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Cuando Creer En Algo No Es Suficiente

Cuando creer en algo no es suficiente

Esta semana, en particular hoy, que muchos dentro de la cristiandad celebran la Semana Santa y el Día de la Resurrección, hay un tema del que no se habla mucho, pero tiene mucho efecto en como nos relacionamos con la espiritualidad, la religión y muchos otros temas en particular. Un tema que en unos círculos es plática abierta. Se examina, se explora, se discute y se trabaja en aprender a mejorarlo. En otros, es visto como un acto deliberado, que incomoda a mucha gente y que genera ronchas o malestar entre la gente.

Hablemos de enrolamiento.

Empecemos por lo que no es. No es persuadir. Menos convencer. Ni empieces a considerar la tentación de manipular, coerción, intimidación, bullying o algo que implique obligar o hacer las cosas por los demás. No es vender propiamente, aunque hay una decisión (y hasta una transacción en ocasiones) involucrada en el proceso. Es algo que ya todos hacemos en mayor o menor grado, porque los sistemas que hoy día existen nos llevan (o condicionan) a hacerlo.

Hoy tú como yo, estamos enrolados en muchos sistemas que nos dirigen, condicionan o conducen a enrolar a otros en hacer cosas y hasta cómo nos relacionamos. Desde los sistemas educativos, los religiosos, los políticos, los económicos y hasta los que se usan en empresas y el sector privado, son mecanismos de enrolamiento. ¿Por qué la religión genera tanta polarización? Por la manera en que busca «enrolar» a la gente. Requieres buscar la religión como una manera de salvarte y no promueven sistemas que estimulan la manera en que «puedes» relacionarte con un Ser Supremo.

Algo parecido sucede con el modelo educativo. Tú fuiste a la escuela porque tus padres fueron enrolados en un sistema en el que «estudiar» para obtener una «carrera», para obtener un «título» es lo que se «debe» hacer. Ya sea la política, los dogmas o el servicio militar, son parte de un modelo que estimula ciertos comportamientos que ya son esperados dentro del marco de enrolamiento que tienen. El problema es que el modelo de enrolamiento es más dentro del marco de «tienes que» en vez de «elegirlo». Ya entraré en detalle.

El otro día escuchaba un podcast que llevo escuchando una y otra vez por lo claro, conciso y hasta lo ampliamente contextual qué es para explicar este tema. Es de uno de mis autores preferidos llamados Seth Godin y si deseas escucharlo puedes hacerlo aquí (https://podcasts.apple.com/us/podcast/akimbo-a-podcast-from-seth-godin/id1345042626?i=1000647362114). Se llama Akimbo y es en inglés.

Dicho podcast me sirvió de trasfondo para una charla/presentación que diseñé y facilité esta semana pasada para un grupo de líderes en un programa de potencial humano. El propósito de la misma era abrir una puerta de conversación, ya que es un término del que ya son parte y van a seguir siéndolo fuera del programa. Es parte de la vida y el no tener claro el término (y su aplicación) hace que genere conflictos internos.

Godin hace una importante distinción cuando habla de este tema. Cumplimiento vs. Posibilidad. Hemos sido enrolados a sistemas de cumplimiento toda la vida. Son sistemas que viven de la competencia, la escasez, la comparación, donde se hace lo que otros esperan de ti y viven de estructuras de mandato o gerencia. Aquí puedes ser víctima del sistema, rebelarte toda la vida y no ver cómo sigues siendo enrolado (y enrolas a otros) a duplicarlos.

Los sistemas de posibilidad, como bien dice Godin, son voluntarios. Se centran en el desarrollo de liderazgo, en la generosidad, en aprender a ser tu mejor versión. En la mejora continua. Haces lo que quieres y otros eligen seguirte o no. Todo gira en tu capacidad de ser responsable de tus elecciones y las consecuencias que eso conlleva. Tal vez por ello hay héroes dentro de estos modelos que se destacaron por ser verdaderos ejemplos de enrolamiento por voluntad que por obligación.

