La Copa, los rituales y lo que hay detrás de ellos
¡Qué fascinante es ver la manera en que los eventos sociales, y en este caso mundial, muestra algo muy particular de toda cultura! En este caso, la mexicana, de la que he sido un observador de primera fila al ser residente de este hermoso y singular país desde hace quince años.
La Copa Mundial tiene a todo el mundo soñando. ¿Y sí sí? Cada vez que hay un partido puedes notar algo que hace ya sea cada persona, grupo, familia, comunidad o ciudad. Desde la camiseta, el maquillaje, los sombreros y las banderas, hasta la música, el festejo, el lugar y las acciones que se llevan antes, durante y/o después del partido. Y eso se puede notar de cada país que participa en la Copa, sólo que por estar en México es claramente evidente.
Hablemos de rituales. Y cuando me refiero a rituales, hablo de todo tipo. No lo limitemos con lo que mayormente solemos asociarla la palabra. De cierta manera, como seres humanos, somos producto de los rituales que hemos aprendido a través de generaciones. El impacto de los rituales es incalculable. Sirven de guía, referencia, aprendizaje y sostén para que las nuevas generaciones (los jóvenes). Es una manera de asentar su presencia, su liderazgo y su valor en el mundo. (Si algo he visto, aprendido, vivido y experimentado es que en México hay muchos rituales).
En mi casa, durante mi infancia y adolescencia, habían muchos rituales. Algunos que me encantaban y otros con los que me sentía obligado a hacerlos. Por ejemplo, las horas de comer solían ser las mismas, tanto para el desayuno, el almuerzo y la cena. Y, especialmente la cena, todos se sentaban a la mesa al mismo tiempo. Después de cenar, mi padre era el encargado de lavar los platos ya fuera junto a alguno de mis hermanos o hermanas. (Tal vez por eso me encanta seguir haciéndolo a mis 62 años).
Todos los domingos, se iba a la iglesia a misa. Ciertos días de la semana se hacía limpieza y todo el mundo tenía ciertas funciones (dado a que somos seis hijos). También podía observar ciertos rituales personales que tenía mi mamá y mi papá, tanto de higiene, cuidado personal y de interés personal.
Todavía hoy mi amado padre, a sus casi 97 años, todas las mañanas hace un crucigrama y una sopa de letras. Es algo que admiro, ya que usa su mente, su cerebro y la neuro plasticidad para cuidar su claridad y salud mental. Hasta le entró por un tiempo al Sudoku. Por las tardes camina por lo menos 20 minutos en la terraza de la casa de mi hermana para mantenerse activo, saludable, mover su metabolismo y su sistema circulatorio.
Una de las cosas que mas estamos perdiendo como sociedad, es la reducción, carencia, ausencia o falta de rituales. Y eso tiene un gran impacto en muchas componentes de lo que es parte de la comunidad, que eventualmente, es parte de la sociedad. Entrar en el detalle de todos los rituales sería una serie de blogs y no meramente uno. En lo que más quiero enfocarme es en el impacto que esto tiene en los niños y jóvenes. Ese eslabón que conecta a los adultos con la juventud y lo que, eventualmente, es la nueva generación.
Es evidente la manera en que como sociedad hemos perdido fe y/o confianza en muchas instituciones sociales. Ya sea la iglesia, el gobierno, la familia, la educación, los medios, la salud social o la economía no representan los mismos ideales que una vez teníamos en ellos. Unido a la pérdida de valores, particularmente por figuras de autoridad o liderazgo en estas áreas, ha provocado un vacío en la transferencia de rituales (o la creación de nuevos) a los que van a ser el futuro.
Cuando se pierde el sentido de propósito, claridad, transparencia o autenticidad por la que algo se hace, no sólo provoca un sentido de desconfianza, desesperanza, desilusión, tristeza, sino que ese espacio que había para el ritual (o rituales) se llena con otra cosa. Y ahí es donde tristemente, hemos ocupado el espacio de esos rituales con otros que no tienen un propósito o sentido que le dé un significado a la vida o para lo que estamos aquí. (Rituales que van de la mano con el consumismo, la era tecnológica en la que vivimos, la desconexión emocional, el aislamiento o pérdida de habilidades sociales y/o gregarias que poseemos como seres sociales, etc.).
Ahora, cuando pasan eventos como la Copa Mundial o, lamentablemente, suceden cosas terribles (como el terremoto en Venezuela), vemos cómo ciertos rituales dicen lo que realmente queremos. Buscamos «conexión, unión, hermandad, amor, un sentido de propósito, sentirnos escuchados, estar en familia, que pertenecemos, que podemos, que somos capaces, que hay suficiente, que no somos olvidados, que vale la pena soñar y mucho más».
Los tiempos cambian. Las instituciones tal vez no van a ser lo que una vez fueron. Tenemos el derecho, el libre albedrío y la capacidad de elegir con pensamiento crítico la manera en que vamos a relacionarnos con estas u otras instituciones sociales. El punto aquí es, como me lo dijo un chamán hace muchos años en un retiro de un fin de semana.
«Cuando liberamos un espacio que ocupábamos que poseía cierta emoción o valor, requerimos ocuparlo con algo con una energía o vibración mayor. Si liberas odio, tristeza o dolor, requieres llenarlo lo antes posible con alegría, entusiasmo o amor. De lo contrario, lo vas a volver a llenar con la misma energía que ya tenías ahí por qué es lo que sabes hacer». Hemos sido buenos en eliminar muchos rituales por haber perdido la fe, la esperanza o habernos dejado el «corazón partío», pero no lo hemos ocupado con algo de igual o mayor valor.
Tal vez por eso los rituales que todavía hoy mantenemos vivos y seguimos practicando, un cumpleaños, una boda, un bautizo, un funeral, una feria, un evento, un desastre, fin de año, Navidad, o la Copa Mundial, dicen algo. Eso que estás implícito detrás del ritual. Lo que realmente queremos, no lo que necesitamos. Lo que merecemos y no tenemos qué demostrar o convencer. Eso que nos une, nos conecta y lo que todos queremos: amar y ser amados.
Tal vez la vida, en este momento en particular de la historia, nos está diciendo algo. Es el momento de crear rituales. Que no dependan de las instituciones o de los eventos, sino de nuestra creatividad, nuestra esencia, nuestro sentido de propósito y de lo que queremos dar a los que tenemos a nuestro alrededor y van a quedarse cuando ya no estamos aquí. ¿Y sí sí?
¿Qué vas a hacer al respecto?

