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Lo Que Te Mueve Puede Ser Lo Que Te Atora

Lo que te mueve puede ser lo que te atora

Al momento de que estés leyendo estas líneas, es muy probable que ya te hayas hecho docenas de ellas. Algunas te las haces pocas, rara u ocasionalmente. Otras son más frecuentes, recurrentes o cotidianas. Unas son más superficiales o «light», mientras otras son más perturbadoras o te inquietan. En algunas te detienes y le das un poco de cabeza o reflexión, mientras otro tanto de ellas las sigues relegando a «cuando tengas el tiempo o el espacio aéreo mental disponible».

Preguntas.

Todos nos las hacemos. Cada ser humano tiene las suyas. Algunas son Universales, no importa de dónde seas, provengas, credo, raza, religión, edad o estatus social. Otras son más pertinentes a lo que pasa, vives, enfrentas, superas o defines. El punto es no las preguntas que te haces, sino la atención y la manera en que las respondes (aunque sea a ti mismo).

Por alguna razón siempre he tenido una fascinación con las preguntas. Los que me conocen, y qué podrían pensar «porque fuiste alguna vez periodista», ya la tenía desde mucho antes. Es algo que traigo conmigo desde joven, ya en mi adolescencia. Todavía me acompaña. Ni les digo la cantidad de libros que he leído (y algunos que todavía tengo) sobre el tema.

Una vez alguien me dijo: «al hombre siempre lo han movido las preguntas. Durante muchos años las preguntas giraban hacia afuera. ¿Qué vive en el más allá? Era la época de querer conquistar el espacio. Luego vinieron las preguntas sobre lo que dábamos por sentado. ¿Qué es Dios? Hasta que ahora vivimos sumidos en las preguntas que invitan a mirar dentro. ¿Quien eres? ¿Cómo tu mente forma tu realidad? ¿Cuál es tu propósito?».

Yo no sé que preguntas te estás haciendo en este momento. Lo que no me cabe duda es que por lo menos van a girar en torno a dos aspectos: lo que pasa fuera de ti o lo que está sucediendo adentro en este momento. Segundo: vas responderla desde un mismo lugar y hacer lo mismo con ellas, o vas a darte el permiso de retar al que pregunta, desde dónde lo hace, las formas o comportamientos que practica para responderla y la manera en que vas a hacerla parte de ti y de tu existencia.

No vengo a decirte qué hacer o cómo hacerlo, con respecto a las preguntas que te haces, pero si voy compartirte algo. Lo que no funciona. Y cuando digo no funciona, no digo que esté mal, incorrecto o indebido, sino romper con el patrón de hacerte preguntas y hacer lo mismo con ellas. Por algo dicen: locura es hacer lo mismo y lo mismo y esperar un resultado diferente.

No es lo mismo solucionar algo que responderlo.

Todos queremos la solución, la que quite el dolor, alivie el estrés, borre la ansiedad, disminuya el temor a lo incierto o tener certeza. Bienvenido al planeta tierra y a ser un ser humano. El problema es que ya te has respuesta esta pregunta utilizando esta estrategia: «necesito dinero para resolver lo que traigo pendiente este mes y el próximo prometo que haré algo diferente». Aparece el dinero, sobrevives el momento, te alivianas y al siguiente mes (o a los pocos meses) vuelves al mismo patrón. Eso es enfocarte en el efecto.

Somos rehenes de la programación de sobrevivir. Después de que disminuya el miedo, peligro, temor, incertidumbre o te pueda exponer, todo vuelve a la normalidad. Y así también tu manera de pensar. Por eso el patrón se sigue repitiendo, porqué no has tenido que realmente enfrentar lo que duele, lo que crees o verle la importancia de realmente retar tus creencias.

