Tu vida es un reflejo de tus auto defensas
Hacía rato que no escuchaba esa palabra. Solía decirla mucho de chamaco, especialmente cuando estaba en la secundaria y la Preparatoria (Escuela Superior). Ayer la dijo una persona a la que le doy coaching. La palabra fue «disimular». Por lo menos para mí, cuando era chamaco, el significado era doble. Primero, que no se dieran cuenta de algo o que pudiera estar ocultando. Segundo, proyectar algo diferente a lo que realmente pensaba o sentía.
En la adolescencia era muy común usarla en el aspecto de la atracción de las personas que te gustaban o te sentías atraído. Todo el tiempo tus amigos te decían: «disimula». Ya fuera para que la chica que te gustaba no te viera mirándola o no se diera cuenta de que le gustabas. Era cómo desarrollar un falso sentido de orgullo, ya que en el fondo sentías un miedo el cual no podías mostrar, bajo ninguna circunstancia.
Ya en salón de clases lo usabas con los maestros/profesores o tus compañeros de clase. «Tenías qué demostrar públicamente que sabías del tema, o habías hecho la tarea, leído el libro o completado el proyecto». Era como tener una cara lo más neutral («disimulada») posible para que no se dieran cuenta que la realidad era otra. Disimular también aplicaba en una situación incómoda; el querer mostrar externamente una cosa, mientras por dentro sentías otra o simplemente proyectar una imagen que no es congruente con quien eres.
¿Qué pasa cuando disimular se convierte en un mecanismo de protección inconsciente?
¿Cuáles son algunos de los efectos (impactos) que termina teniendo este comportamiento en cómo te muestras o proyectas al mundo?
¿Cómo romper con esta forma de pensar que ya has convertido en una creencia, un patrón de comportamiento y una incongruencia entre quién eres en realidad o lo que proyectas al mundo?
Esta palabra salió de la boca de esta persona ayer, ya que desde chica se sentía muy señalada, excluida, comparada y, unido a eso, con varios retos físicos. Ella aprendió desde muy chica a «disimular» de muchas maneras. El producto de todo ese «disimulo» fue que guarda recuerdos muy tristes, dolorosos y vergonzosos» de muchos momentos de su niñez.
La comprendo perfectamente bien, ya que de chico yo también disimulé muchas cosas. Para empezar, mis complejos. Acto seguido, mis inseguridades, mis miedos y, para completar, mi vergüenza de tantas cosas. Ante las muchas carencias emocionales que tuve busqué refugio en llamar la atención, querer demostrar que sabía, querer ser el mejor en todo o tener el reconocimiento de la gente. Hice tantas y tantas cosas, tomé tantas y tantas decisiones «disimulando» todo lo que ocultaba dentro de mí.
Que me perdí. Entre lo que debía proyectar y quién realmente quería ser.
Entre el disimulado (la imagen que proyectaba) y quien realmente era (no lo sabía, ya que pensaba que era todo lo que cargaba dentro de mi), vivía entre la confusión, la desconfianza y la indecisión. Lo más triste era que entre toda esta lucha interna, se estaba perdiendo algo bien importante. Soltar y sanar lo que «seguía disimulando» y empezar el verdadero proceso de aceptarme, quererme. Comenzar a conocer y dejar salir al mundo quién soy.
Hoy día la palabra «disimular» ha sido reemplazada con una muy de moda. Compensar. Esto quiere decir, la forma en que «ante lo que creemos que no tenemos, carecemos o no lo hacemos bien, buscamos maneras de hacer algo para sentirnos mejor». En pocas palabras, «disimular» es mostrar una cosa aunque en la realidad interna de la persona que lo piensa, cree o siente, es otra. Yo que fui diagnosticado como persona con «Déficit de atención» hace unos dos años, uno de mis mecanismos principales para sobrevivir era «compensar». De muchas maneras y en muchos aspectos.
Esto aplica para las emociones o sentimientos. El no decir lo que sientes o no mostrarlos, por alguna creencia, temor o experiencia del pasado. También para lo que crees de ti, de la gente y del mundo. Empiezas a asumir, a irte al pasado o al futuro, no te paras en el presente. Te inventas escenarios fatídicos mentales que no son reales. Ni decir la manera en que afecta aspectos como la congruencia (lo que pensamos o creemos, lo que decimos y lo que hacemos) y la coherencia (lo que se espera de nosotros en nuestra manera de pensar, actuar y la credibilidad que generamos en el mundo).
Y, lo más triste de todo, es que lo normalizamos. Decimos cosas como: «así es la vida. Hay que protegerse de lo que pasa allá afuera. No quiero que me vuelvan a herir o lastimar. ¿Qué van a pensar de mi si supieran que detrás de esta máscara, escudo o armadura lo que vive es una persona sensible, insegura, miedosa, temerosa, que se juzga, que no perdona o cualquiera de las muchas cosas que creo que me van a juzgar por ello?»
Por alguna razón escuché una vez: «mientras más brillante eres, más brillantes son tus defensas». En pocas palabras, mientras más grande te haces, más defiendes lo que haces, aunque no te sirva para realmente ser tú. Sólo te sirve para sobrevivir y no vivir.
Le pregunté a esta persona: ¿a quién realmente quieres perdonar por haber vivido todos estos años disimulando alguien que no eras? «A mí», fue su respuesta. Ahí me dijo las muchas cosas que guardaba que no había soltado. Al contrario, que deseaba enterrar, evitar, negar o rechazar. Fue como empezar a quitarse capas y capas de tantas personalidades que había asumido o adoptado, pero no eran ella.
¿Cuándo vas a aceptar quién en realidad eres? Tú no eres esa persona juzgada, señalada, criticada, no elegida, menospreciada. Esa niña que vivió todo eso quiere atención, amor, liberación y, sobretodo, ser aceptada por la única persona que puede darle voz y presencia en este mundo. Tú. Ahí comenzó a ver dos cosas: una es el dolor que sintió esa niña y perdonar las personas que le causaron ese daño. Segundo, y la más importante, si ella no sana a esa niña, la que le sigue haciendo daño es ella. Siguen pagando precios muy altos todos los que la rodean (hijos, familia, amigos, trabajo, etc.). En especial, ella.
Disimular, compensar, llámalo como quieras. Sí, es un mecanismo de defensa que aprendemos usar en algún momento de la vida para protegernos y sobrevivir. Ahora, cuando lo normalizas, crees que es parte de quien eres y crees que el resto de tu vida requieres vivir encerrado, atrapado o no eres la persona que quieres ser, ya deja de ser una defensa y se convierte en una prisión. Y sólo tú tienes la llave para salir de ella y reclamar tu libertad y quien eres. Te lo mereces.
¿Qué vas a hacer al respecto?

