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El Valor De Tu Existencia

El valor de tu existencia

Hoy cierro esta trilogía de blogs relacionados a las preguntas que nos hacemos y la manera de responderlas. Antier enfoqué en sobrevivir; ayer en la realidad de que somos creadores. En el día de hoy voy a mirar las preguntas que todos (tarde o temprano, o muchas veces) nos hacemos. Las existenciales.

Si soy totalmente honesto, esas llamadas preguntas existenciales las miraba mas como algo fantasioso, «hollywoodesco», ya que me las empecé a tropezar más en las películas que en la vida real. En mi casa no se hablaba o se hacían esas preguntas. De lo que se hablaba era de trabajar, estudiar, obligaciones en la casa y querer divertirte. Lo que más se podía asemejar a algo existencial era: lo que querías estudiar cuándo fueras grande y los valores que deberías practicar cuando sales a la calle (no robar, respetar a los mayores o adultos, decir por favor y gracias, no recibir cosas extrañas de personas desconocidas, etc.).

No fue hasta que estaba por terminar la Preparatoria (Escuela Superior), que empecé a darme cuenta de mis complejos, inseguridades, mis vergüenzas o penas y las dudas que habitaban en mi interior. Notaba que tenían un efecto en la manera en que miraba la vida (y como yo «supuestamente» pensaba que la gente me miraba a mí). La primera vez que encaré una especie de crisis existencial fue cuando tomé la decisión de no seguir estudiando lo que desde chico quería estudiar (medicina y ser médico) y pasé a Administración de Empresas en mis primeros casi tres años en la Universidad.

Esto duró poco tiempo, ya que nunca terminé mi carrera Universitaria y decidí darme de baja totalmente. Esos primeros dos años fuera de la Universidad fueron muy difíciles mental y emocionalmente. Dentro de mi mente y en mis emociones me cuestionaba cosas cómo: ¿qué voy hacer? ¿Qué voy a decir si me preguntan: qué estudiaste? ¿Cómo vas a presentarte en el mundo? ¿Cómo vas a mantener a una esposa y comenzar una familia si no tienes un título o algo definido para hacer en tu vida?

Al salirme de lo que «tenía pensado» y «de la norma social» de seguir en la Universidad, terminar una carrera y buscar un empleo, me sentía perdido, sin dirección, sin guía y como una especie de «oveja negra». Si le unes a eso mis complejos, inseguridades, vergüenzas y mi falso orgullo, no sabía a quién recurrir. No me atrevía a decirle nada a mis padres, ya que sentía que «los había decepcionado por no haber estudiado lo que les dije que estudiaría». La mayoría de mis amigos de la infancia estaban estudiando, lo que me hacía sentirme inferior, menos y, hasta cierta forma, evaluado.

Gracias al trabajo que obtuve en una tienda de música, eso me sirvió para por lo menos «tranquilizar a mis padres ya que por lo menos estaba haciendo algo y no perdiendo el tiempo» y «tener dinero y no ser una carga» para hacer las cosas que me gustaban. Hasta logré independizarme y vivir solo a mis 22 años. Fue una etapa de aprender, disfrutar y comenzar «lo que yo pensaba que era madurar». No sabía cuál era mi rol o en qué basar mi existencia, más allá de trabajar, «portarme bien», mantener una imagen de una persona capaz de mantenerse e integrarme a lo que hacía todo el mundo.

¿Qué tiene que ver esto que te comparto con el tema de hoy? Mucho. Por qué creo que existen dos tipos de preguntas existenciales. Las que tienen que ver con algo más allá de lo que vemos o sabemos. Preguntas como: ¿cómo llegamos aquí a este planeta? ¿Para qué estamos aquí? ¿Cuál es nuestro propósito en la tierra? ¿Qué hay antes de la vida y después de la muerte? ¿Existe vida en otros planetas? Estas han acompañado al hombre y la humanidad desde siempre y, en gran medida, han servido de impulso, inspiración y aspiración. Para seguir evolucionando.

