Saltear al contenido principal
+52 (55) 1139-2095 contacto@jorgemelendez.com.mx
Cuando Tu Paciencia Es Puesta A Prueba

Cuando tu paciencia es puesta a prueba

No hay nada mejor que ponga a prueba las supuestas herramientas que dices, crees y sabes que posees, hasta que las cosas comienzan a tomar un rumbo que se te salen de las manos. Primero, que no las puedes controlar. Segundo, cuando requieres mirar adentro y por más tentador, justificante o apaciguador pueda ser culpar todo lo que ves (y crees que es verdad) fuera. Tercero, sientes una serie de cosas, piensas un sin número de otras y, lo más normal, en hacer lo que sueles hacer.

Ahora mismo llevo dos meses manejando una situación que me reta en muchas cosas. Si me dejo llevar por mis sentimientos y reacciones, lo primero que diría es que «están poniendo a prueba mi paciencia». Ya son unas cinco veces que he pensado que la situación se resolvería, sólo para saber que no será así. Es muy posible que se extienda hasta mayo.

Lo que está siendo puesto a prueba no es mi paciencia. Para nada. Eso es lo más simple de pensar. Yo, al igual que tú (y muchos), cuando las cosas se tornan difíciles, complicadas o no parecen tener un fin definido, queremos resolverlo. Como sea. Pero qué se acabe. La mentalidad reactiva de resolver. Pero hay algo más a fondo en juego en todo esto.

No te va a gustar lo que vas a leer, ya que va a retar lo que crees, piensas y haces con respecto a este tema. Es un aspecto que «disque lo sabemos, pero lo interpretamos a nuestra conveniencia. Por eso es tan grande, oportuna y una de las grandes lecciones que venimos a aprender al mundo.

La que estoy aprendiendo de toda esta situación es a tomar responsabilidad. No meramente de mi vida. Sino de todo. Es algo que todavía sigo aprendiendo y, reconozco, que en ocasiones lo resisto y me cuesta. Ahí es donde lo que creo, sé y practico no es congruente. Si lo resisto, es donde es más fácil decir «están poniendo a prueba mi paciencia». Aquí es cuando, si me doy la oportunidad y voy más profundo, puedo ver esto de la responsabilidad.

¿Qué es responsabilidad? Empecemos por lo que nos han enseñado, dicho, vemos o asumimos. «Es poder culpar, señalar, justificar, evadir o excusarte por algo, alguien o una razón para no tomar responsabilidad de lo sucedido». Aquí puede ser algo externo: desde Dios, tus padres, la pareja, la familia, el trabajo, los hijos, el tráfico, el dinero, el tiempo, etc. En algunos casos, decimos cosas internas (pensamientos o sentimientos) que parecen tener mas poder sobre ti de lo que piensas. «Es que me sentí mal, me dió flojera, me enojé, lo pensé bien, tuve temor o dudas, no te lo quise decir en ese momento, etc.»

¿Qué tienen en común todas las respuestas (externas o internas)? Son producto de tu mente reactiva. Es parte de tu programación hecha para protegerte, quedarte en lo cómodo, predecible y estar a salvo. Mejor dicho, son reacciones automáticas. No piensas, ya salen de tu boca como una auto profecía. Es una manera de estar «supuestamente inmune» de lo que digas y poder sentirte exonerado de todo efecto. Es más, lo que sale de tu boca se convierte en «tu defensa» para ni siquiera mirarlo.

Es más, luego de tu boca salen cosas como: «quiero trabajar con mi pereza, mi falta de disciplina, mi enojo, mis inseguridades, mi falta de compromiso, el dejar cosas a medias» y/o muchas creencias más que tienes de ti, de la vida, de la gente y del mundo. Y, lo más triste de todo, es que «piensas o crees que cambiarán con un comando o en un minuto». Luego sigue lo peor, se convierte en un juego de control, certeza u obligación. Todo lo mides basado en «si me conviene o no me conviene», «qué voy a obtener de esto» o «¿valdrá la pena?».

