Los duelos y los apegos no son lo mismo. Hora de aprender a soltar los apegos para que los duelos sean más llevaderos.
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No Confundas El Duelo Con El Apego

No confundas el duelo con el apego

Con el paso de los años es muy común levantarte por las mañanas con algún tipo de dolama o dolor. Ya sea la espalda, las rodillas, las articulaciones o algún tipo de sonido raro que comienza a salir de alguna parte de tu cuerpo, te comienza a ser servir de recordatorio que el señor tiempo sigue su curso. Lo mejor que puedes hacer (o podemos en general) es tres cosas: cuidarse, hacer ejercicio y, en la medida de lo posible, aceptar que ya el paquete va a tener es asterisco o advertencia (en el caso de la edad).

No vengo a hablar del cuerpo. Ni soy médico, ni soy especialista en algo que pueda darte algún tipo de consejo o Tip para que puedas evitar, disminuir o hacer desaparecer estos achaques. Pero si vengo a hablar de algo que no tiene que ver con la edad, sino con la vida. La manera en que enfrentamos otro tipo de dolor, el emocional, que es producto de los duelos.

Esa palabra duelo, siempre me ha parecido curiosa, misteriosa, enigmática y hasta imponente. Es como si te dijera «algo requieres conocer», pero no te quieres acercar mucho al asunto. ¿Serena que de alguna manera tenemos que enfrentar el miedo a la muerte, la mortalidad o el que algo muera? O como las películas de suspenso o terror, que dices que la quieres ver, pero en ciertos momentos cierras los ojos (o te los medio tapas) como para que no te coja desprevenido el susto que viene. Pero eso no quita o cambia la escena que vas a vivir y el susto que te va a provocar.

En la vida real no es una película, ni tampoco un ensayo. Ocurre en tiempo real. Estés listo o no. Preparado o no. Llega la prueba y aunque podemos pensar que no estamos listo para enfrentarla, de alguna manera vamos aprendiendo qué si lo estamos o era inevitable la lección para vivir de otra manera. En pocas palabras…

…la lección llega no por lo que pasa, sino por lo que va a pasar a partir de ese momento.

Yo digo, y es mi opinión muy personal, que el ser humano siempre está ante la oportunidad de aprender a vivir sin algo. En todos los sentidos de la palabra. Así como en todos los aspectos de la vida. Todos los días tú puedes aprender a hacer algo «sin eso que crees que necesitas para hacerlo». Eso es parte del duelo o aprender a hacer las cosas porque algo muere o cambia de forma.

Acabo de regresar de estar de viaje en Puerto Rico por dos semanas. Una de las cosas que hice durante ese tiempo fue ver en qué condiciones me encontraba con respecto a ciertos duelos (pérdidas de personas) que había sufrido en estos últimos tres años. Pude hablar con mi padre sobre la muerte de mi mamá, desde su perspectiva como esposo y la mía como hijo. También platiqué con las esposas de dos grandes amigos que fallecieron durante este tiempo y escuchar cómo ha sido el proceso de continuar la vida, sin la presencia de sus esposos en su vida.

Escucharlos me sirvió para no sólo entenderlos a ellos, sino ver quién soy yo ante el dolor de las pérdidas.

Otra cosa que hice fue, darme cuenta cómo ha sido el proceso de cerrar y alejarme de ciertas personas que no aportan o agregan valor a mi vida. Algunas de estas personas las quiero mucho y ha sido un proceso de enfrentar el dolor mientras suelto el apego de «cómo eran o podrían ser las cosas». Trabajar con lo que yo he denominado, «mis expectativas ilusas», donde quiero creer en escenarios futurísticos y no poner los pies en la tierra. Mejor dicho, aceptar la realidad como es hoy y donde estoy yo parado ante ella.

La verdad es que hay muchos tipos de duelos. Un divorcio, una quiebra económica, la pérdida de un empleo, una mudanza, cambiar de país (pueblo o ciudad), cerrar un negocio, un cambio de religión, de estatus social, cambio de profesión, etc., son algunas de ellas. Todos son diferentes, así como el proceso de cada uno de muy personal. Ponerle tiempo o duración a un duelo es tan impreciso como pronosticar el tiempo hoy día. Cuando creen que va a llover sale el sol y cuando dice que habrá sol, llueve. No hay nada garantizado.

