Las trampas de la escasez
Es la excusa que no sueltas. Cada vez que te sobre comprometes. Cuando no pones límites. Es no saber decir qué NO. Cada vez que piensas que complacer a tu pareja es la única o mejor forma de ser feliz. Cuando no sacas el tiempo para hacer tus cosas y siempre pones primero a los demás.
Cada vez que no tienes el dinero que quieres tener. Pero no cambias tu forma de hacer dinero, manejar tu dinero, multiplicar tu dinero o, la peor de todas, la conversación que tienes sobre el dinero. Le das tu poder al dinero y terminas creyendo que la cantidad de dinero que tienes (o no tienes) representa quién eres.
Vamos al grano. Son los apegos que tienes que permites que te usen para seguir creyendo que si no tienes ciertas cosas, objetos, personas o dominas este tipo de situaciones, te sientes incompleto, insatisfecho o no eres pleno. Tu campo mental, emocional, mental y hasta energético no funcionan en total claridad, enfoque, poder o responsabilidad, por seguir con tus apegos.
Son esos miedos que siguen apareciendo, nublando o dominando tu mente y tu campo de acciones cada vez que sabes que requieres tomar una decisión, riesgo o simplemente lanzarte por algo más grande o ser tu mejor versión. ¿Y si sale mal? ¿Qué pasa si después de hacerlo no me sale como quiero?
«Mejor es malo conocido que bueno por conocer«. «Mejor es pájaro en mano que mil volando». «Estoy conforme así». «Déjame así». «Ya lo he hecho en el pasado, ¿para qué arriesgarme ahora?». Esas son algunas de las frases, creencias, pensamientos o preguntas que la gente se hace para seguir encubriendo lo que está entre ellos y su grandeza.
Es la razón por la que no sigues la dieta. La dejas a media. No completas lo que dices que vas hacer. No vives como tu palabra. Y muchas otras razones, excusas, pretextos cuentos o justificaciones que utilizas, convenientemente, para no ser la persona que dices qué vas hacer o hacer lo que dices que vas hacer. Para en todos los aspectos de tu vida. Es tan perversa, que terminas creyendo que lo que hoy vives o tienes, es real y permanente.
Tu escasez.
Sí, tiene muchos nombres, formas, disfraces, máscaras y maneras de mostrarse, esconderse, defenderse y excusarse. Es más, son todas las excusas externas que hoy son parte de tu vida, que dices para no hacer o no poder hacerlas. En algunos casos son tus padres, tu pareja, tus hijos, tu trabajo, la sociedad, tu pasado (los que te hicieron daño), el dinero, el tiempo o todo lo que vive fuera de ti para ni siquiera pensar en lo más obvio y aparente: que está dentro de ti. Yo le llamo «las trampas de la escasez».
Escasez no es ausencia o carencia de cosas, personas, materiales u objetos, sino una condición mental. Es un estado de negación, de incredulidad, de desconfianza, de carencia, de no ver, de no creer y no te conectar con lo que ya tienes y abunda en ti y en todo este vasto Universo.
Energía.
Abundancia es saber y reconocer que tú y todo lo que te rodea este hecho y se mueve con la energía. Estás conectado a todo. Jamás puedes desconectarte de la fuente que te creó y a la que siempre vas a pertenecer. Tu puedes caer en el encanto o hechizo de pensar que estás separado y sentirte aislado, solo, desconectado, que no perteneces o simplemente no encajas, pero eso no es tu estado natural. Es una creencia.
Tú no naces desconectado, tú crees que lo estás cuando jamás lo estarás.
Si eres energía y estás conectado a ella en todo momento, la pregunta obligada es: ¿cómo estás usando tu energía? ¿Para fluir o resistir? Cuando fluyes algo diferente sucede con tu mente, tus pensamientos, tus creencias, tus actitudes, tus acciones, tus reacciones y, sobretodo, tus resultados. Lo que GENERAS en el mundo.
Cuando resistes, cuando te pones en posición de represa, donde no perdonas, aguantas, callas, retienes, no fluyes y quieres ver las cosas de una manera, tu energía se estanca. Algo deja de suceder. Tu energía no se mueve. Tus pensamientos no cambian. Tus acciones y/o actitudes permanecen iguales y te preguntas: ¿porqué las cosas no avanzan?
Comienzas a creer que la escasez es real y la empiezas a proyectar en todo.
Te cierras al amor. No confías en nadie. Tu círculo se hace más pequeño. Tus sueños mueren. Tus aspiraciones dejan de tener fuerza. Te enfocas en lo que te ayuda a sobrevivir. A defender la razón. Estar en control. Evitar los conflictos o el dolor. Lucir bien. Crear un catálogo de excusas.
Aquí al escasez se convierte en un agente que crees que es parte de la vida.
No lo es. Nunca lo será. Siempre será una ilusión. Como la separación. Lo que abunda, y siempre abundará en este vasto a inagotable Universo es energía. Cuando te conectas con ella, operas desde ella y no buscas manipularla, coartarla, reprimirla, oprimirla, intimidar con ella o simplemente querer ayudar de ella, en lo que sea, verás lo abundante que eres y siempre lo serás.
Tú eres abundante. No busques lo que ya tienes. Manifiéstala.
Creando. Conociendo. Curiosidad. Aprendiendo. Perdonando. Siendo humilde. Compartiendo. Siendo generoso. Dar. Recibir. Merecer. Eres suficiente. Eres capaz. No estás solo. Siempre estás conectado. Pide apoyo. Brinda. Escucha. Abre. Cuestiona. Reta. Piensa. Cultiva tu consciencia. Existen muchas formas de hacerlo. No seas terreno fértil de tus trampas de la escasez y termines siendo rehén de ellas. No te permitas seguir teniendo una existencia basada o que gire alrededor de al escasez y mates tu estado natural, la abundancia que ya vive y eres tú.
¿Qué vas a hacer al respecto?

