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El Verdugo De Tus Sueños Y Aspiraciones

El verdugo de tus sueños y aspiraciones

Estaba ilusionado. Podía sentir en la panza las maripositas de las emociones que sentía. Alegría por un lado; miedo por el otro. Me estaba lanzando a hacer algo que nunca había hecho, comprar y estar al frente de un periódico. Pequeño y de un nicho en particular (como lo es el crecimiento y desarrollo de consciencia). Hice todo lo que entendía que debería tener presente, para iniciar el nuevo negocio «con el pie derecho».

Escuché a varias personas que eran empresarios independientes que manejaban algún tipo de revista o periódico de distribución gratuita. Me senté con la persona con la que me vendió el periódico. Escuché lo que estaban siendo los retos a los que me estaría enfrentando. Estaba claro de lo que requería el periódico en términos de inversión. Entre ellos se encontraba: mejorar su calidad visual y de contenido, aumentar su circulación, fortalecer su área de ventas y crear un equipo administrativo y editorial que pudiera sostener «lo que sigue» para el periódico. Me sentía confiado de que podría hacerlo de manera eficiente.

Hasta que llegó el momento de manejar algo que nunca me había dado cuenta lo relevante que cualquier tipo de relación o negocio. Algo que, por lo general, en mi vida personal, me había dado cuenta cómo me afectaba, pero nunca le había prestado la atención que merecía. Algo que no te enseñan en la escuela, universidad y, tal vez muy pocos aprenden de su entorno.

El manejo de mis expectativas.

En el momento en que el periódico empezó a no «alcanzar, satisfacer o exceder» lo que «yo esperaba que debería suceder», no supe cómo manejarlo. Todo lo que tenía proyectado, visualizado o esperanzado a que sucediera, comenzaba a moverse en dirección contraria. La brecha entre «lo que debería suceder» y «lo que realmente estaba sucediendo» era grande. Y cada vez se hacía mayor. Ahí pude haber elegido SER alguien diferente, cuando tristemente empecé a HACER más de lo que siempre hacía.

En vez de buscar una Respuesta Creativa, entré en Reacción Automática.

Pude haber soltado el control. Abrir nueva posibilidad. Pues no, controlé aún más.

Cuando pude haber tomado el riesgo de abrirme a la Abundancia, seguí operando desde mi Escasez. (El yo sé que lo sé).

Por no creer y confiar en el Amor, me quedé con mi razón y el Miedo.

Era una oportunidad de practicar maneras de SER. Para empezar, la humildad. Reconocer qué sentía miedo. Pedir apoyo. Aprender nuevas habilidades. Por ejemplo, Confiar y Delegar. Estar dispuesto a invertir en talento y en personas que supieran más que yo. Ser un líder que deja que otros lideren. Desarrollarme (y desarrollarnos) y crecer en un entorno donde todos somos vitales e importantes para la visión que deseaba manifestar a través del periódico. Pero mi ego quería brillar y decirle al mundo «miren lo que logré».

Pero por no querer reconocer el miedo que vivía en mí, terminé pagando un precio demasiado alto. Al querer demostrar «que yo podía, era capaz, debería saberlo (aunque en realidad no sabía nada), mantener una imagen pública (que era exitoso y hacía muchas cosas a la vez – escribía para un diario, hacía televisión y comenzaba a prepararme como coach) y ya sabía lo que debería hacer (pero no lo hacía)», poco a poco, empezó a cerrarse la posibilidad que yo originalmente pensaba que tenía este negocio.

Por no estar dispuesto a pararme en un lugar de RESPONSABILIDAD, en el momento, no después, terminé haciéndome la Víctima. De todo. Me quejaba de no tener el tiempo para atender el periódico como merecía (por estar en dos trabajos más). Cuando la empresa requería una presencia constante y un nivel de compromiso alto, no podía hacerlo por «estar en todo y no estar en nada». Por querer controlar y ser el dueño, pero no operar realmente como un líder, un visionario y, un empresario, serio y profesional, perdimos todos. Especialmente yo.

Ahí el problema de no aprender a manejar las expectativas.

