El juego que transforma todo
Nota del autor: este blog fue enviado hoy a mis suscriptores privados como parte de mis Domingo de Descubrimiento. Es un blog privado que envío cada domingo a los que entran a este portal y cuando aparece el recuadro azul dejan su nombre y correo electrónico. Es gratuito.
No han sido semanas fáciles. Desafío tras desafío. Si me pidieran que describiera cada día en las pasadas semanas en una palabra, parecería la descripción del guión de una película. Reto, oportunidad, bendición, desilusión, alegría, tristeza, incertidumbre, etc. Justo cuando comienza a ganar movimiento una cosa, otra parece perderlo. Decisiones que son parte de todo proceso, parecen cobrar vida propia y todas vienen con otra serie de desafíos incluida.
¿Alguna vez has tenido semanas así?
Hay momentos o etapas cuando todo parece colocarnos contra la pared. Mi reacción inicial (esa vocecita interna que nunca está muy lejos) me dice lo mismo en diferentes tonos. Todo, de acuerdo al momento o la ocasión. «¡¿Para qué te metiste en todo esto?!», «¿Ves?», «Otra ves pasa lo mismo», etc. Cada vez que esa vocecita aparece, me transporta a diferentes momentos similares en mi vida. Cuando todo parecía estar convulsionado, distendido, incierto o hasta parece estar pidiendo oxígeno.
¿Cómo reaccionas o respondes a etapas como esta en tu vida?
Durante mucho tiempo solía usar una frase, que era más bien la respuesta a una pregunta para enfrentar la situación. Era como una especie de mantra. «Esto es vivir mi propósito». Si voy servir a otros, si quiero dedicar mi vida a un propósito, esto era parte del acuerdo implícito. Es el trato o el trueque.
¿Cuál ha sido tu mantra, afirmación o razón de ser para enfrentar estos momentos?
Desde hace unos meses para acá he optado por cambiar la pregunta, ya que el juego que he optado por jugar es otro. En el pasado enfrentaba estos retos con la mentalidad de «operar desde mi propósito de servir a otros y jugar un juego ganar-ganar». Dicha mentalidad me ha servido de combustible. Es algo que uso como distinción para poder escuchar. Tanto a mí mismo, como para relacionarme con otros. Ahora, con el paso de los años, he comprendido que a esta alternativa le falta algo mucho más amplio y profundo. Un contexto mucho más amplio, extenso, conectado e ilimitado.
¿Qué tal si eliges otro juego?
Todos estamos participando en un juego. Este se lleva a cabo a través de algo que todos tenemos en común. La vida, y la manera en que elegimos vivirla. A todos nos dieron un boleto de entrada a este parque llamado «vida». Eso sí, las reglas de este juego no las ponemos nosotros. Tenemos dos opciones. Primero, ¿elegir jugar el juego con las reglas que otros crearon? Puedes elegir jugar o no jugar. El problema de no jugar es que serás el peón de otros en el juego que elijas jugar. Segundo: ¿qué juego eliges jugar? Antes de responder a esta pregunta, es vital hacerte un par de preguntas.
¿Qué juego has estado jugando hasta este momento?
Esta pregunta, por lo menos yo, me la he hecho unas tres veces en mi vida. Durante mucho tiempo no tenía idea del juego que estaba jugando. Mas bien era un juego inconsciente. El que había aprendido que «debería jugar todo hombre» en la vida. Ser buena persona, estudiar, prepararme, titularme, trabajar, casarme, tener hijos y un día retirarme. Luego que empezar a trabajar en mi desarrollo personal comprendí que no se trataba del juego que jugaba, sino con qué propósito lo jugaba. Ahí me di cuenta que ese juego «aprendido» en muchas formas era un modelo de ganar-perder, perder-perder, perder-ganar. Existía un modelo «ganar-ganar». Ese implicaba cambiar mi mentalidad, mis creencias, mi forma de relacionarme y el propósito que marca la intención de mis pasos. Ahora veo que existe otro mucho más inspirador y simple. Ahora, requiere un nivel más alto de compromiso, riesgo, responsabilidad y consciencia.
¿Cuál ha sido tu propósito de vida hasta este momento?
