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Cuando La Vida Te Dice Una Sola Cosa…

Cuando la vida te dice una sola cosa…

«Qué se lo lleve el río», dice una canción que popularizó el salsero Gilberto Santa Rosa hace algún tiempo. El tema habla sobre la importancia de soltar el odio, el rencor y/o hasta el dolor que pueden ser parte de una ruptura en una relación amorosa. Esta mañana, cuando me senté a escribir, por alguna razón me vino a la mente este tema, pero desde otra perspectiva.

La vida. Cuando te habla y te dice que es el momento de «fluir como el agua». Dejar de resistir y déjate llevar. Tal vez en otra dirección. En la que el agua te ha querido llevar desde hace mucho tiempo y no lo has permitido. No por el dolor. Tampoco por el odio o el rencor. Sino por simplemente ser el momento «de hacer algo diferente».

Dicen que Dios, la vida o el Universo, como prefieras llamarlo, se comunica con los seres humanos a través de mensajes, señales o confirmaciones. Siempre han estado ahí, el punto es si cada uno de nosotros se abre a verlos, escucharlos y, tal vez lo más importante, internalizarlos y hacer algo con ellos.

Durante la pandemia se hizo muy popular el término, «pivotear”. Dar un giro. En ese momento, ante lo que acontecía, mucha gente (y me incluyo) tuvimos que estar dispuestos a hacer cosas que nunca habían hecho (o tal vez no hacíamos en mucho tiempo) para poder poner comida sobre la mesa y pagar cuentas. Entre las cosas que hice fue servir de traductor de eventos virtuales para varios líderes muy reconocidos en el campo de las redes de mercadeo, el coaching corporativo y el desarrollo de liderazgo.

¿Qué pasa cuando la vida te dice que hagas un «pivot» o des un giro en tu vida?

No por una pandemia. Tampoco por algo malo que haya sucedido. Ni por sentirte harto de lo que haces. La vida simplemente te esta diciendo que «confíes». En lo incierto, lo desconocido, lo que no sabes qué sucederá. Que todas las voces que rondan en tu cabeza diciéndote «sigue luchando», «échale ganas a lo que haces», «el compromiso no puede detenerse», «ahora o nunca», no están equivocadas. Todas parecen estimular un miedo, un temor o un escenario fatídico, si lo miras desde el lente de lo que vienes haciendo. Pero tal vez lo está detrás de las voces no es que dejes de hacer lo que haces, sino hacerlo en otra cosa o de otra manera.

El Universo no desperdicia nada. No hay esfuerzo en vano o mal utilizado en la vida. Todo pasa por una razón.

Toda ese esfuerzo que has hecho hasta el momento ha servido para algo. Para aprender. Crecer. Saber qué eres capaz de desarrollar una habilidad o creer en una idea y darle vida. Ahora esa energía, esa fuerza, esa determinación, esa voluntad, esa intención, pueden ser utilizadas de manera más eficiente, productiva o creativa, si escuchas lo que la vida quiere decirte. Ahí vive la oportunidad. Saber identificar qué el miedo no es a perder (lo que has hecho), sino a descubrir lo que puedes crear. La manera en que lo vas a hacer es perfecto para tu proceso. Recuerda, cada proceso es único y viene con lecciones específicas.

No por el resultado, sino por lo que descubres de ti mismo.

Ayer facilitaba un módulo de un programa de desarrollo de liderazgo y cultura empresarial para tres grupos de una organización sin fines de lucro. En total unas 75 personas. En una de las partes del módulo trabajamos un ejercicio llamado «la ventana de Johari». El objetivo del mismo es trabajar en elevar tu nivel de auto-consciencia. Una de las cuatro ventanas que son parte del ejercicio requiere que escribas sobre «lo desconocido»; cosas que ni tú ni nadie sabe de ti. Que pueden ser una posibilidad. Fue interesante, ya que al explicarles al grupo unas sugerencias de cómo abordar esta ventana, les compartí una historia.

