Todos queremos algo. El problema es que no estamos dispuestos a perder nada en el proceso. Aquí 3 preguntas que mereces considerar.
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Las Pérdidas Que Elevan Tu Vida

Las pérdidas que elevan tu vida

¿Qué tu quieres? Esta pregunta puede ser el «ábrete sésamo» para algunos, o puede ser una tortura para otros. Algunos saben lo que quieren y están dispuestos a pedirlo. Otros no saben lo que quieren o tienen miedo a pedirlo. Y están los que nunca han pedido o nunca se han detenido a pensarlo. ¿Dónde estás tú?

Todos queremos algo. Ya sea física, mental, emocional, espiritual, económico, personal, profesional, salud, familiar o de cualquier tipo. Hasta los que dicen que no quieren nada quieren eso. Nada. Que todo permanezca igual, sin cambios o bajo su control. Así que todos estamos en el mismo bote. Queremos algo.

¿Qué tal si esta pregunta no tiene que ver con algo en específico o un área de tu vida? Tiene que ver con algo mucho más grande. ¿Qué tal si el que quiere algo es «tu vida» y no meramente quieres «algo en tu vida»? Puede ser que el llamado sea mucho más grande. Es alterar el giro de tu vida, no meramente algo en ella. Tal vez es algo que crees que ya no puede darse o manifestarse, pero tu ser lo ansía y no puedes callar esa voz interna por más que lo intentes. El problema no es quererlo, sino estar dispuesto a hacer algo por ello. Y lo que eso implica.

¿Qué estás dispuesto a perder?

Anoche platicaba con un grupo de líderes sobre el tema de las pérdidas. Como bien dice el refrán: «el que no pierde, no gana». El dilema es que hemos colapsado tres aspectos que tienen elementos en común, pero nuestra mente los convierte en una sopa que no distingue. No es lo mismo perder algo, que fracasar o tener claro lo que son pérdidas. Hoy vamos a enfocar en las pérdidas, lo que es innegable que tenemos que estar dispuestos perder si queremos obtener algo que no tenemos.

En un momento dado pregunté, ¿qué llega a tu mente cuando escuchas la palabra pérdida? Fue interesante como la primera reacción de varias personas es mirar lo negativo, lo doloroso, lo que buscamos evitar. Luego de explorar un poco más la pregunta, y escuchar sus respuestas, comenzaron a ver que esta palabra puede tener tanto algo positivo como negativo. El problema es que nuestra mente está programada a mirar primero lo negativo y eso tiene un impacto en tu manera de procesar información y de hacer algo con ella. Lamentablemente, ahí se fermenta el miedo.

Tres preguntas

La plática giró alrededor de tres preguntas. El objetivo era estar dispuesto a ser lo más honesto, abierto y dispuesto posible para que pudieras ver algo desde otra perspectiva. Vivimos tiempos donde es bien fácil, y conveniente, quedarte sumido en un estado mental, una especie de círculo o «loop» donde podemos quedarnos dando vueltas en el mismo lugar.

Antes de entrar a las preguntas, es importante que tomes en cuenta el punto principal. ¿Qué hoy quieres manifestar en tu vida que no se ha manifestado? Puede ser algo del mundo material, como del mundo emocional o espiritual. Es vital que identifiques algo que sabes que quieres que en ese momento, no importa si lo has intentado mil veces o ninguna, es algo que sabes profundamente que deseas en tu vida. Si no estás dispuesto a hacerlo, no sigas leyendo, ya que lo único que haces es poner a prueba al mundo y no a ti. Se trata de retarte, incomodarte, sacarte de tu mente o de tu zona de comfort.

¿Qué has perdido durante esta pandemia?

Esta pregunta la puedes mirar de manera superficial y obvia o puedes echarte un clavo y ver lo profundo y lo que tal vez no tomas en cuenta como una pérdida. Si defines pérdida como algo que hoy no tienes, algo que restaste de tu espacio, algo que dejó de existir o es menos, puede tomarse en consideración muchas cosas.

Están las pérdidas que pueden verse o cuantificarse. Si has perdido personas por el COVID, por enfermedades o por muerte súbita, esa son pérdidas. Si has perdido ingresos, trabajo, relaciones (por separación, distanciamiento, traición, desilusión o cualquier otro motivo), clientes, libertad, capacidad de expresión, espacio para moverte o habitar, tu casa o departamento, todo eso son pérdidas.