Esta pregunta ha sido una muy desafiante. Creo que he tenido claro que las cosas que he hecho en la vida, las he llevado a cabo con el propósito de servir a otros. Desde trabajar en un tienda de efectos deportivos, una tienda de música, ser periodista, coach, facilitador o consultor, todas tienen una línea clara de servir a otros. El problema es que por momentos he diluido y/o confundido «lo que es mi razón de vida (servir a otros), con lo que debe ser lo que hago para ganarme la vida (mi trabajo, profesión, carrera o negocio)». Un propósito no esta necesariamente ligado a lo que hacemos profesionalmente, aunque eso que elegimos hacer en dicho campo, profesión, carrera o negocio, puede ser una ventana de oportunidad para canalizar esa intención con el mundo.
Por ejemplo, hay varios profesores de escuela que jamás olvidaré. La Sra. Sánchez, mi maestra de tercer grado de primaria, quien elegía quedarse conmigo después de clases casi dos horas con una cartilla fonética para enseñarme español durante cinco meses. Eso es vivir su propósito. A ella no le pagan para hacer eso, pero le nace hacerlo. El Sr. Santiago, maestro de matemáticas de quinto y sexto de primaria, quien hacía concurso de matemáticas y el premio era llevarnos a todos a jugar en el patio la última hora de clases y quedarnos después jugando. Eso es propósito.
La Sra. Trinidad Fontánez, quien en mi último año de preparatoria se quedaba conmigo (o con quien fuera) una o dos horas después de la salida de clases, para escucharte y prepararte para lo que sería una vida universitaria, eso es propósito. No le pagaban más por eso ni recibían un premio por eso, pero esa vocación de servir incondicionalmente hace una diferencia. Como diría Don Miguel Ruiz en el cuarto acuerdo: da lo mejor de ti cad día. No importa qué, ni a quien.
¿Qué tal si todos tenemos el mismo propósito y el reto es encontrar la manera de canalizarlo a través de lo que hacemos (personal o profesionalmente)?
Servir a otros. Ese es el propósito. No discrimina. Tampoco excluye. No requieres esperar si algún día descubres o sabes cuál es tu propósito o lo que quieres hacer con tu vida. Puedes hacerlo gratis. En cualquier momento. Tal vez encuentras o descubres que lo que haces profesionalmente lo puedes canalizar de tal forma que te ganes la vida haciéndolo. No es una obligación, es una elección.
Sí, no es una elección cómoda. Habrá días cansados, fatigados, confusos, desafiantes, resignados, frustrados o hasta cuando quieras salir corriendo y nunca más pensar en servir. Esa vocecita tal vez te diga lo que me dice a mí: ¿porqué te metiste en esto? «Todo también pasara». Nada es eterno o permanente. Todo cambia. Nada nunca permanece igual. Pero es un propósito que no requiere descifrarse. Esta esperando a que lo elijas. Ahora, ¿hasta qué nivel, forma o tamaño lo quieres llevar?, depende de ti.
Ahí es cuando viene la respuesta de la pregunta de: ¿qué juego has estado jugando hasta este momento? Esta respuesta puede ser crítica o vital, por no decir fundamental. Lo que muchos no sabemos es qué estamos jugando uno de dos juegos: un juego finito o un juego infinito. Simon Sinek escribió un libro excelente sobre este tema, titulado «El Juego Infinito».
¿Qué es un juego finito y un juego infinito?
El Juego Finito
- Jugadores: Conocidos e identificables.
- Reglas: Fijas e inmutables (todos las aceptan previamente).
- Objetivo: Ganar. El juego termina cuando hay un ganador y un perdedor.
- Ejemplos: Un partido de fútbol, una partida de ajedrez o alcanzar una cuota de ventas.
El Juego Infinito
- Jugadores: Conocidos y desconocidos (nuevos competidores pueden aparecer en cualquier momento).
- Reglas: Flexibles y cambiantes para adaptarse al entorno.
- Objetivo: Mantenerse en el juego. No hay un ganador final, solo quien sobrevive y prospera más tiempo.
- Ejemplos: Los negocios, la política, el matrimonio o la vida misma.
