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Tu Villano Favorito (y No Es Gru)

Tu villano favorito (y no es Gru)

Apareció el villano. El que forma el desmadre. Te asusta porque en un segundo puede crear un caos. Hace lo que le da la gana. Has buscado mil y una maneras de controlarlo, alejarlo, negarle la entrada o hasta querer bloquearlo de tu vida. Ese sujeto que le temes ya que conoce tus puntos débiles. Esos que ocultas. Los que crees que nadie los conoce, pero este sujeto los ve a kilómetros de distancia.

No importa lo que hagas, siempre encuentra un pero, un fallo o una puerta por donde entrar. Tal vez llevas años pensando, hasta creyendo que estás haciendo todo «bien», como debe ser, pero de alguna manera, aparece para atormentarte. La evaluación, la comparación, el desmerecimiento, la invalidación, el desprecio, la insatisfacción o hasta la incapacidad de ver algo de valor son algunas de sus tarjetas de presentación.

Llega sin invitación. Aveces, cuando menos lo esperas. No puedes hacer otra cosa que recibir la visita. Nunca sabes por cuánto tiempo se extenderá. Así como todo lo que pasará durante su estancia. Por experiencia, sabes que dejará las cosas peor de cómo estaban cuando llegó. Al punto de que te sientes como huésped en tu propia casa. Y si fuera Gru (de tu Villano favorito), por lo menos puedes esperar un final feliz, a pesar de todo el drama. Pero este no es el caso. Muchas veces este villano te deja desgastado mental, emocional, energética, sicológica, económica o hasta personalmente.

¿Cuál es tu villano? Y no me refiero al de las películas. Ni animadas o reales. Tampoco al de los libros que lees o videos que ves. Hablo del villano que habita en tu mundo interno. El que es inmisericorde, implacable, temido, imbatible, despiadado, indeseable, frío, insaciable, déspota, insensible, irreverente, incansable y del que no te puedes esconder.

Yo no sé como es el tuyo, pero he podido ver cómo opera el mío.

No importa si las cosas están bien o mal. Cuando las cosas toman una dirección inesperada o no esperada, comienza como un suspiro… y a medida de que las cosas se siguen escalando, eleva su volumen y su presencia. «Ves. Yo sabía. Aquí otra vez en el mismo lugar. Repitiendo la misma historia. Tanta lucha, sacrificio y esfuerzo para darte cuenta de que nunca vas a ser suficiente. ¡Ves que no sirves! Eso no es para ti».

Si las cosas van bien, aparece como un supuesto porrista, que esta en mi equipo, pero siempre con un tono de advertencia y distancia. «Wao, qué bien. Parece que todo va a salir como quieres. ¿Pero cuánto tiempo durará? Ten cuidado ya que ahora que llegas a donde quieres es cuándo todo comienza a desencajarse. Ahora es cuando las cosas se te salen de las manos, así que mejor relájate, busca mantener las cosas como están. Confórmate». Comienza a crearse una parálisis, un grado de aparente tranquilidad, pero en el fondo está un apego a que debo seguir moviéndome dentro de unos parámetros.

Y no falta las veces cuando ese villano aparece cuando las cosas parecen no moverse. Cuando las cosas están en estatus quo. Ni para un lado, ni para el otro. Ahí es cuando el villano puede tomar diferentes formas. Por momentos no habla, pero se nota en mi estado emocional, físico y energético. Todo parece dejar de moverse. Todo se torna plano.

Caigo en una especie de «no hacer nada», aunque esté haciendo muchas cosas. Comienza a descender una especie de neblina mental. Y esta comienza a extenderse a todo lo demás. Entro en modo automático. Estoy, pero no estoy. Me muevo pero no se altera mi nivel de energía. Hago las cosas lo mejor que pueda, pero no estoy dando lo mejor de mí. Una gran diferencia.

El cuerpo se mueve, la mente está activa, hasta algunos sentimientos parecen estar vivos, pero la neblina, la protección, la anestesia emocional, no permite que salgan a la superficie o se procesen realmente. Se analizan, pero nunca se sienten en su totalidad. Es una especie de auto-examen mental, combinada con análisis seudo sicológico y reacción de sobre vivencia, pero desconectado de la vida. Peor aún, enajenado del hombre que habita el cuerpo.

El villano no habla, porque ya ha tomado posesión. No tiene que alertarme de nada, ni prevenirme de algo. Ha hecho su trabajo. Una parte de mi mente sabe que algo no anda bien. Las cosas no vibran con la misma frecuencia. De repente pasé de estar viendo la vida en un televisor a color de uno a blanco y negro. O sepia. El sonido parece mutearse. Oigo, pero ya no se escuchan muchas cosas. Hay una distancia entre lo que ocurre, lo que pienso, lo que siento, lo que hago y la manera en que reacciono.

En ese momento soy el efecto. Dejo de ser causa. Las circunstancias se vuelven realidad y comienzo a perseguir la manera en que debo resolverlas o estoy limitado por ellas. En pocas palabras, soy la víctima perfecta. Mi poder lo he perdido. Lo he entregado a una creencia (que no veo y tampoco importa si lo conozco o no, ya que sigue viva en mi subconsciente) y desde ahí interpreto mi realidad. No importa lo que he leído, visto, escuchado o entrenamientos que haya hecho. Tampoco importa si nadie lo sabe o todo el mundo lo sabe. En ese momento mi villano favorito se ha adueñado de mí, de mi forma de ver la vida y, lamentablemente, de lo que creo que puedo hacer que no sea sobrevivir.

¿Qué ocurre contigo (y con tu vida) cuando tu villano te posee y comienzas a operar desde la sobrevivencia y crees que esa es la realidad? (Hasta lo defiendes cada vez que dices que no puedes hacer algo por tiempo, dinero, trabajo, flojera, decidir, procrastinación, etc….)

Sé honesto. Te invito a que te sientes y lo escribas. Es bien fácil no hacer nada y seguir viviendo en tu cabeza. Ahí empieza el problema. Esa es la arma secreto de tu villano. Que te quedes en tu mente. En el análisis, en la negación, la resistencia, el «eso ya lo estoy trabajando», «hay gente que esta peor que yo» y mil versiones más. Todo eso es una forma de postergar, evitar y seguir en modo automático. Pero hay algo que puedes hacer al respecto con ese villano. Eso lo veremos mañana.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Todos tenemos un villano favorito y no es Gru necesariamente.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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