Otro tipo de pérdidas son las que hoy tal vez te pesan. ¿Has perdido tu claridad, tu dirección de vida, tu certeza, tu manera de moverte en la vida? El otro día le pregunté a una amigo: ¿qué te cuesta más hoy día creer o confiar en la gente? También hay pérdidas buenas. La pérdida de peso, de haber sacado personas de nuestra vida (pérdidas necesarias), de haber aprendido a verte (y la vida) sin ciertas cosas.

¿Qué no has estado dispuesto a perder que deberías considerar perder si quieres avanzar en tu vida?

Esta pregunta, igual a la anterior, se puede responder de manera general con palabras que representan mucho, pero dicen poco. Mucha gente lo primero que dice es: perder el miedo o salir de mi zona de comfort. Eso no dice nada. Eso ya tú lo sabes hace mucho tiempo. Este es el momento de realmente mirar con detenimiento, profundidad y honestidad lo que realmente te pide tu vida que pierdas si quieres ganar lo que quieres.

Cuidado con decir «el miedo al fracaso». ¿Porqué? Mucha gente suele mirar ese miedo para no mirar con detenimiento algo más profundo. Por ejemplo, el creer que no merece tener éxito. Aquí es donde te invito a mirar qué lleva diciéndote tu vida hace rato. Anoche le comentaba a una persona, si ahora mismo las 3 decisiones más importantes que no has tomado en tu vida por duda, temor o falta de certeza, se apareciera un genio y te dijera «todo va a salir bien, no te preocupes por nada», ¿cómo te sentirías de tomarlas y de vivir con el resultado? Palabras como «confiado, seguro, determinado, merecedor» fueron escuchadas. Esa es la verdadera respuesta. No es miedo, sino desarrollar esas maneras de ser.

Hasta que no estés dispuesto a perder esas partes de ti que ya no te sirven para la vida que quieres construir, seguirás viendo las cosas a futuro o a la suerte. O vas a orarle a tu deidad pidiendo «qué te de algo que tu mismo sabes que no estás trabajando para que pase». Nadie te dará nada que tú mismo no estés dispuesto a hacer por ti mismo. ¿Qué tal si el problema no es que dejaste ni de creer o de confiar en la gente, sino en ti mismo?

¿Qué tendrías que estar dispuesto a perder, arriesgar o matar (simbólicamente) para comenzar a vivir la vida que mereces, con o sin Pandemia?

Esta última pregunta sacó cosas profundas a varias personas. En esta respuesta vive algo que no tiene que ver con dinero, tiempo, pandemia, circunstancias o cualquier otra excusa que te hayas inventado (y comprado). Aquí la pregunta tiene que ver con una sola cosa: tomar una decisión. No mañana o pasado. Sino ahora. El primer paso es el más importante. Ese paso es el que tu ser añora, espera.

Aquí es donde matar el orgullo, la soberbia, el no merecer, el no poner límites, la indecisión, el posponer, la inseguridad, el no atreverte o tomar riesgos o cualquier creencia u obstáculo auto impuesto (e inventado) deja de ser la muralla. Sabes que la verdad no puede seguir oculta, escondida o reprimida. Aquí es donde él no creer en ti, el no ser suficiente o el no merecer pierden poder y algo comienza a despertarse o levantarse en ti. Esa pequeña llama pide tu atención. Que le des oxígeno, aire para avivarse y mostrar un nuevo camino.

En el momento en que tomas la decisión, la que viene de adentro, la que es de verdad, algo sucede. Ahí comienza un antes y un después. Tal vez no tienes ni puta idea de qué hacer, por dónde empezar o los pasos a tomar, pero con esa decisión tomada, todo comienza a moverse. Si la decisión es genuina, comienza un periodo de apertura, de estar dispuesto a preguntar, a aprender. A saber que no puedes hacerlo solo o cómo siempre has querido hacerlo. Comienzan a aparecer maneras de ser que han estado dormidas o latentes en ti, así como personas llegan a tu vida para acompañarte en este nuevo proceso. Ahí la pregunta de ¿qué tu quieres? comienza a darle forma a tu vida y no meramente a un deseo. ¿Qué vas a hacer al respecto?

El que quiere ganar tiene que estar dispuesto a perder. Aquí tres preguntas a considerar.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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