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Cuando Llega La Tormenta Sin Aviso

Cuando llega la tormenta sin aviso

¿Qué pasa cuando «todo parece estar tranquilo y bien en tu vida», pero los cambios abruptos en las emociones llegan sin advertencia y sin razón aparente alguna? ¿Cómo manejar el acelere que tienes en la mente, aún cuando sientes que estás «aparentemente» tranquilo? ¿Cuándo hacer un alto o un pare, aún cuando crees que estás haciendo las cosas bien, pero no acabas de atacar o manejar la raíz del problema?

Estas y otras preguntas similares suelen ser bien comunes, o de las más frecuentes, con las que me topo con clientes o personas a las que entreno en diferentes entrenamientos o talleres. En estos días me encontré con una persona que se sentía rebasada por estas preguntas y varios eventos que están aconteciendo en su vida. Sé lo que se siente, ya que he tenido momentos en mi vida cuando he experimentado sensaciones similares. Este pasado fin de semana facilité un entrenamiento de abundancia y prosperidad y suelen surgir muchas inquietudes similares.

Ahora, el primer dilema comienza cuando la persona quiere «resolver o solucionar» el problema, pero no mira el «origen» o lo que lo causa. En pocas palabras, ven el efecto y quieren eliminar el efecto lo más rápido posible, pero no quieren atender lo que lo origina. Es como querer seguir tomando pastillas para el dolor de cabeza, pero no mirar o tomar en cuenta la manera en que vives que te causa el estrés, la tensión, el agotamiento o fatiga. Tu cuerpo no tiene otra alternativa que «reaccionar y enviarte una señal» con un dolor de cabeza.

Si eres de los que quieres la pastilla y no atender la causa, puedes dejar de leer y seguir con lo que vas a hacer en tu día. Ahora, si estás dispuesto a hacer dos cosas: tomar la pastilla para alivianar el dolor de cabeza, pero trabajar con tu manera de pensar y actuar, tal vez hay algo de valor para ti si sigues leyendo.

Podemos mirar esto desde muchos puntos de vista, pero hagamos el más simple de todos.

Empecemos por el efecto. Lo que pasa, lo que sientes o lo que termina resultando. Elige el área o aspecto de tu vida que quieras.

¿Cansancio? ¿No tener dinero? ¿Postergar o posponer las cosas? ¿No das el primer, o siguiente, paso? ¿Nunca tienes tiempo; no sabes decir qué no; o te sobre comprometes para demostrar que puedes (pero terminas quedando mal en otros asuntos por eso)? ¿Dejas cosas a medias? ¿Te distraes constantemente? ¿Te cuesta tomar riesgos? ¿Tienes el talento o las habilidades pero no acabas de tomar la decisión?

En tu mente hay una lucha. Por un lado quieres o sabes que puedes hacerlo, pero por el otro sigues cayendo en las mismas tendencias, hábitos o prácticas.

Aquí empieza el primer dilema. Ya tienes una excusa, razón, pretexto o justificación para NO hacer lo que dices. Y el problema no es el no hacerlo, ya que eso lo tienes programado en tu mente. (No olvides que tu mente está diseñada para protegerte y no por eso no lo hace). El dilema es creer que la razón que te das para no hacerlo es REAL o crees que es el problema. No lo es, es un reflejo de tu mente ante lo desconocido, lo incierto y lo que no sabes que puede pasar. (Tu mente prefiere inventarse muchos escenarios fatídicos o falsos, pero no sentirse expuesto).

Mucha gente se sigue creyendo que «cuando se resuelva el problema o las circunstancias alrededor del dilema desaparezca, disminuyan o cambien, este desaparecerá o dejará de ser el problema». (Ese pensamiento le quita a la mente reactiva y protectora, la presión de tener que hacer algo diferente o sentirse vulnerable). Eso hace que enfoques tu atención en «cómo resolver el efecto del problema» y no la causa del mismo. Ahí prefieres una solución, sabiendo que no lo va a resolver, pero es un pensamiento que entra en tu sentido de lógica o «aparentes verdades). Eso sólo será una solución temporal, aparente, pero no atenderá lo que realmente presenta esta situación.

Recuerda, aquí te comportas como el que «tiene que resolver o evitar el problema». Vives en reacción constante. Y si miras la cantidad de data y/o estímulo que ves al día en tu celular o computadora, se sigue perpetuando la creencia de «mejor espero algo seguro que no me exponga que hacer algo que no vaya a funcionar». Ahí quedas atrapado en tu propia red de creencias, pensamientos y comportamientos automáticos. Tu mente sigue proyectando la ilusión de que «en el tiempo lineal o lógico, todo se debe resolver, sin tener que hacer algo extraordinario» (lo que jamás sucederá).

Olvidas lo más importante. Eres «la causa» y no «el efecto». Todo aquello de lo que hoy crees que es el problema que «externamente» te detiene, limita o no permite que crezcas no es real. Es un invento de tu mente. Eso que ves externo, llámale tiempo, dinero, falta de oportunidades, lo que te molesta de alguien o de algo, o cualquier cosa que hoy creas que «no te permite moverte como quisieras», es simplemente TU forma de verlo.

Nació en algún momento para protegerte de lo que no sabías, desconocías, o cuando fuiste lastimado o expuesto por tu entorno. Sirvió para lo que fue creado en ESE MOMENTO. Recuerda, tu mente no sabe diferenciar entre el pasado o el presente. Todo aquello que pueda ponerte en riesgo, peligro o exponerte, va a buscar la manera de «que no lo hagas». Si eso implica enfermarte, sabotearte, huir, parálisis por análisis o lo que sea, lo hará.

Aquí es donde puede empezar a romper el hechizo, la programación o tu mecanismo automático de auto defensa. Se trata de no «seguir diciéndote que el problema es el efecto, sino tu manera de ver o creer que lo es».

Hace varios años que vengo practicando este simple ejercicio. Cada vez que me encuentro, enfrento o mi comité (las voces en mi mente) me empiezan a perturbar, para seguir pensando que «el efecto es el problema o no veo como la causa» me digo:

«Yo elimino este pensamiento. Yo soy perfecta armonía». Aveces he tenido que repetírmelo docenas de veces en un día. Esas voces son producto de varias generaciones en mi familia, de entornos a los que he pertenecido que «ya ven este tipo de pensamiento o comportamiento como algo normal o esperado». Yo no soy ese pensamiento. Ni yo, yo ni tú, ni nadie.

«Yo elimino este pensamiento. Yo soy perfecta armonía».

Hasta aquí sólo estás interrumpiendo y dándote cuenta que ver meramente el efecto de las cosas es muy perverso, normal y, lamentablemente, cómodo. Y te puede estar costando tu salud, tus finanzas, tu sueños, tu energía, tu auto estima y mucho más. Mañana vamos a trabajar con la causa.

¿Qué vas a hacer al respecto?

¿Qué pasa cuando llega una tormenta de emociones o pensamientos inesperados y te paraliza?

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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