Ahora, yo creo que hay otra serie de preguntas existenciales que tienen que ver con cada ser humano y la manera en que se desenvuelve su vida. Especialmente, cuando las cosas no se desarrollan «de acuerdo al plan, la expectativa, lo inesperado o cuando empiezas a ver más allá de lo que te dijeron que vieras». Y hasta cuando cuestionas lo que crees. No por que sea cierto o falso, sino porque la experiencia de vida que estás teniendo no es congruente con la creencia que habita en ti.

Preguntas como: ¿estoy haciendo lo que debo estar haciendo? ¿Porqué me cuesta tanto soltar o hacer esto que digo que es importante y vital para mí? ¿Valdrá la pena realmente darlo todo por lo que mi intuición y mi ser me dice que haga? ¿Cuál es mi verdadero propósito? Y muchas otras.

Muchas de esta segunda serie de preguntas comenzaron a llegar a mi mente cuando «tomé decisiones que se salieron de la norma, no me resultaban las cosas como esperaba o tenía que enfrentarme a cosas que no esperaba (ya fuera positivas o negativas). Son una especie de preguntas que realmente retan aspectos que no te enseñan, pero sólo tú puedes hacer algo al respecto: afrontarlas, buscar adentro, sanar lo que requieres sanar, elegir y decidir lo que tu proceso (y sólo el tuyo) comienza a mostrar que requiere de ti para revelarlas.

Me queda claro que lo que acabo de decirte no tiene el tono de «final feliz» o color de rosa. Implica caminar hacia lo incierto, lo desconocido, donde no hay garantías, premios o reconocimientos. Hacerlo con fe en que el propósito de dar los pasos no es para «la aprobación o aceptación social», sino la serenidad y la claridad interior tuya. Ahora mismo estas preguntas YA ESTAN EN TI y te roban tu serenidad, enfoque y resolución.

¿De qué te serviría tener claro tu propósito si ahora mismo no eres congruente con quién eres? Dicen que desde el momento en que llegas a este planeta tienes una sola responsabilidad: cuidar por un ser humano. Tú. Eso no está condicionado a «ser tu propósito» o «hacerlo cuando tengas todo claro, seguro, definido y garantizado». Esa es tu única y más importante prioridad. Velar y cuidar por tu bienestar, no meramente vivir protegiéndote (sobreviviendo) y usando lo que no sabes como una excusa para no cuidar de ti. Y, en el proceso, no dar lo mejor de ti a otros.

Estoy claro que las llamadas «crisis existenciales» pueden ser vistas de dos maneras: como un via crucis o como una oportunidad. Ahora, puedes seguir insistiendo en responder las preguntas de la misma manera o puedes hacer algo diferente. Si te sigues respondiendo la pregunta con la misma «forma» de responderla, no te extrañes que sigas teniendo la misma experiencia interna de ti y de la vida. Recuerda, cambiar la pregunta, y la forma de responderla, implica enfrentar la creencia o premisa (razón) de donde nació. Es soltar la razón y eso, para muchos, es aterrador ya que «mejor es tener la razón que tener el resultado».

Hoy te invito a que abraces las preguntas existenciales. Sean las que toda la humanidad se ha hecho o las que tu vida te está pidiendo que te hagas. Estas pueden ser la puerta para elevarte y descubrir una versión de ti, que al menos ahora, te dará luz, claridad y sentido a este momento de tu vida. Recuerda, sólo tienes el presente, ya que el pasado se fue y el futuro no ha llegado. Estás en un proceso, no escribiendo el final de la historia (no importa la edad que tengas).

Tu existencia no está en duda. Ya estás aquí. En vez de cuestionar la razón de tu existencia, comienza a usarla para lo que hoy sabes que puedes dar y aportar al mundo. Define tus principios, elige tus valores y ponlos en práctica mientras sigues caminando en tu proceso llamado vida. Por lo menos vas a llegar a algún lugar satisfecho de dar lo que sabes y quieres dar y lo has hecho congruente con quien eres y cómo quieres vivir.

¿Qué vas a hacer al respecto?

No importa las preguntas existenciales que te hagas, tu existencia no está en juego, cuenta y vale.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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