fbpx
Saltear al contenido principal
+52 (55) 1139-2095 contacto@jorgemelendez.com.mx
Tu Vasija De Los Miedos

Tu vasija de los miedos

«¡Rómpela!… ¡Rómpela!… Es el momento…», decía el susurro. En un tono suave, pero muy seguro.

«¿Cómo voy a hacer eso? ¿Sabes el tiempo que lleva conmigo? ¡Toda una vida! ¿Cómo voy a romper esta vasija que tanto tiempo me ha costado construir?», respondió el hombre, con voz incrédula y atemorizada.

«¿De qué te ha servido? ¿Has podido guardar en ella lo que querías? ¿Todo lo que creías que podías ocupar con ella? ¿Usarla de la manera para lo que realmente fue hecha?», preguntaba ese mismo susurro con un tono de amor y empatía.

«Confía. Confía. Despréndete. Es el momento», fue lo último que susurró la voz.

En ese momento, con todas las fuerzas que tenía dentro de su ser, el hombre tiró la vasija al suelo. La pieza estalló en mil pedazos. Habían pedazos de barro endurecido por todas partes.

Un sentimiento de miedo, de terror habitaba en sus entrañas. En el momento en que la vasija estalló en mil pedazos, algo en su interior se rompió también.

Todo lo que pensaba que sabía.

Lo que había hecho.

Todo lo que creía que había superado.

Todas las creencias de la gente, de la vida, del amor, de la prosperidad.

Todo se veía en pedazos.

«Mira. Eso pasa cuando el ser humano cree que ya lo sabe. Todo se endurece. Se hace un concepto. La vasija, que fue hecha para llenarse y verter su contenido, quedó como un artículo que sólo se muestra, pero no se usa», decía el susurro.

El hombre, mirando las piezas en el piso, comenzó llorar. Podía ver en cada pieza de la vasija hecha pedazos, cada una de las experiencias que había vivido. Las buenas y las no tan buenas. Veía en cada pedazo las personas que habían pasado por su vida, y las que seguían estando. Con las que había vivido momentos hermosos, felices, así como las que habían sido parte de escenas de tristeza, decepción y dolor.

Era como si cada pieza representara no sólo un pasado, sino una parte de una vieja existencia. Todo lo que era parte de un viejo yo que se había endurecido por la vida misma. Al no saber cómo darle el oxígeno, la energía, o extraerle el elemento principal, la lección que libera, se había convertido en algo que no era.

Por la mente del hombre pasaba cada una de esas creencias: un Dios externo, ajeno, lejano, distante. Personas que estaban, pero no estaban. Personas que habían desaparecido, aunque la huella de su presencia seguía fresca en su mente y en su corazón. Sueños que habían perdían significado y otros que esperaban su turno para tomar vuelo pero vivían ocultos en la misma vasija.

En un minuto la película de la vida del hombre pasó por su mente. Cada momento. Eran destellos que buscaba darle significado, un orden, una dirección, pero era inútil. El hilo conductor de la historia desapareció en ese momento.

«¿Qué hago ahora?», dijo el hombre.

«Deja que todo vuelva a ser lo que una vez fue. Barro. Todo comenzó así. Todo en un momento era materia. Algo que no tenía significado pero la forma en que lo viviste, lo sentiste, lo percibiste y lo guardaste en tu ser, lo convirtió en una vasija que sólo ocupaba espacio, pero no significado y propósito. Al igual que la vasija, te endureciste», dijo el susurro con un aire de sabiduría y certeza que el hombre no fue capaz de poner en duda.

El hombre lloró. Sabía que cada pieza tenía un secreto, una lección guardada. En ese instante comprendió una gran moraleja: era el momento de ser humilde, de rendirse a una verdad ineludible, inescapable. Su propia verdad.

