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Cuidado Lo Que Defiendes, Puede Costarte Mucho

Cuidado lo que defiendes, puede costarte mucho

Hoy va a suceder algo en tu vida que pensarás que es algo normal. Es más, tal vez ni siquiera te des cuenta que lo estás haciendo. Pensarás que es parte de la vida, de lo que haces y, crees que es verdad lo que haces. Especialmente, la manera en que lo haces.

Puede que pase en una entrevista de trabajo, o en una conversación con un familiar, dialogando con tu pareja, con un amigo o lo compartas con un grupo de personas por primera (o milésima vez). Tal vez pase la más común: te lo sigas contando a ti mismo de la manera en que crees que es cierto.

Conversar, compartir y/o decir algo que has vivido puede ser lo más normal de la vida o de tu manera de vivirla. Lo que tal vez no sabes es que la manera en que lo estás contando puede sustentar todo lo que crees y te puede dar toda la razón, pero puede matar lo que más quieres tener: tu poder.

¿Qué quiere decir esto?

Durante mucho tiempo yo contaba varios episodios de mi vida. Momentos o situaciones de mi infancia. El momento y las razones por las que me separé de la madre de mi hijo. El porqué decidí renunciar a un empleo en mis días de periodista. Qué fue lo que pasó en medio de una asignación periodística que me llevó a casi renunciar por haberme sentido «traicionado». Y así sucesivamente.

En todas las versiones que contaba a acerca de estos episodios había unos puntos en común. En todos de alguna manera tenía la razón de haber hecho lo que hice. La ira era una emoción que jugaba un gran papel en la toma de decisiones y en mis comportamientos. De alguna manera «el otro» era el culpable por lo que sucedió y por eso tengo «una justificación o razones» para reaccionar de esta manera. La manera en que lo cuento termino teniendo la «verdad en mis manos y las razones para justificarme o defenderme por lo que pasó».

Cuando más crees que tienes la razón, puedes estar victimizándote o martirizándote por el evento. Nadie cuestiona que lo sucedido no sea cierto. Tampoco que no te haya dolido. Ni el que hayas tenido que comportarte como te comportaste. Pero el que sea cierto y que tengas las justificaciones o razones para comportarte de esa manera sólo te da la razón. Lo que tal vez no te estás dando cuenta es que puedes estar perdiendo tu verdadero PODER por defender la razón. Razón ≠ Poder.

Ayer platicaba con una persona a la que le doy coaching. Estamos diseñando una serie de capacitaciones para un grupo de líderes que ella lidera en su emprendimiento. La pregunta que estábamos explorando para generar ideas era: ¿qué comportamientos de alto liderazgo les cuesta llevar a cabo (o están ausentes) en este grupo de líderes?

Una de sus respuestas fue muy interesante: se cogen pena o creen que lo que han pasado, porque creen que es verdad, les da la autoridad de seguir justificándose y no trascender el evento. En pocas palabras: es más importante seguir aferrado a una historia o manera de ver las cosas que recuperar y/o reclamar su poder.

En el momento que esta persona dijo esto, me acordé de los eventos que te acabo de mencionar. Como durante tanto tiempo «defendía» las razones por las que había hecho lo que hice. Ni hablar la manera en que pensaba que mi versión de los hechos era la correcta, la verdadera y, en muchas ocasiones, la única o más acertada. Ni se me había ocurrido mirarlo de otra manera. Mucho menos, ponerme en los zapatos del otro. Era mi «verdad absoluta o correcta» y punto. Ahí estaba perdiendo mi poder, sin darme cuenta.

Si has trabajo contigo de alguna manera en el campo del crecimiento o el desarrollo personal, se llama hacer la distinción de víctima vs. responsable. Todo evento en la vida es neutral. Puede verse de mil maneras diferentes. En especial dos: verlo como el que vivió el evento y creer que lo que vivió es la única forma o la verdadera forma de verlo. Eso aunque no lo creas, es donde vive la versión víctima de los hechos.

Lo que pasa es que mucha gente cree que «no es víctima de la situación», ya que considerarse «víctima» representa ser débil, sumiso o algo que muestra cierta incapacidad, impotencia o insuficiencia. Para mucha gente es más importante «tener la razón que reclamar y vivir en su poder». Tal vez es el momento de cambiar la pregunta.

¿Tu versión de los hechos que más impacto han tenido en tu vida defienden la razón o te dan el poder? Cuidado con decir «las dos». ¿Qué tal si no tuvieras la razón de tu manera de verlo este evento o existe otra forma de ver ese mismo evento? ¿Cómo sería descubrir una versión que no te de la razón, pero realmente comprendas que podrías reclamar tu verdadero poder?

Para que esta posibilidad exista u ocurra, vas a tener que estar dispuesto a soltar el apego que tienes a tener la razón. A realmente tomar responsabilidad por TODOS los eventos que ocurren en tu vida. Estar dispuesto a ver las cosas de otra manera. Estas dispuesto a ser humilde, soltar el orgullo, perdonar, reconocer, ver que no todo es tener la razón, culpar o señalar a alguien.

¿Qué tienen en común TODOS los eventos que vives en tu vida? Buenos como malos. Tú. Sí, tú. Si quieres crédito cuando pasa algo bueno (y en ocasiones se te olvida darle el crédito a muchos que aportaron a que vivieras ese buen momento), también tienes que estar dispuesto a ver que tú estás presente en las cosas malas que suceden. Sí, en las malas también. Por eso la palabra culpable no es parte de la definición de responsabilidad.

Es por eso que hoy te invito a considerar la opción de reclamar tu poder y no seguir usando la pena o la razón como argumentos para defenderte y no tomar responsabilidad sobre los eventos que vives en tu vida. Vivimos en tiempos donde cuidar la imagen, cómo te perciben los demás o no querer ser humilde o reconocer tus errores es algo que le cuesta mucho a la gente.

Pues ha llegado el momento, seguir defendiendo la razón y tus justificaciones para quedarte en la pena o tomar responsabilidad y, sobretodo, reclamar tu poder. Tú eliges. El no hacerlo no sólo te a costar tus sueños, tu crecimiento y tu autoestima, sino lo que más debería importarte: tu poder. ¿Qué vas a hacer al respecto?

El defender la razón es una adicción. Estás perdiendo lo más importante que tienes: tu poder.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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