Pide lo que no pides
Este fin de semana hice algo fuera de lo normal. Por lo menos para mi. Algo que suelo decirle a la gente que haga, lo hice públicamente con un grupo por primera vez.
Pedi algo que quería y deseaba mucho. Me di el permiso de pedirle a un grupo de voluntarios en un taller que facilitaba este fin de semana, que me regalaran algo.
No me da pena pedir lo que quiero a las personas indicadas o adecuadas, en el momento adecuado. Pero a un grupo como este, nunca me había dado el espacio de hacerlo. En 28 años de trabajo.
Siempre hay una primera vez para todo, dicen por ahí.
Como mi cumpleaños se acerca, le pedí al grupo que me obsequiaran un pastel de chocolate de un lugar que me gusta mucho en la Ciudad donde me encontraba. Eso quería. Y lo pedí con mucha tranquilidad y sin tener que recurrir a ningún tipo de táctica o estrategia.
Fue muy liberador. De cierta manera, no se trataba del pastel, ni tampoco de la ocasión, sino de abrirme a la posibilidad de pedir algo por hacer el pedido. De manera genuina y auténtica.
Pregúntate:
¿Qué cosas te cuestan pedir en tu vida?
¿Cuál sería el valor o el impacto que podría tener en tu vida si lo hicieras?
¿Con quién, o cuándo, podría sería el momento ideal para romper el hielo y dar el paso de pedir?
¿De qué te estás perdiendo por no pedir?
Este mes me voy a dar el permiso de pedir. En varias ocasiones. Para empezar a ganarle a la resistencia de no pedir.
De creer que no merezco.
De creer que van a juzgar, criticar y mirarme raro por pedir.
De dejar pasar oportunidades de no recibir.
Hoy solo voy a pensar en una cosa: que si no pido, el mundo nunca sabrá lo que quiero. Agosto será el mes de pedir lo que quiero, lo que merezco y abrirme a recibir y sentir el poder de pedir.
¿Qué vas a hacer al respecto?