«Puedes tomar este momento de dos maneras: sentirte inferior, incapaz y pequeño. Eso no te sirve y no fue para lo que viniste a este mundo. Por otro lado, este puede ser el momento que define tu vida. Donde trabajas con el perdón, con el reconocimiento y tu FE. Ahora es que puedes convertir todo en barro y comenzar a forjar tu propia vasija», dijo el susurro.

«¿Otra vasija? ¿No acabo de romper la que tenía?», afirmó el hombre.

«Esa que acabas de romper era tuya, pero no fue hecha por ti. Fue construida por tus creencias. Por las que te inculcaron tus padres, tus amigos, tus parejas, tus profesores, la sociedad, los medios y todo lo que has llegado a creer que eres, pero que en realidad no es quién eres tú», reafirmó la voz.

«Ahora vas a construir una vasija basada en lo que ahora eliges que vas a ver y creer. Es comenzar a crear un nuevo YO. Todo es nuevo. Comprenderás que cada persona, cada situación, cada evento y, lo más importante, cada instante, es el barro que se usa para forjar una vasija. Pero no una dura, inflexible o que buscas proteger para acumular. Es una vasija que lo importante no es el tamaño, ni lo que pueda acumular o guardar en ella. Lo importante, es cómo la usas. Para dar y recibir. Para ser abierto, para perdonar, para imaginar, para soñar y para vivir».

«Es el momento de crearte, no pegar tus pedazos. Mucha gente va por la vida buscando hacer una de dos cosas: seguir pegando los pedazos de una vasija rota o no usarla como para lo que fue hecha. Muchos quieren sólo recibir. Otros sólo creen que es dar y dar. Es un fluir. Es dar y recibir. Si, el secreto vive en el dar, pero es merecedor recibir. Tu eliges lo que quieres hacer en este momento. Elige sabiamente», dijo el susurro que parecía alejarse y perderse en la distancia.

Ahí quedó el hombre. Sus lágrimas seguían corriendo por su rostro, pero esta vez el miedo, el pánico que hasta hace unos instantes habitaba en su ser, desapareció. Ahora sentía una calma, una tranquilidad, una paz. Algo había cambiado. Ya no se sentía solo, perdido o confuso. Una claridad inundaba su espíritu.

En ese momento el hombre comprendió una gran verdad. Que un ser espiritual es un verbo dentro de una condición humana que puede convertirse en una prisión. Si no permanecía alerta, en contacto con ese mundo que vive más allá de sus sentidos y de su mente, volvería a repetir y repetir esta misma escena. Era el momento de abrazar y hacerse dueño de su verdadera esencia: un ser espiritual teniendo una experiencia humana. No un ser humano en búsqueda de una experiencia espiritual.

El hombre habita en un mundo que siempre esta cambiando, expandiendo y cuya energía requiere estar siempre en movimiento. El guardar las cosas y convertirlas en una vasija es matar el contacto con su mundo espiritual. El estar dispuesto a revisar sus creencias, el perdonar y visualizar sus sueños son el motor para que pueda hacer de su barro no solo una vasija, sino un puente de contacto y conexión con el mundo.

Llegó el momento de romper la vasija dura y calcificada de las creencias. Es la hora de volver a tomar del barro y crear el mundo que mereces. Es tu momento de vivir conectado con su esencia espiritual. ¿Que esperas?

brown clay pot
No olvides que todo comienza con formar el barro.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene 0 comentarios

Participa de la conversación dejando un comentario

Volver arriba
Suscríbete para recibir GRATIS mi eBook «¿EMPRENDER después de los 40?»
Recibirás también, cada domingo el Boletín Exclusivo «Domingos de Descubrimiento» y te avisaremos cuando publiquemos contenido nuevo en el blog y en les redes sociales de Jorge Meléndez.
Suscríbete para recibir GRATIS mi eBook «¿EMPRENDER después de los 40?»
Recibirás también, cada domingo el Boletín Exclusivo «Domingos de Descubrimiento» y te avisaremos cuando publiquemos contenido nuevo en el blog y en les redes sociales de Jorge Meléndez.