La pregunta que define tu vida
No tuve otra cosa que hacer que callarme y escuchar. Todo lo que me estaba diciendo era cierto, no me gustaba para nada, pero por alguna razón, no me defendí. Escuché y escuché. Las palabras llegaron hasta lo más profundo de mi ser.
«Fuiste un cobarde. No tuviste las agallas de decir lo que realmente sentías o pensabas. Preferiste callarte, hacer lo que te diera la gana, aunque le hicieras daño a los que dices que más quieres. Ni siquiera te importó lo que dices que quieres crear en una relación». Esas fueron las palabras de una ex – pareja.
El punto de la conversación fue porque ya algo estaba muriendo en la relación. Nos habíamos separado emocionalmente durante mucho tiempo. Estábamos en automático hace rato. Era más el hábito, la compañía y guardar una imagen que realmente ser auténtico, tener una relación viva o, lo más importante, por lo menos tener un grado de comunicación efectiva.
No era la primera vez que había escuchado algo similar. Hace mucho años yo le dije algo similar a un amigo, luego a un ex pareja y, finalmente, a un socio. Era como si un círculo estuviera abierto y había que reflexionar seria y profundamente sobre esto de repetir ciclos o patrones en tu vida. Todo lección que no aprendes, la vas a seguir repitiendo hasta que la aprendas.
Durante la pandemia llegó al momento de confrontarme. Todas las cosas con las que antes me podía distraer ya no estaban ahí. No viajes, no talleres, no estar ocupado todo el tiempo. Como dice una canción de Fito Paez: «todo se detuvo en punto muerto. No sé bien lo que pasó».
El diario vivir, en ese momento, era la convivencia conmigo mismo. Con el tiempo, con el silencio, con tu consciencia y con mirar tu mortalidad ante la incertidumbre de un virus que no sabes cómo, cuando o de qué forma podía impactar tu salud y/o tu vida.
Este problema no empezó en la pandemia, sino mucho antes. Esos tres años lo que hicieron fue sacarlo, traerlo a la luz y saber que ya no puedes seguir haciéndote menso, tonto o evadirlo. Lo que no se dice se ve. En las acciones del día, en la energía drenada, en las emociones ocultas, en el no saber qué hacer o decir cuándo todo es muy aparente.
El otro día leía un fragmento de un libro que me recordó todo esto y se resume a una sola pregunta: ¿eres valiente o eres cobarde?
Lo único que está entre tú y tus sueños no es otra cosa que el miedo.
A tomar la decisión.
A comprometerte.
A tomar un riesgo.
A no saber lo que va a pasar.
A afrontar las consecuencias (buenas o malas).
A enfrentar las críticas.
A cuestionarte.
A ver lo que realmente quieres.
A aceptar que no la tienes tan claro como pensabas.
A tomar responsabilidad por tu vida y dejar de culpar a otros.
A darle valor a tu vida, a tu tiempo y a valorar el poco tiempo que estás aquí.
A saber que tú eres quien eliges como quieres verte.
Sí, la pregunta es pesada. Es confrontativa. Toca la realidad, la verdad y, especialmente, lo que se oculta. Y de eso no podemos escondernos. Podrías evitarlo, podrás querer alejarlo al futuro o querer esconderlo en el pasado, pero va a salir a la luz.
Todo se ve.
En quién eres o en quién dejas de ser.
Por la manera en que sueñas o dejas de soñar.
Si vives despierto o sigues dormido.
Por tu conexión contigo mismo o tu desconexión.
En la valentía que sigues desarrollando o la cobardía en la que te quedas.
En esos aspectos de tu vida que ahora mismo sabes que piden de ti una acción, una decisión, una definición, un compromiso, algo. ¿Eres cobarde o eres valiente? Dar un paso es suficiente, pero darlo.
¿Qué vas a hacer al respecto?

