El efecto de la mejora continua
Ayer trabajaba con un coachee de un tema muy particular: la mejora continua. Es un término que se usa mucho en el mundo empresarial y corporativo. Ya dentro del mundo del crecimiento personal o el desarrollo de consciencia, implica mirar una serie de creencias, mentalidad y hábitos que mucha gente suele confundir. Por ejemplo: el logro con la constancia, el éxito con el proceso, la disciplina con el acto ocasional, el placer del momento con la plenitud a mediano o largo plazo.
Si ayer hablé de ser una disrupción en tu vida, hoy quiero invitarte a mirar algo simple: cómo una pequeña mejora continua en un aspecto de tu vida puede hacer una gran diferencia. Si te preguntara: de las diferentes áreas de tu vida, ¿cuál es la que sueles dejar abandonada, sin constancia o la buscas «cuando lo necesitas o cuando ya es obvio que hagas algo al respecto»?
No se tú, como dice Luis Miguel en una de sus canciones, pero de las que más escucho constantemente cuando hablo en talleres, seminarios, charlas, consultorías o sesiones individuales de coaching son: salud, cuidado personal, ejercicio, finanzas, aspiraciones y, aunque no lo creas, la que toca a todas las mencionadas; tu espiritualidad o con tu conexión con algo más grande que tú.
¿Por qué esta área suele ser la que más resistencia, trabajo, esfuerzo o disciplina cuesta aplicar o practicar de manera constante? Puede haber muchas razones, pero la más importante es la tuya, no la que yo puede inferir o decirte. Ahora, trabajar tu espiritualidad o tu conexión con todo implica muchas cosas.
Aquí algunas de ellas:
Alterar tus creencias con respecto a cómo ves todo (incluyéndote a ti).
Soltar apegos, cuestionar tus premisas y todo en lo que has basado lo que has hecho.
Eso conlleva a alterar tu manera de relacionarte contigo y con todo el mundo.
No miras afuera, ni te dejas llevar por lo que pasa allá, sino dentro de ti.
Te abriría una puerta muy importante: la del SER y todas las maneras de ser que puedes accesar que no conoces o te has dado el permiso de descubrir de ti.
El perdón, la humildad, el reconocer y el no saber se convertirían en parte integral de tu manera de vivir.
Sanar heridas o carencias emocionales que cargas. Soltar prejuicios.
La curiosidad, el querer aprender constantemente y estar dispuesto a ser un principiante en cualquier momento serían tu carta de presentación.
Tus comportamientos, tus acciones, tus hábitos y tus prácticas cambiarían dramáticamente.
Podrías ser objeto de burla, crítica, señalamiento, aislamiento, comparación, intimidación, ataques o hasta desprecio. (Ya no eres el mismo/o la misma).
Tendrías que estar dispuesto a pagar precios, enfrentar tu soledad (lo que más temes), para descubrir que nunca estás solo, ya que estás conectado.
Ser una disrupción en tu propia vida es el primer paso, como decía ayer. Hoy te invito a que consideres la posibilidad de que tu mejora continua depende de una sola cosa: trabajar tu espiritualidad. Como una vez leí hace muchos años: «ningún proceso de crecimiento personal está completo si no incluye tu crecimiento espiritual». Sin duda. Es usar el mismo principio que presenta Darren Hardy en su libro «El Efecto Compuesto». Pequeños pasos todos los días van creando un efecto compuesto que luego alterará el rumbo de tu vida.
¿Qué vas a hacer al respecto?