Yo he vivido todas las mencionadas. No soy el único que lo ha enfrentado. El punto al que quiero llegar es, no importa el duelo que estés viviendo, habrá ciertas cosas que serán puestas a prueba en el proceso. No importa la edad, credo, preferencia sexual. El duelo, más que poner a prueba tu capacidad de enfrentar el dolor y la pérdida, dice más en cómo te ves a ti mismo ante la vida. Y lo que requieres aprender para ti. Son lecciones pendientes.

Los duelos no discriminan.

Al contrario, vienen en todos los colores, sabores y para todos los tamaños. Yo digo que mucha gente espera hasta perder algo para prepararse en «cómo será la vida sin ello». ¿Porqué? Algunos van a contra atacar diciendo, «Jorge, no sabes cómo será la vida después, si toda la vida has estado al lado de alguien», como en el caso de mi papá. Si algo he visto, tanto en mi padre como las dos esposas de mis amigos y en mucha gente, es que comienzan a hacer cosas que nunca habían hecho, o tenían abandonadas. Algo muy notable, es que siguen dando a otros, cuidando a otros y dando lo que son al mundo. En algunos casos, lamentablemente, se cierran y no lo hacen. No juzgo, sólo comento.

Por eso los duelos son tan inexplicables. Yo digo que son oportunidades disfrazadas en capa de tristeza y gratitud. En muchos casos hay dolor, agonía, ira, frustración y un proceso de recuperación. Por otro lado, hay casos donde vive el agradecimiento, la gratitud, la conciencia y el entendimiento de que «era el momento o ya buscaban lo que sigue». Cuidado con confundir el proceso de duelo con el apego a los apegos. Buda dijo una vez: «no hay peor apego que el apego a las ideas».

«No es lo mismo tener conexiones profundas, qué tener apegos profundos».

El otro día me tropecé con esta frase en un meme en las redes y me dejó pensando. ¿Hasta qué punto lo que queremos, ya sea físico o material como emocional, espiritual o energético, comienza a convertirse en algo de lo que no queremos (o no aprendemos a) desprendernos. Nada es permanente, todo es transitorio. Las cosas, por más que las querramos, nunca serían nuestras. Son prestadas. Por un tiempo.

Sí, algunas cosas nunca las vamos a aprender a soltar hasta que no nos veamos sin ellas. Cuando la vida te arranque esa cascarita (costra) y te dejan la piel expuesta. El corazón partío y la vulnerabilidad expuesta. Pero hay cosas que podemos aprender ahora. De la misma forma en que te dicen «reconoce, valora y aprecia a la gente mientras están vivas, no esperes a que se mueran para empezar a hacerlo».

No esperes para empezar a aprender

Lo mismo sucede contigo mismo. Si eres de los que nunca has ido a comer a un restaurante sólo, viajar sólo o hacer cosas sólo, tengas pareja o no, hazlo. Claro que va a ser incómodo. Se siente raro. Vas a decirte por dentro «lo odio, lo detesto, no me gusta», pero de todas maneras tendrás que aprenderlo. A menos que te cierres, te emberrinches y vivas resignado o en negación el resto de tu vida.

Son muchas las cosas que viven ocultas detrás de los duelos. ¿Qué crees de ti, del amor, de la vida, de la muerte, de las pérdidas? ¿Qué puedes aprender de ti si realmente te das a la tarea de tomar responsabilidad por lo que no has querido afrontar de tu vida? ¿De qué cosas te has vuelto (o hecho) tan dependiente que nunca has mirado a ver cómo se siente hacerlo o enfrentarlo sólo? ¿Qué temores viven ocultos detrás de tu dependencia de otro que nunca has enfrentado por «no tener la necesidad»?

Este podría ser el momento ideal para preguntarte: si hoy enfrentara ________ pérdida, (ya sea económica, profesional, personal, física, emocional, etc.), ¿cómo lo vas a manejar? ¿Qué emociones tendrías que estar dispuesto a enfrentar, pero qué tendrías que aprender para que no te rebase el momento? Este ejercicio podría decir mucho te ti y de tus miedos. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Aprender a soltar tus apegos puede ser de gran beneficio a la hora de hacer tus duelos.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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