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La Grandiosa Verdad Que No Quieres Aceptar

La grandiosa verdad que no quieres aceptar

Ayer comenzamos con el tema de las preguntas que nos hacemos y la manera en que nos las respondemos. Inicié con las personas que viven sólo para preguntarse, y a veces ni eso, para vivir en reacción o meramente para buscar «resolver o solucionar» lo inmediato para «sobrevivir». Sé lo que se siente, ya que lo he vivido muchas veces (hasta tan reciente como la pandemia) y la manera en que puede convertirse en una trampa ilusoria muy poderosa.

Pero no es para lo que ninguno de nosotros vino a este mundo. Viniste a algo mucho más grande y con un propósito mucho más significativo que sobrevivir. Y lo triste es que puedes estar toda la vida pensando que «todo lo que lees, lo que escriben o lo que ves en los videos» son «mercadeo o formas de hacerte creer algo que no es real o no representa la vida como es en realidad». Vamos a pensar que eso es cierto.

Ahora, ¿quien define cómo piensa? ¿Lo que piensa? ¿Todo lo que quiere pensar o la manera en qué quiere usar su mente? Si crees que «eres un sujeto expuesto a todo y no puedes hacer nada al respecto», entonces ya tienes razón y puedes proceder a escribir el epitafio de tu vida…

«Aquí yace un hombre o una mujer que simplemente fue víctima de todo lo que lo rodeaba. No pudo hacer nada y nunca hizo nada ante las circunstancias a las que estuvo expuesto. Nunca estuvo en sus manos, en su mente, en su disposición o en sus capacidad de crecer, aprender y hacer algo diferente para definir y determinar el curso de su vida. Eso quiso ver, creer y así murió. Con la razón y sin conocer qué pudo haber creado algo diferente en su vida, A PESAR de las circunstancias que enfrentó».

Hace un par de días platicaba con un posible cliente de coaching. Es una persona muy preparada, muy profesional, pero ha estado repitiendo ciertos patrones y tendencias a lo largo de su carrera. Ahora mismo se encuentra ante una extraordinaria oportunidad de crecimiento y expansión. Y es perfecto para el tema de hoy: «qué preguntas se hacen las personas que quieren dar ese salto o saben que están listos para más en su vida».

Le pregunté: si fueras a elegir una de las tres que te voy a mencionar, la que más has puesto en práctica en tu vida profesional, ¿cuál elegirías? ¿Creador, talento o ejecutor? Luego de pensar por un rato, su respuesta fue «creo que he sido las tres». A lo que le dije: «es la respuesta correcta, somos de las tres. El problema es que no sostenemos y valoramos la mas importante: ser creador».

Eso no pasa por accidente. Desde chico, por el modelo social, educativo, cultural y económico en el que fuimos criados, nos dicen, empujan, preguntan o exigen a «definir o decidir ¿qué quieres ser cuando seas grande? En pocas palabras, ¿qué talento crees que posees o te gustaría desarrollar para estudiar para ganarte la vida siendo un ejecutor (trabajador)?

Lo que provoca que la idea del talento que posees o quieres desarrollar, requiere ser evaluado, aprobado, definido y valorado por alguien para que puedas pasar de ser un talento a un ejecutor toda la vida. El sistema nunca te dice que ERES un creador o que lo seas en algún momento. Es más, ni siquiera te dicen, estimulan, inspiran o indican que mires en esa dirección.

El advenimiento de la tecnología, la Internet y las redes sociales ha provocado un sismo en el mundo profesional, educativo y la manera en que vemos este triunvirato que te menciono. Ya tienes empresas multinacionales (globales) que dicen que «el tener un título Universitario no es requisito para poder emplearte». Una vez que tengas «las habilidades» (talento), puedes crecer en un entorno sin pasar por los muchos puentes de evaluación (escuela, universidad, título, etc.) de antes. Ahora, al final sigues siendo un ejecutor (empleado). (Y no lo digo como algo malo, sino enfatizar en el tema de hoy).

