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Cuando Crees Que Lo Has Hecho Todo

Cuando crees que lo has hecho todo

Estaba agotado. Lo había hecho todo. Por lo menos eso pensé, en ese instante. Mentalmente no veía qué existía otra posibilidad. Físicamente, no aguantaba ni un minuto más. La fatiga, el cansancio, el agotamiento y la frustración unida a un grado de impotencia-dolor-ira me ganaba. Quería irme lo más lejos posible, huir de todo, y repetirme lo que ya conocía «lo das todo y nunca sale lo que quieres. Y para colmo, no lo valoran o agradecen». Era el guión o la historia que siempre me contaba.

En ese momento, mi mentor no lo permitiría. Ni me lo permitiría. Ni que la situación terminara igual, ni que yo me fuera con la misma percepción de las cosas. Se me paró al frente, no me dejó salir del salón donde estábamos unos 15 líderes con los que estaba trabajando en ese momento. Y me dijo algo que todavía hoy lo guardo en mi mente y era mi corazón.

«Si te dejo salir por esa puerta, sabes lo que va a pasar y lo que vas a hacer. Vas a seguir confirmando tu pasado con la nueva evidencia que acabas de acumular. Es un mecanismo para perpetuar una creencia limitante y no permitirte crecer. Empezar a reclamar la vida que mereces y lo que siempre has querido. Si te quedas, no puedo asegurarte ni lo que suceda o lo que harás, pero te aseguro que algo pasará y será diferente».

Me derrumbé. De mí salió ira, un llanto, un calor que me quemaba las entrañas. Las palabras casi no las podía ni pronunciar. Mi voz se ahogaba entre el dolor y un sentido de frustración permanente que solía sentir en momentos como estos. Era como si algo quisiera salir de mí. No me lo permitía y no sabía cómo hacerlo. Pero algo estaba saliendo. Y a medida que salía, algo comenzaba a suceder.

El problema era yo. Y cuando digo que «el problema era yo, no lo digo desde el espacio de que yo era el culpable». Me refiero a algo simple: si yo soy el arquitecto de mi vida, era el momento de tomar la responsabilidad de lo que había diseñado, creado y, en este caso, manifestado. Claro que había vivido muchas situaciones en mi vida donde podía identificar (o señalar) a las personas que me causaron daño de alguna manera. Igualmente, las que yo había lastimado.

No se trataba de eso. Los culpables y mi culpa no iban a cambiar, mucho menos resolver, lo que estaba pasando. No sólo en ese aspecto de mi vida, en todo. En ese momento yo había elegido la forma de hacer las cosas. Mi manera de pensar, de actuar, mis comportamientos, mi forma de relacionarme (o no) con la gente, mis acciones y, lo que hoy no podía negar, mis resultados. Si no estaba dispuesto a mirar y aceptar que el problema era yo, nunca lo haría.

Ahora mismo, no importa si estás viviendo un momento extraordinario o uno que está retando quién eres. Si no estás dispuesto a tomar responsabilidad por ello, seguirás haciendo lo mismo. De ser un momento de éxito o logro, puedes estar metido en tu ego y no reconocimiento como tu arrogancia, soberbia, prepotencia o «tu título, logro o posición» te está distanciando de la gente que te rodea.

Si estás pasando por un mal momento, tal vez la vida te está diciendo algo muy simple. Ríndete. Deja de resistir. No estoy diciendo que te des por vencido. Para nada. Es de luchar contigo mismo. De demostrar, resistir, sobrevivir. Como cantó Gilberto Santa Rosa en su éxito «Perdóname». «Pido La Paz para esta guerra. Quisiera deponer mis armas. Parar con esta hostilidad, que no conduce a nada. Te propongo una tregua. Hago un llamado a tu conciencia. La mía ya me está matando. Quién te está hablando se rindió. Perdió todas sus fuerzas. Y hoy viene a suplicarte y a pedir perdón». No a nadie, sino a ti mismo.

