su realidad. Si, estoy claro que las nuevas generaciones vienen con un «chip» diferente y la tecnología es parte de su entorno. Pero es no sustituye el desarrollo de otras habilidades.

Algunos padres conocen muy bien a sus hijos. Otros un poco. Habrá aquellos que tendrán que ser pacientes y comenzar a preguntar, observar o descubrir lo que sus hijos le gusta o pueden atraerlos a considerar que hagan, fuera del mundo de la Internet. Esto conllevará esfuerzo y paciencia, pero podrá ser de gran beneficio para los dos. Tanto para que el niño desarrolle habilidades sociales y descubra otros intereses, como los padres podrán salirse de sus rutinas, de la casa y entrar en actividades físicas que maten el ocio, la ansiedad y les sirva para tener un grado de condición física.

Una lección inesperada

Lo que me sirvió de base para poder darle esta sugerencia a mi cliente, lo aprendí un par de días antes. El pasado sábado había estado con mi nieta, de manera presencial, por primera vez en tres años. Estábamos sentados en la mesa de comer en la casa de mi hermana y ella (de siete años) estaba viendo videos en «su tablet» en Youtube. Estábamos compartiendo, pero yo entendí que podíamos hacer algo más. En ese instante ella levantó la mirada y miró a través de la puerta de cristal que da al enorme patio que tiene la casa.

Ella me dice «¿qué hay allá fuera?». A lo que yo le respondo: «¿quieres ir a ver?». Como toda una niña curiosa me dice «SIIIIIIIIIII». En cuestión de dos horas, estuvimos en el patio todo el tiempo e inventamos al menos 5 juegos con lo que encontramos ahí. Nació «disrupción divertida». Ella pudo haber seguido en su tablet, dentro del aire acondicionado y todos muy cómodos dentro de la casa». Pero la idea era crear un momento «abuelo-nieta» diferente y conectar. Sin tecnología y poder estimular su curiosidad, y ella agotarme en el proceso.

Lo más simple

De las cosas que nos encontramos en el patio, lo que más le llamó la atención fue una especie de maceta de plantas que tenía mi cuñado llena de unas bolitas de vidrio o cristal, que parecían canicas. Ella me pregunta «¿son canicas?» Yo le dije, «si no lo son, ahora lo serán». De ahí en adelante tomamos dos canicas grandes, un vaso plástico y a jugar de ha dicho. Tan divertido y disruptivo fue, que cuando llegó el momento de irse, le dije: «llévatelas para que sigas jugando y te acuerdes de abuelo». Su sonrisa me decía que era lo que más recordaría de la tarde.

De todos los regalos, las sorpresas y hasta de las galletitas que hizo con mi hermana, las canicas fueron el acto disruptivo de la tarde. Yo no jugaba canicas en por lo menos 40 o 50 años. Yo no inventé las caninas. Ni siquiera eran las caninas oficiales que vienen en colores y diseños especiales. Eran dos bolitas de cristal que sirven para adornar plantas, macetas o hasta decoraciones exteriores o de interiores. Pero, a partir de este momento, eran canicas. Fue crear un pequeño acto disruptivo. No costó nada.

Opciones para considerar

Volviendo al tema con mi cliente. Ella sabe que a su hijo le gusta el fútbol, como actividad al aire libre, lo que ya le permite considerar opciones alrededor de ello. Pero le pregunté: ¿qué otras cosas despiertan la curiosidad de tu hijo? Museos, música, naturaleza, actividades que desarrollen sus habilidades físicas, mentales y que le sirvan para pensar más y en elevar su nivel de consciencia o sobrevivencia. Hay muchas opciones.

¿Cómo sería sacar uno o dos días a la semana para tener «actos disruptivos divertidos»? Que envuelvan actividades al aire libre, en la naturaleza. (Aquí pueden enseñarle a los niños a usar nuevas aplicaciones para aprender a navegar o sobrevivir en el mundo). Organizar de manera sorpresiva visitas a lugares históricos, museos, exposiciones o cosas que despierten la imaginación y la creatividad de los dos. Esto va a servir para que la madre entre en más actividades físicas, rompa con las rutinas y el mero acto disruptivo sirve para que los dos puedan crear nuevos lazos y conocerse más. Algunos de estas actividades serían organizadas por la mamá, como una sorpresa. Otros por los dos, para crear expectativas y un sentido de logro en equipo. Algunos pueden ser hasta en la misma casa, pero sin dispositivos. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Vivimos tiempos donde tener momentos de «disrupción divertida» puede ser saludable para padres y niños.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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