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Amigos: ¿quién Da Y Quién Quita En Tu Vida?

Amigos: ¿quién da y quién quita en tu vida?

«¿De verdad valió la pena? ¿Fue otra oportunidad desperdiciada o en vano donde termino pagando los precios más altos? ¿Todo lo que sacrifiqué fue para terminar con este resultado? ¿Quién va a creer en mi después de todo esto? Nadie va a entender lo que se siente, lo que se padece y lo difícil que es todo cuando vives una caída o un fracaso. ¿Volver a empezar? ¿Qué hacer ahora?»

No se tú, pero cuando la vida te pone a prueba, estas son algunas de las cosas que pasan por mi cabeza. Y muchas otras más. Esto es algo que he vivido muchas veces. En el amor, en los negocios, con mi círculo social, hasta con la familia.

La desilusión, la desesperanza, la decepción o él simplemente saber que no funcionó algo que era importante para ti, deja muchos sinsabores. En el corazón. Heridas frescas, otras viejas y hasta las que pensabas que ya se habían curado, se conjugan para despertar un torbellino emocional que trastoca todo tu ser y tu existencia.

Todo lo que era un supuesto orden mental entra en shock. Aquello que pensabas que era «la fórmula», «la manera», «la idea ganadora», «el más grande sueño» o «esa pareja para toda la vida» se derrumba, se hace pedazos o simplemente desaparece. Lo único que se aprecia es como una neblina o la aparente pérdida de color de muchas cosas. Cuestionas todo, señalas todo, juzgas todo, pero no alcanzas a ver que todo lo que ves fuera, es simplemente algo que no alcanzas a ver dentro. Hasta ese momento.

Ni hablar de los campos de energía o espirituales. Hay una especie de ambivalencia. Por un lado se inunda el sistema de energía. Picos y valles que aparecen y desaparecen como los avisos de un huracán que parece inevitable que llegue, pero no acaba de tocar tierra. En lo espiritual es como descender de un espacio y sentirte que quedas atrapado en un lugar donde habita mucho ruido, mucha gente y muchas cosas, pero lo que alcanzas a experimentar es un sentido de desolación.

Aparecen tres amigos inseparables en esos momentos. La soledad, el sacrificio y el sufrimiento. ¿Qué tienen en común los tres? Se nutren mayormente del ego. Especialmente, la manera en que los interpretamos y el poder o energía que le damos. Como diría Simon Sinek en su libro de «El Juego Infinito». «Somos jugadores finitos en un juego que es infinito. Confundimos la temporalidad de nuestra existencia con las normas, condiciones, reglas o expectativas que otros dicen que define nuestra presencia o valía en este mundo».

Una cosa es estar solo y otra cosa es sentirte solo. Tú puedes estar rodeado de gente y sentirte la persona más sola del mundo. Por otro lado, puedes estar sólo contigo horas un día o hasta un fin de semana, y sentirte conectado con todo. ¿Cuál es la diferencia? Saber que estar conectado es un acto consciente que requiere práctica. Le damos tanto poder, energía y atención a lo externo, que olvidamos, nos desconectamos y desconocemos lo que esta pasando dentro. «Tenemos miedo de mirar lo que pasa dentro de nosotros mismos», dijo Sócrates en la película de El Camino del Guerrero.

Esta ignorancia, desconexión y hasta evasión con nuestro mundo interno es lo que nos lleva a temerle a la «soledad», cuando en realidad a lo que le tememos es a descubrir que somos más que una mente, que un cuerpo y una serie de emociones o sentimientos. Al no querer trascender nuestra humanidad, pagamos el precio de vivir un purgatorio: la ilusión de la desconexión que impera en tu mente y te compras el cuento de «estar solo».

No bien tu ego completa la primera tarea de hacerte creer que «estás solo», ahí llega la bola de sentimientos que nunca identificamos, pero le tenemos un nombre muy común. Sufrimiento. Ahí empieza a formarse el huracán, la tormenta, el diluvio o el drama de tejer una historia que te presenta como «el sufrido, al que le hicieron, lo injusto que es la vida, lo que pudieras, hubieras o supieras haber hecho, esto no lo vuelvo a hacer» o «¿porqué me pasan estas cosas a mi?»