Hace poco, una persona que me estaba traslado de una ciudad a otra en coche, me preguntaba sobre lo que hacía. De qué se trataba el entrenamiento que venía a dictar. Le mencioné algunas cosas de las que se trabajaban en el mismo, de las cuales puntualicé: desarrollar tu potencial humano, elevar la calidad de tus relaciones, tu productividad y sanar las cosas que no te permiten crecer como quieres. Entre ellas, trabajar el perdón.

En el momento en que mencioné la palabra perdón fue como si tocara un botón muy sensible. Casi inmediatamente reaccionó. «Yo creo que perdonar es algo que no esta en mis manos hacerlo». De ahí pasó a darme una serie de razones para creer y hacer lo que hace con respecto a ese tema. Particularmente cuando se refiere a otras personas. Lo escuché y le dije, «¿qué pasa cuando no tiene que ver con otras personas? ¿Qué tal si tu vida ahora mismo te está pidiendo que te perdones a ti? Por las razones que sean… Hubo un silencio prolongado en el coche y su respuesta fue: «nunca lo había mirado de esa manera». Sólo le dije: «considéralo, podría serte útil, especialmente en los momentos cuando las cosas no van como quisieras».

Aveces el problema no tiene nada que ver con lo que haces (el Hacer). Tampoco lo que logras o no logras. Eso que más quieras Tener o alcanzar. No se trata si eres una buena o mala persona. Tampoco si eres inteligente o no. Ni siquiera si tienes el talento, el título o el puesto. Se trata de quien estás siendo, o no te estás dando el permiso de SER.

Responsabilidad es una oportunidad. No sólo para interpretar las cosas que salen bien o cuándo luces como un héroe de guerra. Eso es bien fácil, cómodo y es más un acto de auto reconocimiento «de lo bien que hago las cosas o lo chingón que yo». Eso es crédito. Responsabilidad es mucho más que eso. Es ver tu vida, y todo lo que has vivido hasta el momento, de manera diferente. En ves de pensar «porqué te pasó», comiences a preguntarte «para qué te pasó». Es mirar quien has sido hasta el momento y descubrir quien puedes SER a partir de este momento.

Es comenzar a operar desde el reconocer, aceptar, ser humilde, mirar adentro, aprender, darte cuenta de muchas cosas que no habías considerado. Qué «defender la razón, querer tener el control, luchar por mantener una imagen, evitar los conflictos o el dolor y siempre tener una excusa» no cambia las cosas. Ni creces como persona. Nunca explotas tu potencial o alcanzas tu mejor versión. Sólo sigues protegiendo tu auto-concepto, tus logros, tu título o tus viejas heridas. Eres una víctima profesional. Aceptada por la sociedad y, tristemente, por ti mismo. Te sigues comprando la historia y crees que es cierta. No lo es, la has convertido en TU REALIDAD.

Por eso me sentía ese día tan agotado, cansado, harto y juraba que no había nada más «por HACER». Claro, no había más por HACER, sino por SER. Mi EGO quería defenderse y justificarse por hacer lo que sabía o siempre hacía. Por eso me atoraba en el mismo punto. La vida te puede estar pidiendo a gritos esto que te menciono. No se trata de que hagas más, sino que seas (SER) quien nunca has sido. Para TENER mas, requieres SER mas, no HACER más.

El problema es que no has querido ver o aceptar dónde está el verdadero problema. Lamento decírtelo, pero eres tú. Si no aceptas que eres el punto de dónde parte el problema (tu forma de ver las cosas), ¿cómo esperas descubrir y ser parte de la solución? (la nueva forma de verlas). La responsabilidad te espera. Y la vida que quieres vivir también.

¿Qué vas a hacer al respecto?

¿Qué tienen en común los eventos de tu vida? A ti. Tal vez hay mucho más para ver de lo que crees.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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