Cuando el sol no parece iluminarte
Vuelvo al ruedo. Luego de unas seis semanas de «sabática» de escribir mi blog durante la semana, gracias al apoyo de varios amigos y colegas que generosa y gentilmente aportaron con valiosas contribuciones escritas para este espacio, retomo lo que tanto disfruto hacer: escribir. Ese espacio de seis semanas, sirvió para muchas cosas. Entre ellas, observar, escuchar y conectarme con lo que mucha gente comparte de lo que desea aprender, mejorar, crecer, expandir, enfocar o, simplemente, crear consciencia. Y también observarme.
Desde la semana pasada, cuando sabía que este momento se acercaba (de escribir mi blog), me pregunté: ¿de qué podría ser el tema de este blog? No es el primero propiamente, ya que escribí uno a principios de año (puedes leerlo aquí), pero la idea era cómo llegar en ritmo y velocidad a lo que ya está sucediendo en el 2025.
Ya una vez frente a la pantalla, llegó a mí algo muy simple y profundo a la vez. Las preguntas que nos hacemos y la manera en que las respondemos. (Yo digo que es algo constante que todo ser humano se hace – o debería hacerse).
Ahora mismo tanto tú que me lees, como yo, tenemos dos cosas en común:
- Tenemos muchas preguntas, ya sea en nuestra mente, así como las que la vida nos presenta todos los días.
- Esas preguntas las enfrentamos con una de dos respuestas: las que ya sabemos responder (funcionen o no) o las que nos piden aprender algo que no sabemos, que algunos casos (por no decir la mayoría), resistimos o rehusamos aprender.
Cuando hablo de preguntas, me refiero al espectro completo. Desde las mas superficiales hasta las más existenciales. No se trata de mirar o evaluar las preguntas que te haces, sino la manera en que te las respondes. Aunque, las preguntas que te haces (y la manera de responderlas) puede decir mucho sobre la manera en que las enfrentas, respondes o miras.
Tal vez ahora mismo tus preguntas giran en torno a una sola cosa: ¿cómo sobrevivir el día? Ya sea por el dinero que requieres para «resolver» el pedo, el dolor de cabeza, la angustia, la ansiedad o la situación que vives ya sea en tu trabajo, tu relación de pareja, con tu familia o algo que enfrentas. Hoy vamos a mirar específicamente los que sólo se enfocan en las preguntas diarias de sobrevivir.
Primeramente, lo siento mucho. De verdad. Se lo que se siente cuando lo único que piensas es en cómo «resolver» esta situación, ya que te quita tu paz, no te deja pensar con claridad, te angustia o no sabes qué más hacer. Por más buena que sea la sugerencia, opción o posibilidad de resolverlo, vas a terminar haciendo «lo que hay que hacer».
Así opera la desesperación, la carencia, los apegos y la escasez. También la ignorancia, el desconocimiento y la arrogancia. Es un patrón cíclico, repetitivo y parte de tu estrategia de vida para «sobrevivir» poder atraer o generar drama en tu vida y, aunque no te guste o te moleste, poder hacerte la víctima. (Y cuando digo víctima, no me refiero a «pobrecito yo», sino la manera en que eliges ver la situación, querer resolverla y seguir operando desde un lugar donde las circunstancias siempre se colocan en tu contra.
Eso seguirá ocurriendo hasta que dejes de enfocarte en el efecto (lo que pasa) y comiences a trabajar con la causa (TU). Eso implica dejar de vivir como que «todo está bien» hasta que llega el momento de «resolver lo que pasa». Eso no es vivir, sino estar cómodo y sólo vivir de reacción en reacción. Si no comienzas a hacerte preguntas diferentes, vas a seguir resolviendo y reaccionando a todo «de la misma manera». Recuerda, has probado ya muchas veces que eres capaz de sobrevivir y resolver. Ahora, ¿cuándo vas a darte la oportunidad de verte a ti de otra manera y poder enfrentar estas situaciones o hasta eliminarlas de tu vida?
Preguntas que podrían ser de valor:
- ¿Qué creencias o pensamientos sigues perpetuando en tu mente que siguen provocando este tipo de situación?
- ¿Cuál es la creencia limitante que sigues cargando de ti (o de la vida), que mantiene este ciclo o patrón presente en tu vida?
- ¿Cómo sería verte de otra forma, así como la situación, que podría revelar o descubrir aspectos de ti que no conoces y que podrían elevarte a ver tu mejor versión y elevar tu calidad de vida?
- ¿Qué riesgos, decisiones o acciones tendrías que estar dispuesto a tomar, que no has tomado, y sentir que tu vida comienza a cambiar la dirección que lleva?
Recuerda, ni tú ni yo llegamos a estas situaciones por accidente o casualidad. Llegamos aquí por las creencias que tenemos. Y esas creencias y pensamientos, atraen las personas, eventos, situaciones y circunstancias perfectas para que nuestra vida sea como ha sido hasta ahora. Tú puedes ignorar esto y seguir creyendo lo que crees. No te extrañes que sigas repitiendo lo que ya sabes que se repite y solamente sigues revalidando el título de «El que más o mejor sobrevive».
¿Eso es vivir? ¿El cansancio, la ansiedad, la angustia, la carga, el peso, el estrés, el insomnio, la ira, la incomodidad, la incertidumbre, la soledad y muchos otros sentimientos que siguen repitiendo el mismo patrón? No me parece. Hace poco escuché que en el área del lóbulo frontal en nuestro cerebro existe un órgano llamado «la amígdala». Su función principal es hacer que tu cerebro aspire, sueñe, tenga visión de futuro. Pero si has entrenado tu mente solamente a sobrevivir, tu amígdala nunca se desarrolla y eso hace que pienses «en sólo sobrevivir».
Ahora, tú puedes empezar el proceso de transformarte. Primero, reconociendo cómo vives, las preguntas que te haces y los ciclos que sigues repitiendo. Luego, empezar por cambiar las preguntas que te haces y, si no sabes cómo hacerlo, trabajar de la mano con un coach o un profesional de la salud mental. Tu mereces una vida abundante, llena de sueños realizados y que puedas mostrar y compartir con el mundo tu mejor versión.
¿Qué vas a hacer al respecto?
Mañana vamos a enfocar en las preguntas de los que saben que existe otro nivel y no saben o les da miedo lanzarse por ello.

