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El Amor Cuesta

El amor cuesta

Durante mucho tiempo pensé que la idea era preservarlo. Mantenerlo. Que equivocado estaba.

El amor cuesta. Y mucho.

Para empezar, tienes que estar dispuesto a perder la inocencia. La ignorancia. El desconocimiento. El vivir en la isla o el mundo de fantasía. Desecharlo. Completamente.

Es perder lo escasez, lo limitado, lo pequeño y lo estrecho que vive en la cara del seudo amor que quiere atrapar, retener. No se puede retener lo que nunca cupo en tu pequeño mundo.

El amor no vive ajeno a nada. No puedes aislarlo, enajenarlo, separarlo, distanciarlo y, mucho menos, controlarlo. Al contrario, vive a pesar de todo. Vive a pesar de lo que sucede. Especialmente lo que no quieres que pase.

Cuesta. Por qué cuando lo expones, lo muestras, comienza a ser tu maestro. Ahí es cuando conoces el amor en lo que no parece amor, pero si lo es. Las caras del dolor, de la tristeza, de lo confusión, de la amargura, de la traición, del resentimiento, del odio y hasta de la soledad. Todas se muestran de una u otra forma, por qué el amor una vez estuvo ahí.

No requieres protegerlo. No se protege lo que nunca puede ser destruído. De la misma forma en que la energía no puede ser ni creada, ni destruída, el amor es eso. 

El amor va a vivir en su estado natural no importa qué. Si tu intención es amar, el amor estará ahí. Eso no quiere decir, ni garantiza, que serás correspondido. El amor sigue su marcha, no tu marcha. 

Por eso el amor cuesta. 

El amor es la energía en todos sus estados. En la quietud. Ahí reposa, vibra esperando a ser atraído. En movimiento es otra. Ahí es cuando la vibración en movimiento, la pasión, habla por él. 

Cuando se transforma, la más importante, es cuando se convierte en oportunidad. Para crecer, madurar, despertar, recalibrar y volver a entrar en movimiento. Ahí es cuando la consciencia permite que cobre forma, expansión, tamaño y presencia. 

El amor cuesta. Cuesta soltar, deshacerte de los pensamientos que no te permiten ver el tamaño que tiene. Un tamaño que no vive en la mente, sino en todo lo que no cabe en la mente.

Es darle el permiso de estallar, de explotar y de rebasarte, perderte, para volver a encontrarlo, y encontrarte en el proceso. El amor te permite ver en lo pequeño que eres, la grande que es. Y en lo que grande que es, hasta cómo puede identificarse con lo pequeño que somos. 

El amor cuesta. Cuesta ganar, perder, conocer, no saber, aprender, desaprender, vivir, sobrevivir, amar, morir, sentir, no sentir y volver a ver que todo el tiempo ha estado ahí. Esperando a que vuelvas, a que reconozcas, a que empieces a caminar, como un bebé, no importa el tiempo, edad, estatus, conocimiento o logro.

Es algo tan vivo como el respiro que acabas de tomar. Tan quieto como el silencio que no te permite ignorarlo. El movimiento que ves a tu alrededor que atrapa tus sentidos. 

Es todo y es nada. Es lo que tienes, pero jamás podrás poseerlo. Sólo admirarlo, reconocerlo, presenciarlo, sentirlo y ser bendecido al poder identificarlo en el estado en que se encuentre y la forma que en ese momento toma.

Eso cuesta. Vivirlo. Saberlo. Sentirlo. Hacerlo tuyo. Ser responsable. Despertar al amor. A la vida. Tú energía. A la consciencia. A ser lo suficientemente valiente para reclamarlo. No reclamarle. Es tu maestro. 

No te debe. Al contrario. Siempre esta a tu servicio para honrarte, elevarte y devolverte el ser que vive dentro de ti. Eso cuesta, pero es la más grande de las recompensas. Lo que hoy crees que te cuesta perder, es lo que vas a ganar y no volver a ser la misma persona. 

Hay inversiones que todos merecemos hacer. Esta es la más importante de todos. Tu vida no sólo está en juego, sino lo que vas a hacer de ella. O inviertes o no existes. 

¿Amar o no existir? Tú eliges.

¿Qué vas a hacer al respecto?

El amor es el gran maestro y la inversión en sus lecciones son las que le dan valor a tu existencia.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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