Queda todo sujeto a un nivel de tolerancia o «hasta donde voy me voy a permitir llegar». Después dices que son «límites saludables». ¿Basados en qué? En el pasado, lo vivido y lo que no estás dispuesto a repetir. El miedo a ser herido sigue siendo tu compás, no quien puedes y quieres SER ante esta nueva oportunidad. Ayer escuchaba a una neuro-científica que dije «lo que hoy llamamos ansiedad, no es otra cosa que tu cerebro buscando maneras de poder predecir un futuro al que teme por no conocer cómo opera su mente y cómo auto regular sus emociones». Boom.

Vivimos en un mundo reactivo. Y la cantidad de información, dispositivos y la velocidad de crecimiento de la tecnología lo hace cada vez más polarizado o diluido. Unido a esto, la pérdida de valores, el miedo de la gente a mostrarse de manera auténtica (no exhibirse en redes), el evitar sus emociones, conflictos o manejo de diferencias, hace ver el mundo externo «como el culpable» es lo mas fácil. Y, lo más estéril. Entre millones de posibilidades que puedas descubrir, conocer, crear o definir, sigues siendo definido por una programación que evita a toda costa la responsabilidad.

Si no tienes un «porqué» bien definido de cómo quieres vivir tu vida, vas a vivir justificando el por qué «no haces las cosas». Una vez Nietzsche dijo: «quien tenga un porqué es el que siempre estará dispuesto a encontrar el cómo». Todo se reduce a algo muy simple: el objetivo en la vida no es encontrar el cómo, sino definir un porqué. Y para ello se requiere asumir total y absoluta RESPONSABILIDAD.

La definición de dicha palabra es: habilidad para RESPONDER. Eso quiere decir, «las circunstancias no van a cambiar. El mundo no va a girar como tú quieres o de la manera en que prefieres. La gente no se va a comportar cómo tu esperas, quisieras o de acuerdo a tus expectativas. Mientras sigas diciendo lo mismo de «las razones por las que no haces las cosas o no eres tu palabra», TENDRAS LA RAZON PERO PERDERAS TU PODER.

¿Qué poder? De creer en ti. Madurar. Evolucionar. El poder que puede tener tu palabra para crear y manifestar, a pesar de lo que pasa en el mundo externo. No creces, ya que dejas de aspirar, de soñar, de declarar, de imaginar y dé creer en un futuro que vale la pena vivir. Ser un ser humano implica moverte entre una atemorizante y grandiosa dualidad. Saber que a cada momento soy responsable de cómo pienso, cómo me comporto, del impacto que tienen mis palabras, acciones y respuestas en el mundo. (Cuidado, ya que no decir, no soñar, no creer, no actuar y no hacer nada es peor. No comprometerte.)

Para la gente es más cómodo vivir en la mediocridad. No quiere asumir el riesgo, reto y resultado (sea el que sea) por no querer asumir la RESPONSABILIDAD de su vida. Aquí es donde comienza la oportunidad de educarte y realmente aprender lo que es la responsabilidad en todo el sentido y profundidad de la palabra. Sí, pesa mucho, pero si es difícil reconocer y aceptar lo que requiere ser responsable, hasta que no asumas un COMPROMISO total, te conformarás con lo que tienes (y lo que haces ycómo lo sigues haciendo).

Por eso digo que lo que estaba siendo puesto a prueba «no es mi paciencia». Es hasta donde estoy asumiendo la total y absoluta responsabilidad de mi vida. Especialmente, cuando nada está en mi control, no es como yo quiero y no puedo resolver las cosas como la velocidad o de la manera «en que debería suceder». Al mundo no le importan mis opiniones, quejas, señalamientos, culpas, iras, enfados, desilusiones o berrinches. El que sigue teniendo la razón y no se mueve soy yo. El mundo sigue girando. La responsabilidad total espera por ti. Y tu vida también. No honras la fuerza que te creó mientras sigas siendo la víctima de tus circunstancias.

¿Qué vas a hacer al respecto?

La falta de paciencia puede ser el efecto de algo mucho más profundo. Hora de examinarlo.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene 0 comentarios

Participa de la conversación dejando un comentario

Volver arriba