Todos queremos crecer. Hay un elemento indispensable que mucha gente evitar y por ende no crecer. Hora de hacerte amigo de él.
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La Torpeza Y El Proceso De Crecer

La torpeza y el proceso de crecer

Yo estaba determinado a aprender artes marciales. Específicamente karate. El haber visto varias películas de Bruce Lee me habían dejado una huella imborrable. Quería imitar sus gestos, sus fluidez, su mirada, su sabiduría, pero sobretodo, su habilidad de poder moverte a través de diferentes situaciones, con la gracia, seguridad y la absoluta confianza que podías manejarla.

Recuerdo que lo primero que hice fue pedirle a mis padres que me regalaron un «gi» (lo que usan los karatekas), me hice unos «nunchakus» (palitos de karate) y comencé a entrenar por mi cuenta. Todas las tardes me iba al patio a hacer ejercicios para comenzar a ganar fuerza, flexibilidad y confianza. Era sacar una hora de mi tiempo luego de salir de la escuela, poner mi «gi», sacar mis improvisados «nunchakus» y pensar por unos minutos que «yo sería el próximo Bruce Lee».

El sueño y el camino a lograrlo

Una cosa es el sueño, tener la visión y comenzar a caminar hacia él, otra cosa es el proceso y todo lo que vas a enfrentar en el camino para, por lo menos, acercar a lo que quieres. Jamás olvido algo que hacía como parte de mi entrenamiento (que lo había visto en una de las películas de Lee), era elevar una de mis piernas con una cadena de perros hasta elevarla lo más alto y dejarla ahí por unos minutos para poder alcanzar un grado de flexibilidad.

En un acto de atrevimiento, ignorancia y de no conocer mi capacidad física en ese momento (yo tendría unos 9 a 10 años y era muy flaco – delgado), jalé la cadena tanto que perdí el balance y quedé como un péndulo en el aire. No podía soltar la cuerda porqué se quedó trabada y no podía bajarme ya que mi pierna estaba sujetada por una cadena y con un agarre en mi tobillo. Imagina ver un péndulo humano. Ese era yo en ese momento. Primero me asusté y luego comencé a reírme por la torpeza. Como dicen, «la ignorancia es atrevida».

La torpeza y el crecimiento

Mi hermana Laura escuchó mi reacción inicial de susto. Salió al patio pensando que algo me había pasado. Al verme colgando del poste de tener la ropa, con mi pierna en el aire y yo oscilando como un péndulo lo que le provocó fue risa. Ahí empezó como toda hermana a negociar con su aire humorístico. «Ah, ahora necesitas? Qué vas a hacer por mi si te ayudo a bajarte?» Entre risas, me ayudó y logré bajarme.

El punto de la historia no es querer ser Bruce Lee ni querer imitarlo. Es aprender a aceptar la torpeza como parte del proceso de aprender y crecer. Nunca me convertí en la segunda encarnación de Bruce Lee, ya que no tomé tan en serio el sueño de las artes marciales, ni la disciplina que conlleva para lograrlo. Lo qué si me dejó como lección muy valiosa para mucho en la vida fue aprender a tomar la torpeza como parte del proceso de aprendizaje y crecimiento.

El aprendizaje y la educación

Al estar expuestos y ser parte de un sistema de educación donde la gente muchas veces se burla del que se equivoca, del que no sabe, del que no da la respuesta correcta o del que no luce bien (por no decir perfecto) al momento de hacer las cosas, mucha gente prefiere nunca trabajar con sus talentos. Mucho menos con sus áreas de oportunidad. Todavía hoy mucha gente piensa «no quiero hacer el ridículo» y por eso nunca ve las cosas como un proceso, sino como una línea corta donde no existen las equivocaciones, las torpezas, el no saber y donde jamás ni nunca se puede mostrar un grado de vulnerabilidad.

Escribo estas líneas porque mucha gente cree que lo mucho que ve, especialmente en las redes sociales, es un producto terminado «perfecto». No ven las caídas, las frustraciones, ni las torpezas. En fin, no ven el proceso de crecimiento para llegar a donde muchos hoy están. En los pasados tres años he cometido innumerables torpezas en mi proceso de aprender a escribir. He recibido críticas, he llorado, me he sentido perdido y he sido vulnerable y me he quedado oscilando como un péndulo (esta vez no en un poste de tender ropa), sino en mi mente.

La torpeza es parte del proceso

Todo lo que vale la pena en esta vida de alguna manera envolverá aprender y crecer en ello. Especialmente, si es un sueño, una meta o un logro que vale la pena. Va a conllevar sentirte como un ignorante, un principiante, un aprendiz. Vas a tener gente que va a darte retroalimentación (alguna honesta y otra puro juicio ignorante), vas a tener gente que se burle de ti (algunos nobles como mi hermana y otros no muy bien intencionados) y, sobretodo, vas a ser torpe. No lo evites, es parte del proceso.

Dicen que aprender algo es inevitable, cómo lo haces es opcional. Oscar Wilde decía: «la vida es demasiado importante como para tomarla demasiado en serio». Empezando por ti mismo. Aprender a reírte de ti, especialmente cuando estás en un proceso de crecimiento y aprendizaje es vital. Cada vez que cometo una torpeza, especialmente en las cosas que estoy aprendiendo ahora (como escribir), me acuerdo de ese niño de 9/10 años colgado de un poste de tender ropa con su «gi» puesto que deseaba ser Bruce Lee, me río y digo, «es parte del proceso». ¿Qué vas a hacer para reírte de tus torpezas y no criticarlas o juzgarlas?»

NO TE TOMES DEMASIADO EN SERIO: El 28 de junio comienza «Básico 2.0». Un proceso donde vas a reclamar tu poder, desarrollando tu capacidad de hacer DISTINCIONES PODEROSAS. Trece módulos, uno por semana, donde vas a trabajar con esa habilidad que te permite ver, enfrentar y crecer de lo que vives todos los días, en todos los aspectos de tu vida y llevar tu vida al siguiente nivel. Este es el momento de darle presencia a la habilidad más importante que puedes desarrollar para obtener resultados extraordinarios. Cupos limitados y para los primeros quince que tomen acción en o antes del 15 de junio, tendrán 2 por el precio de 1. Más información en: https://jorgemelendez.com.mx/basico-2-0/.

La torpeza es parte de todo proceso de crecimiento. Aprender a reírte y ser amigo de ella es vital.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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