Responder es trabajar con la causa. Con el origen. Es retar, sentir y atravesar el pensamiento que te llevó a aprender a reaccionar, a solucionar. Responder es tomar responsabilidad. Es mirar que el hábito que hoy tienes de solucionar no llegó a tu vida por accidente, sino para protegerte en algún momento de tu vida. (Empieza mirando tu crianza o los ejemplos de personas que estuvieron cerca de ti entre tu niñez, adolescencia o hasta en tus años de adulto). Cuando liberas eso, comienzas una verdadera transformación personal.

No todo se responde con «¿cómo lo hago?»

Si todas las preguntas se respondieran con el «cómo», ¿no crees que ya lo hubieses hecho? El problema es que mucha gente no quiere «hacer el cómo». Peor aún, sabe el cómo se hace, pero sigue haciendo lo que le da la gana, como le da la gana, cuando le da la gana y si tiene ganas o está de humor de hacerlo.

¿Qué tal sería responder la pregunta del «cómo se hace» con el «quién puedo SER en este momento»? Mucha gente lleva años haciendo «lo que debe hacer o como se deben hacer las cosas», sin embargo no obtiene el resultado, la satisfacción, el reconocimiento o la experiencia que quisiera obtener para el esfuerzo, entrega o compromiso invertido. Estas personas saben el cómo. Es por eso que esta respuesta (cómo), para este tipo de pregunta (cómo), no produce nada nuevo o diferente, sino frustración, enojo, incredulidad, escepticismo o resignación.

Tal vez la pregunta no tiene que ver con lo que haces, sino quién eres en lo que haces. Maneras de SER como empatía, humildad, escuchar, paciencia, aceptación, apertura, riesgo, confiar, creer, pasión, amor, etc., pueden ser puertas que abran nuevas respuestas. Si la acción no ha producido el resultado, las maneras de SER puedan ser una nueva posibilidad. No hay garantías en la vida, pero si ya crees que lo que hiciste no va a cambiar nada, puedes dar por seguro que vas a morir «con la razón, pero no con el resultado».

Reta la premisa, creencia, la base, el origen o el propósito de la pregunta.

Mucha gente cree que una vez se soluciona el problema o la pregunta, todo se acaba. No, es algo pasajero o temporal. En el campo del desarrollo de consciencia o crecimiento personal dicen: «si se sigue repitiendo el mismo tipo de evento (situación, relación, problema, tipo de persona, patrones de comportamiento, etc.) es por qué no has aprendido la lección».

Cambia el «¿porque me pasa esto? por él, ¿para qué me pasa o qué me está enseñando este suceso o evento?» Al mirarte como causa «para qué», retas tus creencias, tu manera de verte y ver las cosas. Si no acabas de darte cuenta que eres parte del problema, nunca vas a ser parte de la situación. Si crees que el problema es tu pareja (o ex), el dinero, el tiempo, tu familia, tu trabajo, etc., todo está fuera. Eso no vas ni a controlarlo o cambiarlo. Sólo vas a seguir reaccionando y siendo víctima de ello.

En el momento en cambias tu perspectiva de la pregunta y te conviertes en la causa o el origen, ya comienzas a ver otra cosa. Tú tienes el poder de elegir cómo responder a la situación. En el momento en que haces esa elección, vas a comenzar a descubrir y ver nuevas posibilidades. Eso nada mas comienza un proceso de liberación. No eres rehén de lo externo, ni de tus creencias, ni de los hechos. Puedes comenzar a interpretar las cosas de otra manera y eso te permite «descubrir que las respuestas están dentro de ti».

Eso no quiere decir que ahora «que sabes la respuesta», tienes que hacerlo sólo. Ahí puedes darte permiso a SER de nuevas formas. Puedes aprender a pedir apoyo, trabajar en equipo, comunicar, poner límites, definir lo que quieres (o no quieres), pedir, declarar y muchas otras cosas que no te habías permitido por seguir haciéndote la pregunta desde el mismo lugar.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Las preguntas que te haces no son el problema, sino la nueva oportunidad en cómo te las respondes.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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