fbpx
Saltear al contenido principal
+52 (55) 1139-2095 contacto@jorgemelendez.com.mx
Se Revela La Lección… De Gloria Y Más

Se revela la lección… de Gloria y más

Cuando las cosas no te salen como querías, esperabas o crees que debería haber salido, ¿cómo reaccionas? Siendo honesto. ¿Cuáles son tus hábitos, costumbres o tendencias principales? Especialmente, cuando lo que no te sale, fue algo a lo que le invertiste mucho tiempo, energía, esfuerzo, dinero y, lo que mucha gente no dice, pero lo muestra: tus emociones.

Ayer escribí la primera parte de este blog. Como una «posible entrevista exclusiva con Gloria Estefan» me dió una de las lecciones más grandes dentro de mi crecimiento personal y profesional. Y lo digo en ese orden, ya que todo primero pasa por el lente del ser humano, antes del profesional.

Luego de sufrir la vergüenza de tener que decirle al equipo de asistentes de Emilio y Gloria Estefan de que «no podría llevar a cabo la entrevista», me tomó casi dos horas llegar a la casa de mi hermano. Lo que era un recorrido en coche de 30 a 40 minutos, decidí irme por una ruta bordeando la playa. Mi enojo, frustración, impotencia y sentimiento de injusticia no me dejaba pensar con claridad. No tenía paz.

Llegué a la casa de mi hermano y, para mi suerte, no había nadie. Tenía el espacio para mí y no iba a dañarle la tarde a nadie tampoco. No era la mejor compañía para nadie, ni siquiera yo me soportaba. Estaba cegado por la ira.

Un par de horas más tarde, llegó mi hermano, mis dos sobrinos y algunos amigos a la casa. No tenía la valentía de decirles lo que realmente me estaba pasando. «Quería lucir bien» y mantener la imagen del reportero/periodista que «era de los mejores» y «había pasado un malentendido con todo esto de la entrevista».

«Alguien tendría que darme explicaciones cuándo llegue al periódico el próximo lunes».

Lo cierto es que durante los próximos cinco días que estuve en la casa de mi hermano con él y mis sobrinos, no fui la mejor compañía. Distraído, ausente mental y/o emocionalmente. Por estar pendiente a lo que pasó y lo que pensaba que sería mi próximo paso profesional, me perdía de la compañía, el afecto y, lo que no pasó por mi mente: el poder ser escuchado y recibir otra perspectiva de ver las cosas.

Entre viernes y sábado, había escrito mi carta de renuncia como colaborador y columnista del diario. Había escrito un par de cartas a las personas que yo entendía «habían tenido que ver algo en el asunto» y no tuvieron la valentía de decírmelo de frentes. Los llamados «envidiosos o hipócritas».

Ya el lunes en la mañana, antes de que mi hermano saliera a trabajar, por lo menos le dije «parte de lo que había sucedido». Escogí la parte que sostenía mi historia o mi narrativa de mi manera de ver las cosas. Mi hermano sólo me dijo: «pareces estar molesto y ahora es cuando quieres tener precaución con lo que digas, hagas o muestres, ya que no quieres hacer algo estúpido». (El no sabía de mis intenciones de renunciar).

Llego al aeropuerto y durante mi vuelo de regreso, comienzo a hacer una reflexión muy profunda de todo lo sucedido. Yo había aprendido que existe una distinción para ver cada situación desde dos interpretaciones diferentes: la versión víctima y la versión responsable.

ERA EL MOMENTO DE USARLA, SI REALMENTE DIGO QUE ESTOY COMPROMETIDO CON CRECER.

Me hice una serie de preguntas muy simples. Responderlas conllevaría ser totalmente honesto.

¿La forma de aproximarte a la entrevista fue la mejor para ti y para el periódico para el que colaboras? No.

¿Respetaste la estructura, los valores y la ética con la que se lleva a cabo este tipo de entrevista? No.

¿Tomaste en cuenta a las personas que realmente serían claves para este tipo de reportaje: como la editora de la sección, el director de fotógrafos, la editora de exclusivas y las personas que podrían darte poder, presencia y agilidad para sacarle lo máximo a esta oportunidad? No.

¿Trabajaste en equipo y pensando en un ganar ganar para elevar tus posibilidades de éxito? No.

Una vez que me respondí esas preguntas, me hice una final: ¿quieres tener la razón de tu manera de ver las cosas o quieres aprender de este evento y crecer? Mi respuesta fue sí.

