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Tu Espada De La Libertad

Tu espada de la libertad

«La vida honra la acción, no el conocimiento».

Esa frase la escuché por primera vez hace poco. Un colega coach la mencionó en un entrenamiento que facilitaba, el cual tuve la oportunidad de observar. En ese momento sentí algo de resistencia al escucharla, pero cuando la comencé a procesar, comprendí que es una gran verdad. Se parece mucho a una que escuché hace muchos años, que dice algo similar en otras palabras.

«A la gente no le importa lo mucho que tu sabes, hasta que ellos no sepan lo mucho que te importan».

¿De qué te sirve saber el cómo si no das el paso? ¿No tomas la decisión o el riesgo? Puedes tener todo el conocimiento del mundo, así como tener mucho amor para dar, pero si no lo conviertes en acción o lo demuestras, es meramente conceptos que viven en el espacio mental de un ser humano. Si no te lanzas a vivir el proceso que requiere ese sueño, meta, logro que no has logrado hasta este momento o mostrarlo en esa relación que dices que te importa, se queda en la categoría de «una buena idea».

En el blog de antier hablé de la importancia que la gente le da a saber la respuesta, pero no hacer mucho con ella. Como lo prometí, hoy completo el mismo. En vez de seguir reciclando las razones sicológicas para no hacer las cosas y producir el mismo resultado, podrías ser el creador de una nueva versión de ti.

Hoy tu vida te está diciendo algo. Si miras los resultados que tienes en este momento, no ayer o mañana, hoy, podrías hacer lo mismo de siempre o algo sin precedente. Verás una de dos cosas: lo has logrado o no lo has logrado. El mundo físico no miente, las piedras son duras y el agua es mojada.

Ahora, los resultados son neutros. No son ni buenos, ni malos. Son eso, resultados. Afortunada o lamentablemente, los seres humanos le ponemos una energía a esos resultados. Llámale una energía que suma o qué resta. Hay gente que usa buenos resultados para crear acciones positivas, así como negativas (unos son humildes y otros soberbios o arrogantes, etc). Así como hay personas que usan los resultados negativos de maneras diferentes (algunos aprenden y crecen y otros se derrumban y no se levantan).

La gente tiende a evaluar sus resultados y enfocarse en su campo de acciones para «elevarlos, mejorarlos, sostenerlos o evitarlos». Es por eso que cada persona tiende a comportarse de una manera. Algunos «hacen más» y otros «hacen menos o dejan de hacerlos», ya que buscan replicar o evitar el mismo resultado. Muchas de esas acciones son producto del entorno en el que se mueven, las expectativas que tienen, la manera en que se comparan (con la competencia o con lo que buscan alcanzar).

El problema con esto es que las acciones se convierten en parte del banco de memoria que guarda tu mente. Esta convierte esas acciones en un concepto y, mas importante, en parte de tu marco de referencias. Llámale, tu cuarto de evidencias para justificar el hacer o no hacer las cosas. Y lo que muchos no se dan cuenta es que tu mente ya está llena de muchos otros referentes que impactan tu campo de acciones. (Todo esto es subconsciente e inconsciente).

Esto termina convirtiéndose en una creencia (especialmente limitantes). Una de estas se quedó incrustada en tu mente en algún momento. Algo pasó, sentiste una energía (emoción o sentimiento positiva o negativa), le diste una interpretación (ya sea un evento, situación, persona, cosa o forma de ver la vida) y ahí decidiste la manera en que la usarías para protegerte, defenderte o sobrevivir. Tu mente, entrenada para eso, lo grabó y por eso te comportas de esa manera.

«Tu mente no puede operar con dos pensamientos simultáneamente a la vez».

Esa frase la escuché de uno de mis grandes mentores, Randy Gage (multimillonario y autor de 16 libros que han vendido millones de copias y traducidos a más de 30 idiomas). Cuando la escuché me pareció algo ilusoria o irreal, ya que «la mente está llena de pensamientos». Ya con el tiempo comprendí que la mente es un órgano reflejo y reactivo. Todas esas voces o caos que escuchas en tu cabeza es la llamada «conversación continua que vive en ella y la que tendemos a duplicar en automático».

James Allen, en su extraordinario libro de «Cómo piensa el hombre, así es su vida», habla de este tema. «La mente del hombre es como un jardín. Sus pensamientos son las semillas que planta en ella. Estas siempre van a germinar. Si le metes a tu mente semillas negativas, van a crecer. Lo mismo con las positivas. Y si no limpias, cultivas y cuidas tu jardín, así será lo que vas a cosechar en ella». El hombre tiende a creer lo que dicen estas voces, pero no hace lo más simple: mirar la manera en que sigue sembrando, cultivando y cosechando esa semillas por no querer entrenarla.

Tus resultados son un reflejo de tus acciones. Tus acciones (tanto las que tomas como las que no), son un reflejo de las creencias de las cuales operas.