¿Qué son expectativas? Son creencias y esperanzas sobre cómo deberían desarrollarse los acontecimientos futuros. Se basan en experiencias pasadas, influencias sociales y culturales. Pueden ser tanto realistas como irreales. Sirven como guías para las metas, pero si son poco realistas pueden causar decepción. Lo que no se incluye en la mayoría de las definiciones de esta palabra es: «son impactadas por las creencias limitantes que viven y son parte de tu programación mental». Como fue mi caso.

En mi experiencia como coach y consultor empresarial, tras servir a más de 300 mil personas en entrenamientos y sesiones de coaching, mucha gente nunca se ha sentado a cuestionar honestamente la relación que tiene con «sus propias expectativas». Es más, mucha gente suele proyectar sus expectativas en los demás.

Por ejemplo:

  1. Muchos padres piensan (y quieren) que sus hijos satisfagan sus expectativas y le generan una presión enorme para que no los desilusionen, no se equivoquen, no fallen, tienen que ser el orgullo de la familia o lograr algo que ni ellos lograron (o superarlos).
  2. ¿Cuántas personas conoces que entran en una relación pensando que su pareja «debe satisfacer o superar» sus expectativas? Tal vez tú eres una de ellas.
  3. Crees que ya no puedes «delegar o confiar» en nadie «porque no van a hacer las cosas como tú las harías o que cumpla con tus expectativas». Por eso haces todo solo, no pides apoyo. (El precio que pagas es «hacerlo solo tarda más, te cuesta más, te cansas más y no tienes con quién compartirlo, mientras trabajar en equipo tarda menos, te cuesta menos, te cansas menos y tienes con quién gozarlo y celebrarlo».
  4. Si has tenido varias experiencias, tanto personales como profesionales, y no trabajas con este aspecto, vas a tender a soñar menos, aspirar menos, confiar menos, declarar menos (o sólo lo que crees que puedes lograr) y, por ende, crecer de manera limitada. Muchos se resignan, se estancan, se conforman y nunca conocen su verdadero potencial.

¿Qué va a requerir de ti para crear una nueva relación con lo que realmente son las expectativas, en especial las tuyas, y poder rediseñarla?

  1. Trabajar con tu mentalidad y desarrollar una mentalidad de crecimiento. (Hay un gran libro llamado «Mindset: la filosofía del éxito» de la Dra. Carol Dweck).
  2. Tomar responsabilidad por la manera en que te has relacionado con este aspecto de ti (por si no lo sabías o no te has dado cuenta, toca tu campo mental, emocional, económico y la manera en que te relacionas contigo y todo el mundo).
  3. Desarrollar habilidades, tanto blandas, técnicas y de relacionamiento, para expandir tu mundo y empezar a manifestar tus sueños, metas y logros. Tu sentido de aspiración nunca debe de encogerse si realmente trabajas este aspecto.
  4. Rodearte de gente que sepa más que tú y rete tu manera de pensar constantemente.
  5. Estar dispuesto a accesar maneras de SER tales como: la humildad, la curiosidad, la apertura, la resiliencia (aprender a exponerte, enfrentar dolor, la crítica, lo incierto, etc.), la seguridad, la confianza, la autenticidad, la vulnerabilidad, la honestidad, el compromiso, etc.
  6. Lanzarte a trabajar en entornos, ambientes y medios donde se enfoquen en que desarrolles aprendizaje interactivo en tiempo real y no más conocimientos, conceptos o sistemas didácticos en los que «te llenas de contenido y no los conviertes en experiencias prácticas y crecimiento».

Esto implica no meramente estar «dispuesto». Es más profundo. Requiere de ti estar disponible. Empezando ya sea por lo mental, emocional, física, energética y/o espiritualmente. Esto implica cuestionar tus creencias y sanar lo que no te permite crecer, sostener o elevar quien eres. De hacerlo, no lo vas a ver solamente en un aspecto, sino en todos. Recuerda, eres un ser integral y no fragmentado. Hoy es el momento en que tu nueva relación con las expectativas puede ser la puerta que te abra a un nivel de logros y éxitos sin precedentes. Tú eliges. Hazlo sabiamente.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Hay un aspecto de ti que si no lo aprendes a manejar o te haces consciente de ello, causará caos.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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