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Hacer Brillar A Otros

Hacer brillar a otros

Lo aprendiste. Check. Lo sabes hacer. Check. Lo dominas. Check. Has logrado alcanzar éxito en ello. Check. Sabes cómo atraer a otros hacia ello. Check. Sabes hasta cómo entrenar a otros a hacerlo. Check. Hasta que los que entrenas no alcanzan el potencial que tú y ellos saben que pueden alcanzar. Check. Check. Check. Y de ahí no pasa.

Esa es la historia de muchos. Me incluyo. Nos convertimos en estrellas en algo. Dominamos un campo o lo hacemos con extrema confianza, seguridad y soltura. Crecemos y hasta brillamos en ello. Hasta que se presenta la oportunidad de llevar ese talento, habilidad u oportunidad al siguiente nivel. Ese nivel incluye el saber liderar, desarrollar, acompañar o entrenar a otros a alcanzar ese nivel que supiste alcanzar a raíz de esfuerzo, dedicación, sacrificio, compromiso y mucha práctica.

Ahí aparece el muro. La barrera.

Hace muchos años una gran amiga que quiero mucho, era una de las vendedoras más destacadas de la empresa farmacéutica para la que trabajaba. Siempre se ganaba los viajes, las convenciones y todo tipo de premio. Era una titana de las ventas. Era un sol que brillaba y generaba grandes ingresos para la empresa.

Hasta que le ofrecieron la oportunidad de dirigir a un equipo de ventas en otros división de la empresa. Ahí ya le tocaba inspirar, empoderar, influenciar, impactar, liderar, desarrollar y acompañar a su equipo. Ahí las cosas no fluían igual. Lo que ella sabía hacer con mucha facilidad sola, ahora se complicaba al tener que enseñarlo, o mejor dicho, sacarlo de su equipo. De cada uno, en particular.

Ella no esta sola.

Con toda probabilidad, sabes quién es Michael Jordan. Una de las glorias del básquet mundial. Considerado uno de los mejores que jamás haya pisado un tabloncillo en la historia del juego. Si no el mejor. El mismo reconoce que jamás podría ser entrenador en este deporte. «Creo que mataría a algunos, ya que me parece que no tienen el mismo nivel de entrega, pasión, sentido de competencia y de disciplina que yo tuve para alcanzar lo que logré en mis años como jugador».

En pocas palabras, no es lo mismo ser una estrella que saber sacar la estrella que vive en cada persona. Es por eso que Michael confiaba en Phil Jackson para sacar lo mejor de él y de sus compañeros. Antes de que llegara Phil Jackson a la vida de Michael Jordan, este había ganado una gran cantidad de premios individuales en la NBA. Campeón anotador, miembro del equipo defensivo, jugador Más Valioso, etc. Pero lo más importante, el ser campeón: no ocurría.

Para ganar en equipo requieres hacer sacrificios.

Mi amiga tuvo que hacer grandes ajustes en su manera de comunicar, relacionarse y aprender a desarrollar a su equipo. El primer año fue semi traumático para ella, ya que tuve que aprender a hacer cosas que nunca había tenido que hacer. Desde aprender a conectar con su equipo hasta tener que despedir personal por malas actitudes y pobre desempeño. Era como una pesadilla, ya que estaba acostumbrada a trabajar sola, a su manera, con eficiencia, pero sin tener que depender de otros.

Jordan tuvo que hacer sacrificios. Tuvo que aprender a hacer mejor a los que tenía a su alrededor, a estar dispuesto a sacrificar un poco sus números por el bien del equipo. Cómo hacer que los que estaban jugando con él en ese momento, dieran lo mejor. Cuando estuvo dispuesto a hacerlo, llegaron los campeonatos. Seis en total. Dos trilogías en ocho años.

Si no tienes el acompañamiento adecuado, el sistema colapsa.

Como bien dicen, tú puedes elegir los mejores talentos para formar parte de un equipo, pero eso no garantiza que se convierta en uno. El que un grupo de talentos se convierta en un equipo, requiere que la persona que está al frente del proceso, sepa identificar roles, fortalezas, áreas de oportunidad y sepa cómo «retar» adecuadamente a cada integrante, en los momentos adecuados, para que las personas puedan aceptar el rol que tienen para el bien mayor.

En estos días he tenido la oportunidad de escuchar cómo mucha gente se atora en este punto. Personalmente, lo he vivido un par de veces. Desde dirigir equipos en empresas, desarrollar personas en redes de mercadeo, inspirar equipos de ventas, motivar equipos en deportes o hasta cómo agrupar y alinear personas en servicios voluntarios, llegan a un punto donde las cosas no se mueven con la velocidad o la sostenibilidad que quisieran.

La respuesta no vive en señalar, sino en identificar y saber mejorar

En estos días hablaba con ejecutivos de varias empresas donde el «home office» es una bendición, pero un gran reto. Mucha gente sabe lo que tiene que hacer, domina lo que hace y hasta sabe cómo ser efectivo en lo que hace. El dilema es que al cambiar el modelo (de oficina a casa), la forma (mayormente solo) y aumentar el número de distracciones (del trabajo ahora se suman los de la casa), la manera de liderar a un equipo requiere otra serie de habilidades.

Tú puede ser un gran reclutador, pero ser flojo a la hora de sacar el talento de los que reclutas. Tal vez eres un gran director que sabe todo lo que debes saber, pero careces de la escucha, la empatía y la manera de conectar para que tu equipo quiera dar más de ellos. Hasta puedes conocer tener el carisma para mostrar las ventajas que tu producto o servicio ofrece y los grandes beneficios que tu plan de compensación ofrece a los que se unan a esta oportunidad, pero te cuesta identificar lo que mueve a tu gente a querer adueñarse de ella y mostrarla al mundo.

Aquí es cuando señalar las deficiencias de otros sólo te sirve para eso: señalar. Es el momento de mirar seriamente un par de cosas: ¿qué habilidades de liderazgo, inteligencia emocional, mentalidad, hábitos y de inspirar a otros requiero elevar o desarrollar? Tienes dos opciones: hacer al algo al respecto o seguir haciendo lo mismo. Con la primera vas a descubrir cómo eres la fuente y puedes mejorarte tú y a todos en el proceso. La segunda seguirás siendo la estrella que brilla sola, pero no sacas la estrella que brilla en otros. ¿Qué vas a hacer al respecto?

Brillar sólo y hacer brillar a otros es una brecha que muchos no cierran. Aquí una opción.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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