Cuando lo pequeño te hace grande
«La eternidad vive enamorada de las creaciones hechas en el tiempo». Esta frase la dijo una vez el poeta William Blake. Me tropecé con ella esta mañana leyendo una lección diaria del libro del autor Steven Pressfield, llamado «The Daily Pressfield».
No sé si a ti, mi apreciado lector, te pasa, pero hay cosas que aprecio y disfruto que para mí trascienden esta dimensión humana en la que vivimos. Ya sea una pieza musical. Una obra o expresión del arte. Un libro, un poema, una estructura construida por el hombre o hasta algo tan simple como un paisaje de la naturaleza. Cosas que cuando las aprecias de manera simple y natural, tocan un espacio en ti que no se define por tiempo o espacio.
Pressfield dice en esta misma lección diaria que: «existe otra dimensión más elevada que la nuestra. No puedo probarlo, pero busco vivir conectada a ella todos los días. Esta dimensión más elevada se conecta y entrelaza, de maneras explícitamente emocionales y positivas, a lo que tú y yo hacemos aquí en esta humilde dimensión».
El pasado domingo trascendió a otra dimensión la actriz Diane Keaton. Una mujer de muchos talentos. Jamás olvidaré muchas de sus películas, aunque «Alguien tiene que ceder», junto a Jack Nicholson, Keanu Reeves, Amanda Peet y Frances McDormand, entre otros, es de mis preferidas. La escena de ella junto a Nicholson fuera del restaurante cuando le muestra su vulnerabilidad y el dolor que siente de haberse enamorado, es para mí una «clásica del cine». (Dos grandes mostrando lo que hacen tan bien y cómo te llevan a sentirlo).
Los actores, cuando realmente muestran su grandeza o talento, poseen esa habilidad de trascender la pantalla y tocar esa parte de nuestra alma, espíritu o el corazón, que nos eleva a esa dimensión. Y lo mejor de todos, es que nos vamos juntos. El actor cuando lo vive y se graba en la escena y el que la ve en el cine o en su casa. Y eso también pasa cuando escuchamos una pieza musical que marca nuestras vidas, una obra de teatro, una construcción que nos deslumbra, una creación artesanal, un plato de comida o algo que es hecho desde ese espacio elevado.
Todos poseemos esa capacidad de elevarnos. Pero requiere la disposición, y disponibilidad, de querer hacerlo. Muchos creen que requiere algo extraordinario o grande para considerarse «elevado», cuando no es así. Son las pequeñas cosas las que pueden dejar una huella enorme. Por algo dicen que…
Las mejores cosas en la vida son gratis…
Un pequeño acto de bondad diariamente puede crear milagros…
Servir a otros es la mejor manera de servirte a ti…
Miriam Elkes, quien sobre vivió el Holocausto (y haber perdido a su esposo), le dijo a su hijo, años después, las dos cosas que la sostuvieron durante ese periodo tan inhumano. «Un pedazo de pan, que siempre escondía, y un peine roto que llevaba en su bolsillo. El primero para darle al que lo necesitara más que ella y, el segundo, para peinarse todas las mañanas y afirmar su presencia en el mundo». ¡Wao! ¡Boom!
Durante el pasado mes perdí a dos mujeres, a las que admiré y aprecié mucho, por diferentes situaciones de salud. Ambas vivieron para servir a otros, no importa lo que estuvieran viviendo físicamente. Quisieron enfocarse en darle a otros hasta el último momento de su existencia. Ahora mismo, otra una gran mujer y líder, quien tiene sus días contados en este plano por una condición de salud terminal, ha optado por estar en servicio a otros. ¡No importa qué! Pudo haber optado por dedicarse estos últimos meses de su vida a estar con su esposo, su hijos y su familia, pero quiso servir y darle a otros.
¡Yo quiero ser así cuando yo sea grande!
Para dar y servir, hacer una diferencia, no se requiere de hacer algo extraordinario, sino hacer de lo ordinario, algo «fuera de este mundo», como dijo Franco de Vita en su canción del mismo título. Vivimos en tiempos donde todo parece estar enfocado en él «yo, yo y yo». Pero todavía existen personas que eligen dar «no importa las circunstancias, aunque su vida esté literalmente en juego».
¿Qué pequeña cosa llevas contigo que podrías darle a otro que lo necesita más que tú? ¿Qué acto o gesto podrías llevar a cabo diariamente que reafirme tu presencia en el mundo? Desde un pedazo de pan y/o un peine roto, servir, dar, contribuir y/o hacer una diferencia en el mundo no requiere nada extraordinario, sino que hagas de lo ordinario algo «elevado». Tú eliges.
¿Qué vas a hacer al respecto?