Y qué mejor manera de darle poder, fuerza, energía y permanencia a esta historia que llamar al amigo que falta. Los sacrificios. Ahí tenemos la lista de cosas. Desde las que duelen de verdad hasta las que son importantes hacerles ver a la gente para que sepan «qué te hicieron» o «que te costaron mucho». Ahí comienzas a decir cosas como: «todo lo que hice o sacrifiqué por ti o por esto», «nunca valoraron todo lo que hice», «se aprovecharon de mi», «algo me lo decía o yo siempre lo supe que esto pasaría», etc.

Toda esta historia para sostener el sufrimiento, los sacrificios y la soledad. Nadie ha vivido lo que tú has vivido. Ni de la manera en que has tenido que enfrentarlo. Todo para darle poder a tu ego y terminar como la víctima.

A menos de que llames a otros tres amigos que pueden hacer algo por ti y de toda esta situación. La superación, la sanación y la sabiduría. Eso sí, esta trilogía aparece para sacudirte y darle un sentido nuevo y diferente a todo esto. Eso va a implicar varias cosas.

Sanar implicar enfrentar las heridas y liberar el dolor. Todo proviene del amor y para que este pueda crecer, implicar sentir el dolor que no te permite crecer en el amor. El sufrimiento, el odio, el resentimiento, el rencor y hasta la indiferencia son manifestaciones donde el amor no crece por estar estancado en formas de pensamiento que sólo perpetúan tu ego y tus miedos.

Superación es «el acto de hacer algo mucho más grande, elevado o valiente de lo que te mantiene en un plano o nivel más bajo». (Aquí mucha gente cree que el orgullo, la soberbia, la prepotencia o la indiferencia es la solución y no lo es). En pocas palabras, superar es atravesar los sentimientos que te mantienen paralizado, estancado, detenido o en tierra para que puedas recuperar tus alas y hacer lo que viniste a este mundo a hacer. Volar. Ser libre.

El superarte de algo es aprender a tomar responsabilidad de lo que pasó. No es culparte, ni tampoco seguir culpando al otro. Es mirar cómo causaste lo que pasó (qué permitiste, no dijiste, no te atreviste, no pusiste barreras, complaciste, confiaste ciegamente, no cuestionaste, tal vez provocaste, no valoraste o nunca comunicaste lo que realmente pensabas, sentías o creías mientras pasaba). No es preguntarte ¿por qué me pasó esto?, sino ¿para qué me pasó?

No es cambiar el hecho, sino elegir otra forma de verlo. Sí, es incómodo, en ocasiones doloroso, requiere cambiar tu mentalidad y hasta alterar tu manera de comunicar las cosas (especialmente a ti mismo). Es darte cuenta de que cada vez que pasa algo en tu vida, tu tienes dos opciones: reaccionar y documentar las cosas (mental, emocional, energética o espiritualmente) como siempre lo haces o elegir una nueva forma de responder a lo que te pasa.

Eso es pensar de manera crítica, no reactiva o automática. Implica crecer emocional, mental, espiritual o hasta humanamente. Aquí ya no se trata de seguir viendo como te proteges, aíslas, distancias, condicionas o desconectas del mundo. Es abrir una puerta a realmente a ser resiliente. Aquí abres tu corazón, sientes, aprendes, maduras, creces y/o vuelves a darte otra oportunidad. Eso sí, eligiendo desde un lugar diferente. No dejas de SER ni de practicar (HACER) lo que eres o amas.

Ahí es que tu gran amiga, la sabiduría, llega para decirte algo muy simple: bienvenido a casa. Este espacio siempre ha sido tuyo. Lo reclamas cuando realmente aprendes la lección que vive oculta en todo. Puedes elegir tener la razón y seguir de sufrido o puedes crear una nueva relación contigo (y con el mundo) y ser libre. Eso es sabiduría, algo que se practica todos los días, no algo que se acumula como el conocimiento. Y es cuando me permites acompañarte, que descubres otra gran amiga. La serenidad. Siempre ha estado esperando por ti.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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