Simon Sinek advierte que muchas empresas cometen el error de jugar un juego finito (obsesionadas con vencer a la competencia o subir las acciones a corto plazo) en un mundo que es inherentemente infinito. Para sobrevivir, los líderes deben desarrollar una mentalidad infinita basada en 5 pilares:
- Una causa justa: Tener un propósito inspirador que vaya mucho más allá de simplemente hacer dinero.
- Equipos de confianza: Fomentar un entorno donde los empleados se sientan seguros y valorados.
- Un rival digno: Ver a la competencia no como un enemigo a destruir, sino como un catalizador para mejorar.
- Flexibilidad existencial: Estar dispuesto a alterar radicalmente el modelo de negocio si la supervivencia de la empresa lo requiere.
- Coraje para liderar: Tomar decisiones que beneficien a la organización a largo plazo, incluso si sacrifican ganancias inmediatas.
¿Qué implicaciones presenta elegir jugar un juego infinito?
Un cambio de mentalidad. De la misma forma en que existe dos tipos de mentalidad: de crecimiento o fija (basado en el libro escrito por la Dra. Carol Dweck titulado «Mindset: la filosofía del éxito», esta elección viene otra mentalidad. De crecimiento, enfocada en un contexto infinito.
Si todo en este vasto Universo esta hecho de energía. Esta realidad nos conecta a todos y hace que toda acción tenga un impacto en todo. Si el Universo es infinito, ilimitado e inagotable, unido al hecho de que somos parte conectada con él, existe la invitación de expandir nuestra mente a operar desde ese espacio. Abundante, vasto y con la misma posibilidad de que cada uno de nosotros pueda manifestar prósperamente lo que merecemos y querremos.
Ahora, esta mentalidad esta directamente ligada a un propósito: «servir a otros». Saber que eres parte de algo mucho más grande que tú y el objetivo es crear un juego perpetuo donde la gente no opere desde el miedo, la carencia o la escasez.
¿Cómo trascender la paradoja o aparente realidad?
La vida es infinita. Los seres humanos somos jugadores finitos, ya que nuestro tiempo es limitado en este mundo. Esta aparente paradoja genera un conflicto en la mente del hombre. Por un lado vive constantemente evitando enfrentar el miedo a la muerte, a través de estrategias para sobrevivir. Estas generan en la mente del hombre un sentido de competencia, querer ganar a cualquier costa, le importa más los números o los resultados que a la gente. Creencias como «dime con quién andas y te diré quien eres», «cuánto tienes, cuanto vales», «el fin justifica los medios», etc., muestran la mentalidad finita de la que tendemos a operar.
Ahora, si somos seres que estamos hechos de energía y esta estearina en todo. Implica que somos mucho más que un cuerpo, una mente o un campo de emociones. Somos un ser espiritual o energético teniendo una experiencia humana. Y si realmente somos eso, nuestro origen, quiere decir que nuestro nacimiento y muerte son partes de una transformación, pero no de un fin. Somos infinitos y si operamos desde ese espacio, podemos crear un mundo que sea mejor y funcional para todos.
¿Qué eliges?
Vivimos en un mundo distraído, desconectado, separado y lleno de miedo, por la manera en que nos olvidamos de lo que somos y para lo que vinimos a este mundo. Puedes seguir operando en automático, reaccionando y encerrado/protegido por lo que puedas perder. Pero el que no da, no recibe.
Tienes un poder que nadie puede quitarte. El poder de elegir. Una elección que puede transformar tu experiencia de vida. La elección de jugar un juego infinito. De convertirlo no sólo en una mentalidad, sino en una actitud y una forma de vida. Y con sólo saber que cada decisión, interacción o acción que tomes enfocada en servir a otros, estás jugando un juego infinito. Va a conllevar compromiso, riesgo, vulnerabilidad, honestidad, autenticidad y, sobretodo, resiliencia.
Habrá momentos en que el resultado no es el que quieres, pero si estás haciendo algo crucial. Perpetuando que haya un juego para los que van a estar aquí cuando ya hayas partido de esta dimensión. Eso es un legado que impacta y beneficia a todos.
¿Qué vas a hacer al respecto?
Nota: últimos cupos de Guerreros de Consciencia. Tuvimos el módulo introductorio en mayo, arrancamos con el siguiente módulo el 23 (virtual) y 24 (presencial en CDMX) de junio. Más información aquí. Toma acción ya.

