Cuando corres de lo que más quieres
¡Qué difícil es conocer a alguien que te importa y saber que está pasando por un momento difícil en su vida, que requiere procesarlo de manera profunda, pero rehusa hacerlo! Esta persona busca todos los medios para reunir la fuerza, ser el fuerte, pero sus esfuerzos comienzan a mostrar grietas y le quitan más de lo que le aportan.
En un momento de mi vida hubiera insistido que la persona hiciera algo. Me hubiera dado a la tarea de buscar cómo ayudarla a procesar el dolor. A liberar. A sanar. Pero hoy he comprendido que ese camino puede ser bueno para mí, pero no para el que lo está viviendo.
Cada persona va a caminar un camino. Ese camino va a requerir que enfrente, supere y procese las experiencias de su vida de tal manera en que las lecciones realmente sean aprendidas. De lo contrario, las va a repetir. Se van a convertir en patrones, en círculos viciosos y capítulos que se repiten. En algunos casos, cada vez más dolorosos.
Algunas personas piensan que sobrevivir la repetición de estos círculos es resiliencia. No lo es. Resiliencia es cuando las superas, las trasciendes, y no las repites. Si, la vida se encargará de darte nuevas lecciones, algunas más grandes que las anteriores, pero las aprendidas, realmente aprendidas, ya no se repiten.
A menos de que te resignes. Que tires la toalla. Pienses que no vale la pena enfrentarlo. Que todo va a seguir igual. El que no hayas realmente perdonado, a ti y a otros, por lo vivido. Ahí es cuando la ilusión de creer que la lección es permanente, o no puede ser sanada, requiere atenderse. Es cuando el dolor se aferra a tu EGO para convertirse en sufrimiento y lo comienzas a cargar toda la vida.
Eso ví en la cara de esta persona. Creo que todos hemos tocado ese espacio alguna vez de alguna manera. Al menos yo sí. ¿Tú? El poder estar presente fue muy aleccionador. Y lo que pasó también.
Hace un par de días que llevo una canción muy a flor de piel. Una composición que descubrí hace mucho tiempo en voz de varios artistas, pero la de uno de sus co-autores ha sido una de mis favoritas. Es una canción muy sensible, muy emotiva y que toca mi corazón.
Se llama «Desperado», por Don Henley y Glenn Frey. No pensaría que la canción sería una manera de conectar con una persona que esta viviendo lo que dice la canción. Aquí un pedazo del tema, traducido.
«Forajido
¿Porqué no vuelves a tus sentidos?
Llevas tiempos brincando cercas
Estas cosas que hoy haces para sobrevivir
Pueden herirte de alguna manera
Forajido
Oh, no te estás volviendo más joven
Tu dolor y tu deseo
Te regresan a casa.
La libertad, la llamada libertad
Bueno eso son palabras que dice la gente.
Tu prisión es caminar por este mundo sintiéndote solo
¿Tus pies no se sienten fríos en el invierno?
Del cielo no cae nieve y el sol no brilla
Es difícil reconocer la noche del día
Y estás perdiendo todas tus altas y bajas
No es gracioso como el amor comienza
a desaparecer…
Forajido
¿Porqué no vuelves a tus sentidos?
Baja de estar en la cerca y abre la puerta
Puede estar lloviendo, pero hay un arcoíris sobre ti
Deja que alguien te ame
Deja que alguien te ame
Antes de que sea demasiado tarde.
Si quieres escuchar esta canción completa, puedes ver este video (https://youtu.be/igRJTKNBX5k).
Ayer pude ver en un rostro ese momento. Alguien haber estado tanto tiempo como un forajido de si mismo, de su dolor y del amor que vive atrapado en su ser. Corriendo de su propio dolor, de su propia historia que se inventó para hoy sobrevivir, pero llega un momento que lo que reprimes te mata. Se puede crear un gran escudo para protegernos, para que no duela, pero hay un detalle: el amor no puede entrar. Y, tarde o temprano, el amor es el alimento que da vida. Si no te alimentas muere tu espíritu, tu pasión, tu alegría y es como caminar por el infierno.
Antes de terminar la plática con esta persona, comenzó el hielo a derretirse. La puerta comenzó a abrirse para dejar salir lo que vivía atrapado. Queda trabajo por haber, pero ese primer paso, por pequeño que sea, es importante. El forajido comienza a dejar de huir, de correr y comienza a comprender que todos queremos los mismo: amar y ser amados.
¿Qué vas a hacer al respecto?