En total honestidad, los modelos tradicionales podría beneficiarse MUCHISIMO, si realmente adoptaran sistemas de enrolamiento diferentes a los que usan actualmente. El dilema es que enrolar, en su contexto amplio, es difícil. Implica exponerte. Es intentarlo una y otra vez hasta que lo dominas, lo sigues haciendo y te vuelves un maestro en ello. Yo lo haces como segunda naturaleza porque todo gira en un aspecto: la manera en que te relacionas con la gente.

Si usamos a Jesucristo como ejemplo, usó ese modelo. Jesús nunca obligó a ninguno de los apóstoles a seguirlo. Fue una elección. Arriesgado. Su vida podía estar en peligro. Tenían que estar dispuestos a cambiar su manera de ver al mundo. De ser vistos como locos, peligros para lo que la «sociedad» establecía como normal.

Enrolamiento requiere: que traigas garra, pasión a la posibilidad que ofreces. Es difícil. Requiere mostrarte, exponerte. Puedes sentirte rechazado. Hacerlo cuantas veces sea necesario hasta que lo hagas correctamente. No estás forzado a hacerlo. Es voluntario. De no enrolar genuinamente, no tendrás gente con la que puedas compartir esta posibilidad (de transformar tu vida) con nadie.

¿Por qué la gente no se enrola o no quiere enrolar?

Creen que no es posible o no lo ven posible. La sociedad no ha normalizado lo que es enrolar. Los sistemas que se emplean caen más en el «tu tienes» que «lo que puede ser posible». Y como parte de la experiencia humana, «todos hemos sido quemados alguna vez» (traicionados, engañados, utilizados, manipulados, usados, etc.) y eso lo usamos de excusa para no enrolarnos en otra cosa, pero seguir enrolados en lo mismo (desconfianza, dolor, tristeza, desconexión, aislamiento, resentimiento, etc.).

Enrolar requiere invertir energía, garra y voluntad: es arriesgado. Podemos desilusionarnos. Es posible que no obtengamos el resultados que queremos. No puedes hacerlo por expectativa. No hay garantía. Lo único seguro es que vas a conocer una parte de ti que hoy no conoces. Eso puede implicar perdonar, ser humilde, reconocer, practicar la empatía, la escucha y las muchas habilidades blandas que son parte de la inteligencia emocional y bien pueden ser imperativas en nuestro «crecimiento espiritual».

Hoy muchos sistemas quieren ofrecernos «una posibilidad» sin enrolamiento. Por eso las redes sociales son tan populares, el salvarte con «aceptar a un dios en tu corazón», «las redes de mercadeo que te van hacer millonario en un día» y cualquier otro sistema que busca atrapar gente. Todos queremos ser influencers, pero no desarrollar las habilidades o capacidades de relacionarse (y relacionarnos) de manera diferente. Por eso la gente no aparece a largo plazo.

Tal vez por eso el 98% de la humanidad cree en alguna forma de la existencia de un Ser Supremo, pero el mundo está en la condición en la que se encuentra.

Por eso convencer o hacer creer no es enrolar. Es más, creer no es el objetivo. Cuestionar lo que crees y ponerlo en práctica diariamente es la intención. Saber que el mundo puede elegir seguirte o no, pero tú puedes elegir relacionarte con el mundo desde una perspectiva de que «los que piensan diferente a mí no es el problema, sino cuando yo juzgo a los demás por no pensar como yo». Eso va a despertar muchos miedos, desprenderte de apegos y conocer quién eres realmente.

Eso es un camino que muchos temen. Por algo una vez un hombre sabio dijo…: «estoy en la pesca de hombres. Deja atrás tus riquezas y sígueme y un hombre rico estaba dispuesto a todo, menos a eso». Enrolar no es hacer lo que otros hacen, sino hacer lo que tal vez pocos hacen y en el camino descubrir quién eres, lo que siempre ha sido tu intención y ver que puedes impactar al mundo de otra manera. y sorprenderte en el camino.

Un vez un compositor escribió: «imagina toda la gente, compartiendo el mundo. Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que un día té unas y el mundo pueda vivir como uno». Lennon nos vendió la posibilidad, ahora requiere que todos nos enrolemos a hacer el trabajo para que suceda.

¿Qué vas a hacer al respecto?

«Imagine» es una posibilidad, nos toca a nosotros salir a enrolar al mundo para hacerla realidad.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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