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La Pareja Que Sigue Esperando Por Ti

La pareja que sigue esperando por ti

¿Cómo anda tu matrimonio? Y no se refería con tu pareja, sino con otra cosa. Esa fue la pregunta con la que me despertó esta mañana Mark Nepo. Como parte de las lecciones diarias de su «El Libro del Despertar». Este fue el tema alrededor del cual giró la misma. Más que despertarme, me sacudió.

«Si hemos de vivir sin silenciar o adormecer las partes esenciales de quiénes somos, debemos sostener e invocar un voto con nosotros mismos. Los mismos compromisos que pronunciamos cuando nos embarcamos en un matrimonio, requieren ser comprendidos internamente como la devoción con la que vamos a cuidar nuestra alma», inicia la lección.

«¿Están dispuestos a amarse y respetarse mutuamente, tanto en la prosperidad como en la adversidad, en la salud como en la enfermedad, todos los días de su vida? ¿Hasta que las muerte los separe?», continua.

«Esto significa estar comprometido a tu crecimiento interior, a seguir el camino. Esto implica no separarte de ti cuando las cosas se ponen pesadas o confusas. Es aceptar y abrazar tus limitaciones o fallas. Es amarte no importa como otros te vean. Es valorar esa luz que jamás deja de brillar y salir de tu interior, no importa las heridas y golpes que vas a recibir a lo largo de tu vida. Significa unir tu vida con una promesa solemne de escuchar y vivir la verdad de tu alma».

«Es interesante, la definición en el campo náutico de matrimonio o casarse es unir dos cuerdas de principio a fin de forma intercalada. El casarte con tu alma sugiere que vas a intercalar el espíritu de la vida con nuestra sicología. La vida de nuestro corazón con la vida de nuestra mente. La vida de nuestra fe con la verdad de la vida sobre nuestras dudas, inseguridades y ansiedades. Y de la misma forma en que dos cuerdas que se «casan» duplican su fuerza, cuando casamos nuestra humanidad con nuestro espíritu, creamos una vida que es doblemente más fuerte en el mundo», cierra diciendo Nepo.

Wao. Boom. Sin palabras. Fue como ver una película de mi vida en cámara lenta. Desde mis relaciones, mis decisiones, mis aciertos, fracasos, levantas y caídas, hasta mi carrera, mi salud, mi familia, viajes y tantas cosas más. ¿Cuántas veces había olvidado a mi ser espiritual? Ni preguntar si me había casado, divorciado, separado o «es complicado», con mi pareja espiritual. Andaba en automático. Desconectado, protegido y rehén de mi sombra, de mi parte humana. Atrapado en la ilusión de su aparente realidad, que no es mas que una proyección de mis miedos, inseguridades y la ignorancia.

Hoy pude ver que los anillos están ahí, los votos están escritos, mi pareja siempre ha estado (y estará) ahí. Lo ha estado, él que no ha aparecido soy yo. El que ha condicionado su presencia, su amor, su entrega, su compromiso y, sobretodo, su fe, soy yo. Por estar corriendo detrás de la seguridad, el proveer y cumplir con los estándares culturales que yo mismo he perpetuado, me desvié. Como dice Julio Iglesias: «me olvidé de vivir». Fui una cifra, una estadística, más.

Cada vez son menos las personas que desean casarse. Más del 50% de los matrimonios terminan en divorcio. Ni hablar de las cifras de segundos y terceros matrimonios. Silencio sobre la cantidad de personas que no quieren tener hijos. Por todos lados, es como si el mundo fuera la fusión de Forrest Gump («Corre Forrest corre») y la novia fugitiva (dejar las parejas en el altar por miedo a comprometerse). Y no sólo de casarse con una pareja, sino comprometerse realmente con algo de manera profunda.

Tal vez es momento de replantearte lo que significa realmente casarte. Especialmente, contigo mismo. En tiempos donde es bien fácil confundir el amor propio, la auto estima o el valorarse con un sentido de narcisismo, egoísmo y egocentrismo (en formas poco saludables), casarte con tu alma no sólo es un reto, sino un llamado.

Yo elijo creer que somos seres espirituales viviendo una experiencia humana. Está bien que difieras conmigo. Ahora, creer que soy un ser espiritual no es lo mismo ni se escribe igual que vivir desde ese espacio. Mucho menos, ponerlo en práctica cuando el entorno te invita a desconectarte, aislarte, protegerte, defenderte y darle valor a los símbolos materiales.

Sí eliges creer que eres otra cosa está bien. Ahora, cuidado con pensar que casarte con eso es «defender, juzgar, comparar, criticar o separarte» de todo lo que sea diferente o no piense igual que tú. ¿Tu alma mira lo condicional o lo incondicional? ¿Lo que une o separa? ¿Eso que une o separa? ¿Desde la conexión o la división? ¿Desde el amor o del miedo? ¿Desde la razón o la relación? En tiempos de polarización, nuestra alma pide unión, calma, conexión, empatía, perdonar y amar.

Esta lección me despertó. Ni siquiera había tomado mi café de la mañana y me movió a escribir este blog. Curiosamente, fue la confirmación de una frase que me llegó al alma el otro día y me inspiró a escribirla. La publiqué en mis redes, sin haber leído o conocer esta lección de Nepo. Dice: «un suspiro que toque el miedo más profundo que ocultas puede sonar como el grito más fuerte con el que jamás te hayan confrontado».

No hay duda de que tu ser superior, tu ser espiritual o divino te está hablando. La oportunidad no es meramente escucharlo, sino estar dispuesto a dar el paso que más temes hacer: casarte con tu alma y ese ser que vive dentro de ti. Y digo: hasta que la muerte los una por toda una eternidad.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Hay una pareja que sigue esperando que te unas a ella. Hora de casarte y descubrir quién eres.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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