Los dolores del crecimiento
Anoche platicaba con una hombre que vive para el éxito. Trabaja mucho, largas horas y sacrifica mucho para lograrlo, alcanzarlo y sostenerlo. Este hombre ha comenzado a hacer trabajo interno con sus emociones, maneras de pensar y, sobretodo, cómo unas nuevas herramientas que ha adquirido las puede incorporar para crear un estilo de vida.
Pero existe un dilema. El haber vivido varios talleres, el haber atravesado varios miedos y el haber sentido algo que nunca había sentido consigo mismo, no se traduce a la incorporación de estas habilidades en su vida. Específicamente, su estilo de vida. Para que esto suceda, este hombre requiere hacer algo que a todo el mundo le cuesta mucho. Alterar los hábitos que ya tiene, para crear los que este momento de su vida le pide para poder ver estas herramientas aplicadas en su vida.
Eso cuesta. Requiere hacer un alto. En muchos aspectos de su vida. Cambiar su manera de pensar con respecto a sí mismo y tomar decisiones en acorde a ello. Eso implica vivir el éxito de otra manera. Este hombre no puede seguir siendo lo que sobra de su cargada agenda. Al contrario, ahora requiere ser la prioridad en ella.
Desde cambiar sus patrones de pensamiento. Horas de descanso. Poner límites. Entrenar de otra manera el equipo de personas que tiene a su cargo. Incorporar a sus actividades diarias nuevas prácticas, que en su debido momento, se convertirán en nuevos hábitos. Eso va a ser incómodo. Es más, va a despertar muchas resistencias en su mundo interno.
Este hombre está viviendo una etapa muy normal de todo proceso de cambio. Soltar su «viejo yo» para que nazca «su nuevo yo». Ojo, no estoy diciendo que su viejo yo era malo, ineficiente o no productivo. Para nada. Lo que digo es que su viejo yo ponía como prioridad unos objetivos, sin tomar en cuenta otros. Me explico, «lograr el éxito puede ser más importante que cuidar tu descanso, alimentación, bienestar, salud mental, etc.»
Aquí es cuando su vida le está pidiendo algo simple y complejo a la vez. Algo que quiere y resiste al mismo tiempo. Dejarse manejar. Ser adiestrable. No sólo en las cosas que le interesan, sino en los aspectos que más le cuestan. Algunos le van a doler. ¿Porqué? Requiere soltar las formas, abrirse a las nuevas formas. Confiar en lo que quiere crear y eso requiere un espacio de tiempo para aprender, aplicar, caerse y, finalmente, verlo hecho. (Lo mismo que pasa en los negocios).
Le preguntaba a este hombre si ahora mismo ha cambiado hábitos que impactan su bienestar, como calmar su mente, trabajar su espiritualidad, darse espacios, poner límites y, ver la manera en que trabaja menos horas y sigue formando su equipo. Hubo un silencio. Luego reconoce que no lo ha hecho de la mera en que podría hacerlo. En sus propias palabras «no he hecho un alto». Bingo.
Mucha gente cree que vivir procesos de crecimiento personal es «sentirse bien». Eso es relativamente cierto. Lo digo por que al vivir un entrenamiento de crecimiento personal te sientes bien por el trabajo que has hecho durante tres o cuatro o cinco días. Pero cuando ya se trata de un proceso, donde te toca a ti aplicar las herramientas en la vida real, en tiempo real, día tras día, los huevos se ponen a peso como dicen en mi país.
Queremos hacer las cosas solo, a nuestra manera, cómo nos da la gana, si nos da la gana y si es conveniente. Así no se crea un nuevo estilo de vida. Eso es hacer las cosas de manera conveniente, sí las necesitas, cuando las necesitas. Un cambio de vida implica construir, como ir al gimnasio. Hay días que no quieres, pero no importa, vas. Hay días que estás adolorido, no ves los resultados o las tentaciones son muchas, como para justificar no ir o renunciar a todo. Pero sigues yendo.
Este hombre, al que le tengo mucho amor y respeto, está pasando por algo simple: los dolores del crecimiento. El proceso de darse cuenta que si realmente quiere cambiar su estilo de vida, hay un trabajo y esfuerzo que se requiere en el aspecto más importante: en hacerte consciente de las elecciones que haces momento a momento y sólo tú puedes alterar eso. No lo hace ningún entrenamiento, taller, gurú o nadie. Ahora, no es lo mismo hacerlo solo que hacerlo acompañado, especialmente si pueden darte retroalimentación para que puedas mejorar en el proceso de crear ese estilo de vida.
No olvides, si trabajas solo logras menos, te cansas más y no tienes con quién celebrarlo. Si trabajas en equipo logras más, te cansas menos y tienes con quien compartirlo. Tú eliges.
¿Qué vas a hacer al respecto?


Elegir trabajar en equipo, gracias por la razón