Lo que nos trae al tema del día. Hoy tal vez te encuentras en un lugar de tu vida donde sabes que tienes mucho más para dar. Probablemente te gusta tu trabajo, lo que haces, lo que practicas, pero hay algo que sabes bien adentro de ti, que NO estás dando o tocando. No se trata de falta de amor por lo que haces, ni tampoco tiene que ver con el dinero que ganas (aunque en algunos casos puede ser que sabes que vales mucho más de lo que te pagan). Ya sabes que eres un TALENTO, y probablemente, uno muy bueno o único. Sabes que eres un buen EJECUTOR y, en algunos casos, extraordinario o distinguido.

Tarde o temprano, la pregunta ya no gira en término de ser TALENTO o EJECUTOR, sino en aceptar lo que tal vez no quieres, no crees o nunca has pensado que siempre has sido y eres: un CREADOR. Mañana puedes conseguir un mejor empleo, donde te pagan más, con mejores beneficios y prestaciones y eso sólo te calmará por un tiempo. Porque en el fondo, ya sabes que lo que has evitado o no quieres mirar o aceptar es que ser un CREADOR es algo muy diferente. Como leí en el libro de «La Ciencia de hacerte rico» de Wallace D. Wattles: «es dejar de ser un competidor y comenzar a ser un creador».

Ser, aceptarte, reconocerte y pararte como un CREADOR asusta al principio. Míralo como parte del proceso. Si nunca te enseñaron a verte como tal, elegirlo va ser algo muy incómodo. Todo eso que llaman: «síndrome del impostor», «emprendedor», «influencer» o muchos términos más, son una manera de denominar lo mismo: ser un CREADOR.

Ahora, mucha gente lo primero que hace para invalidar aceptar su capacidad de ser un CREADOR, es irse al lado de ser un COMPETIDOR. «No tengo el dinero», «no tengo los recursos», «no tengo la preparación», «no tengo la capacidad», «no me van a creer, tomar en serio», etc.

¿Quién dijo que tienes que dejar de hacer lo que haces para ser un CREADOR? Primer paso es reconocer, aceptar y pararte como un CREADOR. Eso lo único que quiere decir es «que posees ideas, talentos, servicios y/o eres capaz de crear oportunidades desde un espacio de CREADOR, no meramente como TALENTO y/o EJECUTOR.

Segundo, es empezar a trabajar en cambiar tu mentalidad y la manera en que te miras, operas y defines lo que deseas manifestar en el mundo. Se vale no tener el dinero, lo recursos, la preparación o todas las capacidades, pero como dijo una vez Rubén Blades en una canción: «pueden matar el mensajero, pero no la idea». Sí eres capaz de aprender, de ser curioso, de buscar, de articular lo que quieres y el ROL que quieres tener, eso es ser un CREADOR.

No se trata de hacerlo TODO, sino de saber que puedes tener a tu alrededor la gente que está alineada con tu visión. Recuerda, cada persona que llega a tu vida posee las tres cosas: es un creador, un talento y un ejecutor. Saber identificar las personas que pueden aportar TALENTO y EJECUCION a tu CREACION es lo que los inspirará a verse como CREADORES en su momento. Y claro, es muy probable que requieras trabajar de cerca con un mentor, un coach o alguien que pueda creer en lo CREADOR que eres y no venderse cuando entre tu mente de competidor (miedo) a querer desviarte o sabotearte.

Todos hemos sido, y seremos, las tres al mismo tiempo. Hay un tiempo y espacio para cada uno. Pero no podemos olvidar que de la misma manera en que somos únicos y cada uno tiene un propósito en esta tierra, sería menospreciarnos a nosotros y esa fuente de sabiduría que nos creó pensar que sólo vinimos a ser EJECUTORES o TALENTOS para ejecutar para otros. Eres un CREADOR por derecho divino y no permitas que tu paso por la tierra te lleve a olvidarlo.

¿Qué vas a hacer al respecto?

PD: mañana completaré con las preguntas que todos nos hacemos y muchas veces no compartimos o llevamos a nuestra máxima expresión: las existenciales.

La verdad que nos cuesta aceptar es que eres mucho más que un talento o ejecutor, eres un CREADOR.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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