El precio del camino por recorrer
¿Cómo sabes si lo que haces lo haces realmente por el disfrute del viaje o por lo que quieres obtener al final del camino? En pocas palabras, ¿cómo sabes si lo que haces o estás por hacer, es tu llamado o es una buena ilusión cubierta con tus expectativas esperando del destino, de la inversión que requiere?
Y no me refiero a la inversión de tiempo o dinero que pueda conllevar lograr esa meta, sino la más importante. La inversión emocional. Esa que conlleva entregar el amor, el alma, enfrentar el dolor, el crecimiento, la incertidumbre, el no saber, el sentirte perdido, confundido, el querer mandar todo a la mierda en ocasiones, el preguntarte mil y una veces si vale (o valió la pena) andar el camino andado. Esa inversión. Ese riesgo. Ese reto. Pasar por esa puerta.
«¿Cuándo en realidad supiste que querías dedicarte al coaching, facilitar talleres, y darte cuenta que era tu llamado?» Esa pregunta me la hizo un amigo la otra noche en un reunión. Me tomó por sorpresa ya que nunca me la habían abordado de esa manera?
Recordar el momento, el año, o desde cuándo es simple. Pero creo que la respuesta que tiene la carnita, el valor para todos, es la honesta, la que no tiene que ver con el momento, sino con esa verdad personal que tal vez no se dice pero a fin de cuentas resulta siendo la realidad.
No lo sé. Lo único que sé es que un día descubrí algo en mí que me llevó a hacer una declaración: «yo voy a hacer eso (ser un facilitador/coach) o cómo se llame». En ese momento no sabía qué tenía que hacer, el tiempo que fuera a tomarme o los retos que enfrentaría para hacer realidad esa declaración. Simplemente me lancé en ese camino.
Hoy, veintiocho años después no sé si puedo llamarlo mi llamado, una vocación o qué. Es algo que descubrí qué amo hacer y podría hacerlo con amor por mucho tiempo. Pero de la misma forma en que mi amor por la música y escribir es algo que tengo y tendré por toda la vida, le pongo amor, pero no sé si es un llamado. Hoy podría dejarlo totalmente y sentiría que hice que realmente quería hacer. Sin cuestionamientos o miramientos, sin remordimientos. Aceptando los precios, las consecuencias, los resultados. Total responsabilidad.
Creo que a lo que realmente me llevó reflexionar la pregunta es, ¿hasta qué punto estás dispuesto a comprometerte, a entregarte a algo por completo sin apego al resultado? No saber qué va a pasar, pero hacerlo como quiera. Esa es la lección. No una expectativa.
No es saber si algo es tu vocación, sino la manera en que vas a aprovechar la oportunidad y sacarle el máximo. No saber hasta dónde te llevará, pero donde te dejará será mejor que donde estás. Porque tú te conviertes en lo que quieres obtener. Nuevamente, no mirando el resultado que deseas obtener sino la manera en que tú te vas a convertir en el producto. Mientras estás viviendo el proceso. Como el SER se convierte en el TENER, mientras estás en el HACER. El tiempo que sea.
Durante mucho tiempo algunos de mis mentores me dijeron: «vas a pensar por momentos que llegaste a cierto nivel. No le hagas caso. Eso es tu EGO. En ese momento es que comienzas. Requieres ir más a fondo, profundizar y realmente ver que ahora comienzas a SER eso, no meramente HACERLO». Esa lección me conllevó muchos años aprenderla. Poder apreciarla e internalizarla.
No es llegar, es aceptar donde estás en tu camino con humildad y seguir caminando. Ahora mismo a penas comienzo otro camino. El de escribir, pero hacerlo en serio. Estoy por comenzar un curso y proceso de escribir de manera observada, donde voy a estar dispuesto a que personas con mucho más bagaje me digan lo que ven y lo que no ven. Será un proceso duro, difícil y que mi EGO será expuesto de muchas maneras. Si quiero realmente llegar a otro nivel, es parte del proceso.
Aquí me siento como esa persona que hace 28 años declaró: «quiero ser un entrenador de talleres». Y encaminarme de la misma manera. Hoy comienzo un nuevo camino. Ya les iré compartiendo cómo voy. Este blog ha sido un proceso de práctica por poco más de tres años. Y lo seguirá siendo. Gracias por ser parte de mi proceso. Eso nada más me honra y me inspira a querer mejorar. No sé qué pasará, pero estoy entusiasmado de lo que será el proceso. Eso lo único que puedo controlar. Vivir y disfrutarme el proceso.
¿Qué vas a hacer al respecto del proceso en el que estás caminando ahora mismo?

