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Relaciones Extraordinarias En 4 Pasos

Relaciones extraordinarias en 4 pasos

Rosa es una mujer a la que le encanta tener el control. Para ella, el que se hagan las cosas es importante, pero que se hagan como ella quiere, cuándo ella quiere y de la manera en que ella lo quiere puede ser, tan o más importante, que se hagan. Ella tiene un corazón enorme. El dilema es que lo deja salir y mostrar de la misma manera en que hace las cosas: con quién quiere, cuándo quiere y de la manera en que entiende que debe hacerse. Eso puede ser contraproducente, ya que no todo el mundo conoce sus códigos. Muchas veces ella tiende a querer convencer a la gente con sus argumentos, en vez de conmoverlos con el amor que tiene para dar y lo que siente por los demás.

José es un hombre que lleva años cargando muchas cosas. De todo tipo, especialmente, las que le duelen. Es del tipo de hombre que aprendió que los hombres deben ser de teflón: duro en la superficie, que nada se pegue a ella y, eventualmente, pueda seguirse usando y mantenga la misma cualidad con el paso de los años. El problema es que la vida, especialmente las relaciones y las emociones, no funcionan de esa manera. José piensa que todo en la vida funciona por y desde la cabeza, todo de manera racional y sin dedicarle mucho tiempo a lo que vive en la mente y, mucho menos, en el corazón.

Tuve la oportunidad de estar cerca de estas dos personas en las pasadas dos semanas. Rosa de manera individual y José en un taller grupal. Aunque ambos casos suenan diferentes, en realidad el fin es el mismo. Que puedan ser las personas que realmente son, que puedan mostrar el amor que vive dentro de ellos y puedan serlo de manera libre, abierta y sin tener que condicionarse «al momento, la persona o las condiciones apropiadas para serlo».

Más que decirte qué pasó, creo que podría ser de gran valor compartir lo que puede ser funcional o práctico para ti, desde la perspectiva de cuatro cosas que puedes hacer para liberarte del control (como en el caso de Rosa) y del encierro (como José). En ambos casos, estas personas son muy cuidadosas con quien muestran un lado honesto, abierto y, lo que podría decirse, vulnerable. Por lo general, no suelen hacerlo muy a menudo, seguido y con todo el mundo.

Ahora, independientemente de con quién o cuándo lo hacen, lo que quiero decirte es algo que está disponible para ti hoy, en este momento. Cada vez que interactúas con alguien, platicas con alguien o te encuentras con alguien, puede ser una gran oportunidad para poder llevar tu relación al siguiente nivel. Esa es la pregunta inicial que puedes hacerte: ¿cuál es el siguiente nivel en mi relación con esta persona? Cuidado con decir «bien» porque bien es la palabra que cubre la mediocridad, los miedos, el conformismo, la resignación, la impotencia y «la callada desesperación del silencio» en la que muchos viven y se quedan en relaciones.

Por temor a hablar no hablan. Ante el miedo de sentirse expuestos, vulnerables o «rechazados» prefieren no decir nada. Con el incertidumbre de perder un amigo, que te molestes o «te hieran», mejor «dejan las cosas como están» o para no dejar salir su ira, que no es otra cosa que dolores acumulados, prefieren dejar que el tiempo y/o la distancia (física, emocional o la indiferencia) mantengan el «Status quo» en vez de hacer algo al respecto. Ni me digas los que tienen el miedo de quedarse solos. Eso es un ataúd de cosas guardadas en su ser.

Estas son las cuatro cosas que puedes hacer, ya sea por ti mismo, como por alguien para poder apoyarlos en su proceso de crecimiento personal, desarrollo de consciencia o elevar la calidad de tu relación.

  1. Escuchar – nada hay nada mejor que escuchar a alguien. Especialmente lo que no dicen, pero puedes verlo en su lenguaje no verbal (su cuerpo, su energía, sus emociones, sus expresiones o sus comportamientos). Si un gesto vale más que mil palabras, observarlos puede ser el regalo más grande que puedas darte (y darle a esa persona). Esto implica no reaccionar a lo que digan (especialmente si estás en desacuerdo, no lo crees o no es tu estilo), recuerda estás escuchando a alguien no juzgándola.
  2. Hacer distinciones de lo que escuchas y poder apoyar a la persona a ver el contraste que existe en lo que dice – Parece increíble lo que voy a decirte, pero mucha gente no se escucha a sí misma. Sí, no se escucha. Sabe lo que dice y hasta lo defiende, pero no lo escucha a profundidad. Muchas veces lo que decimos es una manera de protegernos. Es una reacción defensiva e inconsciente. Queremos tener la razón porque creemos que de alguna manera no nos expone, aunque lo que usemos para defendernos nos termine restando energía, claridad, poder, crecimiento, consciencia o, lo más importante, liberarnos a nosotros mismos.

Aquí es importante que puedas apoyar a alguien a darse cuenta de lo que dice. No le digas que está mal, equivocado o no ve las cosas como tú. Aquí es donde el hacer preguntas abiertas (generalmente comienzan con ¿qué?, ¿cómo?, ¿cuándo? y ¿dónde?) que pueden abrir y profundizar la plática. Son cuestionamientos donde el foco no está en lo que deseas escuchar, sino en servir a que el otro siga hablando, profundizando, abriendo y mostrando lo que realmente piensa o cree.

Esta es la oportunidad de realmente mostrarle a una persona cuanto te importan en vez de querer demostrar lo mucho que sabes. Escuchar es amar. Escuchar es servir. Escuchar es conectar. Escuchar es abrir algo que muchos no muestran. Pero tú si puedes si escuchas y preguntas.

3. Ser rigor – Esto lo que quiere decir es que no permitas que la persona que hable, que se vaya por las ramas, que caigan en sus excusas, justificaciones, pretextos o evasivas. Es usar el amor, la empatía y tu deseo de realmente crear un grado de intimidad (apertura y vulnerabilidad) para que la conversación sea única y sin precedente.

4. Descubrir algo nuevo y sin precedente – Todos queremos saberlo todo, aparentar que lo sabemos o no mostrar abiertamente lo que NO sabemos. Los verdaderos descubrimientos suceden cuando podemos hacer paz, ser humildes y reconocer lo que no sabemos y lo que nos perdemos por aparentar que sí, cuando en realidad es todo lo contrario. Aquí es cuando la plática abre algo extraordinario.

Tanto Rosa como José fueron escuchados, les hice preguntas, pudimos hacer unas distinciones que no miraban o reconocían en lo que decían y, lo más importante, pudieron descubrir algo que vivía en ellos: un amor que no salía a la luz. Una conexión con su entorno, con su vida, con sus relaciones y, sobretodo, con ellos mismos para poder abrir un nuevo camino. Eso lo podemos hacer todos: escuchar, preguntar, hacer distinciones y apoyar a descubrir algo sin precedente.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Hay cuatro pasos que puedes aprender a usar para crear relaciones extraordinarias.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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