«Un día yo pensaba estudiar medicina. Al perder mis ayudas económicas y no creer en mí, me salí de la Universidad. Al aceptar un trabajo en una tienda de música, algo que jamás pensaba que haría, logré alcanzar una posición de gerencia. Pero más importante, la manera en que trataba a los clientes y les servía, empezó a expandirse más allá de la tienda. La editora del periódico mas importante en Puerto Rico envió a una reportera a ver si alguien en esa tienda quería escribir de música. Ahí me descubrieron y me llegó la oportunidad de escribir para un periódico. Algo que nunca pensaría que haría. Mucho menos hacerlo por más de veinte años».

Para completar: «Y luego como una ex pareja pensó en mí para hacer un entrenamiento de transformación personal. Entro un viernes de una manera y el domingo declaro que quiero hacer eso que hace la persona que facilita el taller. Y casi treinta años después aquí estoy con ustedes». Yo no sabía, nadie sabía y yo jamás pensaría que nada de esto sería hoy una realidad de vida. Ni pensaba trabajar en una tienda de música, mucho menos ser un periodista y ni decir en ser un coach de vida. Por momentos pienso que todo ha sido como un sueño, algo irreal, pero sí pasó.

En todos me dejé llevar por el río. Fluí. Sin saber. Ni cómo, ni a dónde, ni qué pasaría.

Claro que todos conllevaron un riesgo. No sabía qué pasaría. Como sería el camino. Mucho menos el resultado. No fue algo fácil, ya que requirió compromiso, esfuerzo, sacrificios y atravesar muchos miedos y barreras. Elijo pensar que fue algo hecho desde el corazón. Por lo menos, con el deseo de «creer que puedo». Algo me inspiró, me movió o quise alcanzar. Todavía no puedo decir a ciencia cierta o con certeza lo que fue. Pero algo pasó y me trajo hasta aquí.

¿Será hora de escuchar, de creer, de confiar, de fluir con lo que el río de la vida me puede estar diciendo en este momento?

¿Qué te está diciendo el río de la vida a ti?

¿Cuál es la decisión, el riesgo o la acción que tendrías que estar dispuesto a tomar para realmente saber que estas fluyendo (y no resistiendo, evadiendo o queriendo demostrar que puedes y no confías en lo que podrías recibir?

¿Cómo sería tu vida si realmente confiaras en que pase lo que pase, es lo mejor para ti y para tu vida?

¿Desde cuándo vienes recibiendo señales internas (o externas), mensajes (de todo tipo) y/o hasta confirmaciones, pero no quieres verlas, escucharlas o abrirte a ellas?

¿Hasta dónde podrías llegar si te lanzas a creer en ti, te apuestas a ti y en lo que hoy tal vez es una buena idea, una visión, un sueño o tu intuición hablando sutil e insistentemente?

Recuerda, lo que tú resistes persistes. Lo que aceptas, desaparece. Tal vez lo que más estas resistiendo es a ti mismo. El problema no es la vida, ni el dinero, ni el tiempo, ni la familia, ni el trabajo, ni nada. Tú eres el problema, el obstáculo. Tus creencias, tus miedos y la manera en que te sigues metiendo en el medio.

En vez de pensar en todo lo malo que puede ocurrir, apuéstale a lo bueno. A lo que mereces. No a lo que pasó o más miedo te da, sino lo que más vida te dará. Mientras más grande se hace el juego, más grande van a ser los miedos y los obstáculos que vas a enfrentar para decirle a la vida: «este es el juego que toda la vida me dijo que jugara». El juego que mereces. Ser lo que somos: jugadores. No por el resultado, sino por lo que aportamos y en quien nos convertimos. Bienvenido al juego de la vida donde tu aportación, contribución y participación es requerida, deseada y, sobretodo, indispensable. Solo falta que lo elijas.

¿Qué vas a hacer al respecto?

¿Qué tal si tu vida te está diciendo algo simple y que resistes mucho hacer?

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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