Ayer visité un amigo que tenía abandonado. Alguien sugirió dos cosas. Una de ellas me liberó de muchas cosas. ¿Qué harías tú?
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Una Estrella, Un Cuaderno Y El Principito

Una estrella, un cuaderno y El Principito

Ayer fui a visitar a un amigo muy importante. Uno que tenía olvidado. Podría decirse, que hasta cierto punto, abandonado. No lo veía desde hace mucho tiempo. Es más, no puedo recordar la última vez que lo visité. Y lo más interesante de todo, es que la visita se dió porque alguien me lo sugirió sorpresiva e inesperadamente. Fue algo que se dió en el momento, de manera orgánica. ¡Qué bueno fue escuchar y hacer algo con la sugerencia!

En todos estos tiempos de aislamiento, de restricciones y de retos emocionales, mentales, espirituales y energéticos, sin olvidarnos de todos los que entran en el plano material, es fácil pasar por alto las visitas que debemos tener presentes. Yo la di por sentado. Asumí que atendiendo lo importante, como mis hábitos espirituales, de desarrollo y crecimiento personal, de trabajo y de estar al pendiente de personas importantes de mi vida, de alguna manera sería un sustituto a esta visita.

No lo fue. Tenía que darse el encuentro. No meramente físico, sino emocional y de conexión. Sentir cómo estaba mi amigo. Escuchar a mi amigo. Saber qué estaba pasando en este momento. Qué había pasado desde nuestra última plática. Cómo estaba procesando lo sucedido y qué cosas tal vez debería tomar en cuenta.

Como toda visita en estos tiempos, comenzó con esa distancia que se ha hecho evidente hoy día. Por un lado el deseo de ver a alguien y de estar cerca de esa persona, pero con la duda de lo puede pasar. ¿Como reaccionará? ¿Qué pasará? ¿Cómo se sentirá al verme después de tanto tiempo? ¿Qué ha pasado desde la última vez que nos vimos y cómo se sentirá de que no lo busqué en tanto tiempo?

Del frío al calor

Reconozco que al principio me costó conectarme. Fue algo más mental, pensado y sin mucha fluidez. Era volver a recordar momentos vividos, tanto buenos como tristes. Hubo un momento donde volvimos a una experiencia vivida hace cerca de 50 años. Sí, un momento que los dos recordamos claramente que tocó algo muy profundo en ambos. Un momento donde nos sentimos humillados, menospreciados, desvalorizados, no escuchados y pequeños.

Fue un momento que se quedó en los dos y los marcó de alguna manera. Para uno marcó la manera en que empezó a verse a sí mismo. Fue como un anuncio, una advertencia y una huella que definió mucho de los rumbos que tomó en su vida. Para el otro, fue mirar la manera en que recorrió esos caminos y el impacto que tuvo en su vida el haberlos recorrido con ese sentimiento, con esa creencia.

Lo que rompió el hielo, si queremos llamarlo de alguna manera, fue algo muy importante que me dijo la persona que sugirió la visita. Me dijo: «llévale unos regalos. Cosas que sólo tú sabes que son valiosos, importantes y significativos. Regalos que van a servirle a ese amigo y que van a darte un mensaje a ti».

¿Qué regalos tienes para darle a tu amigo?

«Una estrella. Para que nunca olvide varias cosas: que siempre tiene un luz propia que nadie puede apagar. Esa luz que si entra en contacto con ella, le servirá para saber hacía dónde va y quién es. Una estrella para que sepa cuán grande, importante, valioso y que tiene una presencia en el mundo y en el Universo».

«Un cuaderno. Para qué escriba. Para esos momentos donde se va a sentir solo, aislado, perdido, confundido y hasta son el apoyo de los que quiere o espera que lo apoye, puede escribir su historia. Puede decir lo que cree, lo que piensa, lo que siente, lo que sueña, lo que quiere y, más importante, pueda aprender de su historia. Las páginas donde escribirá su historia, su camino y pueda aprender de ello».

«El cuento del Principito. Unas páginas donde pueda aprender tres cosas: lo lindo que es soñar, lo importante que es amar y crecer y el tener una historia cerca del corazón para los momentos en que sienta que las fuerzas no te alcancen. Para esos momentos cuando te sientas rebasado, donde te dijeron que no eras capaz, no eres suficiente y no valías nada, puedas ver que vive en ti una esencia intocable, pura, genuina, inocente y que puede alcanzar lo inalcanzable».

Un momento de sanación

Mientras le daba los regalos a mi amigo y le decía lo que significaban, fue inevitable sentir un profundo dolor y inmensa liberación. Dolor de no haber tenido esta (y otras pláticas) mucho antes o más a menudo. Un dolor de algo que los dos cargábamos desde hace mucho tiempo, que nos afectaba a los dos, pero no habíamos sacado el momento para liberarlo. Lloramos mucho, nos contuvimos juntos. Volvimos a mostrar una sonrisa que nacía del corazón, no sólo de la alegría y la gratitud del momento. Yo me volví a comprometer con mi amigo.

A escucharlo, a visitarlo, a conectarme con él. A no dejarlo sólo, mucho menos abandonado. Hacer espacios, tiempos y seguir viendo cómo sigue su rumbo por la vida. Porque nuestros rumbos siempre van a estar conectados. Mi amigo por su parte, con su mirada, me lo dijo todo. Lo feliz que se sentía de que lo visitara. Que lo escuchara y que le dijera tantas cosas que eran importantes para los dos. Su sonrisa y su alegría lo decían todo: el lazo, la conexión se había vuelto a restablecer y ahora era sólo cuestión de cuidarla y tenerla presente.

Gracias Georgie, ese amigo de siete años que hacía mucho tiempo no visitaba, escuchaba, sentía y conectaba. Un amigo que hoy tiene mucho que ver en quién me he convertido y en quién me puedo convertir. Un ser que está íntimamente ligado a todo lo que hoy vivo y cómo lo veo. Fue una visita inesperada, pero necesaria. Liberadora, reveladora y que haré con más frecuencia de aquí en adelante. Gracias por recibirme, por estar dispuesto a decirme «te esperaba y somos mejores si vamos juntos por la vida». Nos despedimos, pero no nos desconectamos. Está en mi manos tenerla presente.

el día del niño y su vida - JorgeMelendez.com.mx
Ayer fui a visitar a un amigo que tenía abandonado hace mucho tiempo. El niño de siete años que vive en mi.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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