A mitad de vuelo, ya había tomado la decisión de romper las cartas que había escrito. Entre ellas, la de renunciar. Nada había cambiado. El hecho seguía siendo el mismo: no entrevisté a Gloria Estefan. Todo el trabajo, el esfuerzo, el tiempo, la energía, del dinero invertido y lo demás no volvería. Eso ya había pasado, pero la oportunidad de aprender una gran lección estaba por comenzar.

Ahí vive la RESPONSABILIDAD. No en cambiar las cosas, sino en la manera en que RESPONDES a ellas. Desde que había pasado lo que pasó, unos cinco días atrás, solo había REACCIONADO. Todo mi drama, el show, mi pataleta y todo lo que contaba, sólo me daba la razón, pero no me devolvía el poder, ni estaba tomando responsabilidad sobre lo ocurrido.

Llegué a mi departamento ese domingo en la noche y tenía claro lo que haría al día siguiente que fuera al diario.

Lo primero que hice fue entrar a la oficina de la dueña del diario y le pedí perdón. Por no haber trabajado en equipo, no haber informado lo que estaba sucediendo, por haber desconfiado, no perderle apoyo y usar los recursos que tanto ella como el diario me pudieron haber dado y facilitado para sacarle lo máximo a esta oportunidad. Que la próxima vez que tuviera ese tipo de oportunidad, ella sería la primera en saberlo.

Acto seguido pedí audiencia con la editora de la sección para lo que contribuía: arte y cultura. Le dije que nunca la tomé en cuenta para este asunto. Que permití que mi desconfianza hacia algunos compañeros la perjudicara a ella, el suponer que ella se alegría con el reportaje y no tendría otra opción que publicarlo fueron factores que me llevaron a cerrarme y no comunicar lo que estaba pasando.

Sin perder ni un momento, fui a ver el Director del Departamento de fotógrafos, ya que en mi ignorancia, mi prepotencia, mi soberbia y hasta mi desconfianza, estuve dispuesto a montarme en un avión, conseguir una entrevista exclusiva y nunca pensé en llevar un fotógrafo del diario para que pudiera captar ese momento exclusiva para darle prominencia al periódico. Les robé una oportunidad de brillar.

Y, para completar, le dije a mis dos colegas, que «por mi desconfianza hacia el entorno, los clasifiqué y los juzgué. Eso no sólo me quitó a mí, sino a ellos, al departamento y al diario. Que la próxima vez no sería igual».

No fue fácil aceptar RESPONSABILIDAD por el asunto. Lo más fácil era culpar, criticar, juzgar y quedarme con la razón y usar mi rabia, la frustración y la impotencia como un mecanismo de defensa para protegerme y usarlo en contra de la gente cuando «fuera conveniente».

No puedo poner en palabras lo que sentí, aprendí, crecí y maduré del momento. Fue como quitarme un peso de encima y no seguir usando un mismo patrón de pensamiento, comportamiento y actitudes cuando fuera a hacer las cosas. Fue atravesar la barrera del «así soy o las cosas fueron así y tengo el derecho (o la autoridad moral) a hacer lo que yo entiendo que debo hacer de aquí en adelante».

El regalo más grande que recibí de todo esto fue que unos años más tarde, regresaba de un viaje de dictar un entrenamiento y la misma dueña del diario me escribió y me dijo en un mensaje: «tan pronto aterrices, pasa por mi oficina del diario que tengo algo para ti».

Ni lo pensé dos veces. Directo del aeropuerto fui a su oficina y me dice: «tengo algo para ti. Mañana sales para Nueva York ya que van a ser los premios MTV en la Casa de la Opera (El MET) y quiero que seas tú el que lo cubra para nuestro diario. Ya está todo manejado. Boletos, permiso de prensa, fotógrafo, hotel y puedes quedarte un par de días más para cubrir dos eventos y los que se te ocurran».

Al día siguiente estaba montado en un avión nuevamente. El resto es historia para otro día.

¿Cómo sería practicar la RESPONSABILIDAD en tu vida, especialmente, en los aspectos donde te cuesta hacerlo? Podrías transformar tu vida.

¿Qué vas a hacer al respecto?

Ver los eventos que vives desde la responsabilidad puede ser algo sorprendente y transformador.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene 0 comentarios

Participa de la conversación dejando un comentario

Volver arriba