El grito de tu alma
Parece que el tema de «lo que nos atora» tocó a mucha gente. El Domingo de Descubrimiento de esta semana (un blog privado que envió a los que están suscritos a mi página), detonó a que mucha gente me escribiera y lo compartiera. En particular, algo que dije que muchos señalaron: «¿qué tal si lo que te tiene atorado no es la situación, sino el pensamiento que usas para enfrentarlo o resolverlo?».
Esta mañana leía una de mis lecciones diarias, la de Brianna Wiest, que habla de algo que me parece muy atinado. Especialmente, los que se puedan estar sintiendo que su vida no se mueve o con la velocidad, el fuerza, la claridad o en la dirección en la que quisieras.
«Cuando observas algo durante demasiado tiempo, inevitablemente descubres todos los fallos microscópicos que posee, y cuando te centras mucho en esas imperfecciones tan pequeñas, empiezas a formar una imagen que tiene un defecto fundamental. La introspección puede funcionar igual. Este bien mirar en tu interior, pero sólo si ya has pasado suficiente tiempo proyectándote hacia fuera: viendo, sintiendo, experimentando cosas nuevas. Si te pasas la vida examinándote, encontrarás más que suficiente con lo que estar insatisfecho». Boom.
¿Qué tal si te pasas demasiado tiempo pensando en lo que te falta y no aprecias lo que te funciona?
¿Quién te dijo que para iniciar, seguir o completar algo, primero tenías que estar «perfecto» o ser un «producto terminado» para que no puedan juzgarte, evaluarte, criticarte o no tomarte en cuenta?
¿Cómo se siente vivir (o sobre vivir) pensando constantemente que «hasta que esa parte del auto concepto que tienes de ti mismo la hayas superado» no te permite ser quien quieres ser o sentirte merecedor de recibir lo que realmente quieres?
¿Cuándo vas a mirar más afuera (no para compararte, juzgarte, medirte o evaluarte) y darte permiso de conectar con lo que te rodea desde otro lugar, otro espacio?
¿A dónde vas a encontrar la solución si sigues mirando en el mismo lugar, de la misma forma y no te permites abrir el panorama (mental, emocional, espiritual, energético o relacional)?
Una de las trampas más grandes que se ponen las personas hoy día vive en sus manos. Claro que todo parte de la mente y la manera en que la has entrenado (y la sigues entrenando con tus prácticas y hábitos). Ahora, la segunda, y tal vez la mas insidiosa de todas. Tu celular y el tiempo que pasas en la data esfera.
Al ser consumidores de tanto contenido en las redes y en la Internet, tu mente entra en los llamados «loops» (circuito o círculo). El querer buscar cierto tipo de información (o exponerte a cierto tipo de contenido), alimenta las creencias (especialmente las subconscientes e inconscientes) que ya residen en tu mente. Eso alimenta y fomenta cierto tipo de emoción, comportamiento, conducta y acción (esto incluye no hacer nada o quedarte analizando).
¿Qué es algo visible y notable de esta era? La gente tiende a aislarse más, a desconectarse más, a comunicar menos y a ensimismarse más. O sea, pasar más tiempo adentro (ya sea en su mente o analizando) y menos afuera. Y si el tiempo que pasas dentro es alimentando el mismo circuito, lo que termina haciendo es fortaleciendo la creencia de donde nace.
Cómo sería…
Dejar tu celular fuera de tu cuarto a la hora de dormir.
Pasar un periodo de al menos 30 a 60 minutos del día sin mirarlo.
Quitar las notificaciones de las aplicaciones que te desenfocan, distraen o te sacan de tu centro emocional o mental.
Caminar en la naturaleza por lo menos una vez a la semana o sentarte en un parque a observar los árboles.
Crear hábitos de sueño saludables (dormirte a una hora y levantarte a una hora).
Hablar con una persona diferente de tus listas de contactos una vez a la semana.
Observar lo que ves, lees, oyes y darte el permiso de depurarlo cada tres a seis meses.
Hacer una evaluación honesta de «quiénes» son las personas con las que más tiempo pasas y ver si realmente te aportan a dos cosas vitales: quién quieres ser (generan estrés o espacio) y lo que deseas lograr (tus sueños).
Pedir retroalimentación de las personas que no van a comprarte tus cuentos, excusas, pretextos, creencias limitantes y van a ver tu grandeza.
Como todo en la vida. Si le das el espacio para que pueda depurarse, la naturaleza sabe qué hacer. Pero tal vez aquí el que requiera darse ese espacio, seas tú contigo mismo. No para seguir analizando, evitando, negando o escondiéndote, sino para hacer algo realmente «diferente». Vaciar tu mente, o por lo menos, dejar de saturarla con lo mismo.
«Descansa la vista y la mente y deja que se asiente tu corazón. Cuando pienses en ti de nuevo, lo harás con más bondad y gentileza. Comprenderás que buscarle defectos a tu Alma no es crecimiento, sino resistencia. Es una negación de la bella verdad de todo lo que has llegado a ser», concluye Wiest en su lección. Nada más cierto. Tal vez es hora de dejar de mirar tanto y apreciar todo lo que te rodea que te servirá para llegar a donde siempre has querido (y mereces).
¿Qué vas a hacer al respecto?