Aquí es donde mucha gente se queda. En el campo de acción. Se queda toda la vida mirando, comparando, justificando, defendiendo, evitando, negando, resistiendo o viendo lo que «hicieron o hacen otros». Todo por no querer tocar el origen o la causa de todo (sus acciones y los resultados que obtiene). Sus creencias. Y es simple: ahí hay que tocar los sentimientos o emociones. Eso implica estar abierto a ver las cosas desde otra perspectiva o interpretación. Estar abierto a reconocer que «tal vez no era como tú pensabas». Reconocer que podrías estar equivocado, perdonar, soltar, abrirte, creer otra vez (o por primera vez), saber que puedes empezar otra vez y simplemente, liberarte de una carga.

Lo que crees es lo que creas.

Hoy tus resultados son un reflejo directo de tus creencias. Lo que tienes, y especialmente lo que no has logrado, dice algo de una creencia que todavía sigue viva en tu mente. Y le sigues dando poder y el no tener lo que quieres, es porque todavía tienes una interpretación de que «no puedes, no eres suficiente, no mereces o no vales» y por eso tu mente te aleja de lograrlo o alcanzarlo. Algunos le llaman auto sabotaje, boicot, lo que sea. Es simple: tu mente produce lo que tu le has dicho que produzca. Y es tan poderosa y obediente, que lo lo hace.

Empieza por lo más simple, aunque represente tocar lo que puede dolerte o incomodarte. Eso que no haz logrado, pregúntate: ¿qué creencia puedo estar cargando en mi mente que no vea, que sea lo suficientemente poderosa para hoy no haber manifestado eso que quieres? No mires fuera. La respuesta no es tiempo, dinero, gobierno, educación, tus padres o algo externo. Es una creencia que tiene que ver contigo que de alguna forma «tus resultados y acciones» confirman que está viva. Requieres tocar ese sentimiento que es parte de ella y liberarlo, procesarlo, sentirlo. No mentalmente, sino física y emocionalmente.

Una creencia no puede reemplazarse con otra desde la misma energía.

Si esta creencia limitante fue interpretada con dolor, ira, tristeza, angustia, soledad, sentido de abandono o hasta carencia, no puedes venir hoy y decir: «pasado pisado o ahora voy a pensar así (lo opuesto o contrario). Tu mente sabe la energía que tiene esa creencia por el momento y el impacto que tuvo en ti. ¿Tú realmente crees que con meramente decirte lo que sea y no liberar ese sentimiento tu mente va a responder a eso? No te voy a convencer. Mira tu vida, tus resultados y tus acciones. Ahi tienes más que suficiente evidencia. Es por eso que tocar ese sentimiento es vital. Cuando abres espacio y te liberas de lo que ocupa tu almacén, puedes crear algo nuevo.

Hasta que no creas en el valor y el poder que tiene tu palabra, nada cambiará.

Esto es lo más difícil para mucha gente. Creer en ti, en tu palabra y ver realmente el poder creador y transformador que posee. ¿Cómo vas a saber si realmente estás creyendo en tu palabra y creando algo extraordinario con ella? Tu nivel de compromiso. Y el único que va a llevarte de dónde estás a donde quieres llegar es el más alto. «Lo voy a hacer no importa qué». Aquí comprendes que no se trata de las veces que lo has intentado. Sino desde qué creencia has estado operando.

Cuando la intención es clara, el mecanismo aparece.

Vivimos en un mundo donde llevamos cuenta de todo. Nos hemos vuelto tan transaccional como el mundo comercial en el que nos movemos. Das si te dan. Si no te dan no das. Das no importa si te dan, pero no pones límites. Igual. No das por las veces que no te dieron. Ahora todo es una condición o un convencimiento. Si te fijas, hay una creencia que detona lo que haces o no haces. Por eso tienes lo que tienes. Y lo que no tienes.

Hasta que no cuestiones tu creencias, seguirás teniendo la razón, no el resultado.

Una de las estrategias mas perversas que usamos para sobrevivir es «tener la razón». Aunque te cueste la salud, tus finanzas, tus sueños, tu sentido de aspiración, tu crecimiento, tu expansión, tu madurez y, lo más importante, tus relaciones. Así dirá tu epitafio: «tuvo la razón hasta que murió. Falleció con ella y no con lo que realmente quería». Estás a tiempo de dejar de acumular conocimientos, conceptos y darle más poder a las creencias que te limitan. Hoy puedes crear la vida que mereces. La vida sigue y no sabes cuánto tiempo estarás aquí. Puedes olvidarte que tienes la capacidad de elegir y cuestionarte lo que hoy das por sentado. La vida y todo lo que viene con ella es inevitable. Cómo la vas a vivir es opcional. Elige sabiamente.

Tú eres el Rey Arturo y sólo tu puedes sacar la espada de la piedra. Si eliges creer.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Tú posees el mismo don que el Rey Arturo: sólo tu puedes sacar la espada de la piedra. Eso, si eliges creer en ese don.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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