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Rompe Con La Vergüenza

Rompe con la vergüenza

Todos tenemos luchas. Unas más fuertes que otras. Algunas que aparecen por ratos y otras que nunca desaparecen. Pero hay algunas que más que luchas, se convierten en maestros, aunque por momentos no lo parezca.

Hoy vengo a hablarte de una que sigo teniendo. Tal vez tú la estés teniendo también de alguna manera. Es una de las luchas más silenciosas y que más silencio causa en todo ser humano que la tiene. Es la lucha con la vergüenza (o la pena como dicen en muchos países de Latinoamérica). Con todo lo que está pasando este año, se ha convertido en un rival que trabaja a oscuras, sin darme cuenta y sigue ocupando espacio en mi vida. No más.

Si, la vergüenza. Esa que no habla y no te deja hablar. Esa que reduce tu dignidad, tu auto-estima, tus emociones, tus deseos, tus sueños y hasta tus aspiraciones a niveles tan bajos que jamás te imaginarías. Y no voy a dejar fuera la manera en que convierte el dolor, la rabia, la ira, el resentimiento, la indiferencia, el odio y hasta tus deseos más nobles en actos que terminan haciéndote más daño que bien.

Vergüenza es un operador diurno y nocturno. ¿Qué quiero decir con eso? De día, cuando estoy con el mundo, expuesto y donde todo el mundo te ve, se muestra de una manera. Eso puede ser lo que digo o muestro en redes sociales. Lo que aparento socialmente. Lo que digo que estoy haciendo o hice para mantener la atención pública, la aprobación, el agrado o la aceptación de tu círculo cercano. En pocas palabras, en el día me permite entrar o me brinda acceso a los lugares a los que pertenezco.

De noche toma otra forma. Se convierte en el que me atormenta, me castiga, me invalida, me maniata mis pensamientos y cuestiona todo lo que quiero hacer. Una cosa son las voces en mi cabeza, otra cosa es el juez de la vergüenza. Al pasarlo por los mil y un filtros que siguen guardados en mi mente (sea consciente o subconsciente), este juez se convierte en una figura que reduce o anula lo bueno y amplifica o perpetúa lo malo.

Para mí ha sido enfrentar mi vergüenza en mis finanzas, en mi sexualidad, en mis relaciones de todo tipo, en mi paternidad, en mis resultados, en mis expectativas, en aceptar lo que he sido y dónde estoy en este momento. Ha sido cansado, doloroso, aterrador y muy desgastante.

El otro día escuchaba un podcast que simplemente me estremeció. Una de las vergüenzas más grandes que TODOS cargamos, es la del dinero. Y no me refiero a tener o no tener, aunque el tener o no tener puede mostrar la manera en que la vergüenza se muestra en lo que hacemos y en quiénes somos. Me refiero a toda la madeja de creencias que envuelve el dinero.

¿Porqué el dinero, al igual que el sexo, la política, la religión y las preferencias son algunos de los temas de los que menos se habla?

Por la vergüenza que genera. Yo puedo decir que muchos de estos temas o eran prohibidos o no se hablaban en mi casa. No estoy aquí para señalar a nadie de mi familia, ya que hicieron lo que supieron hacer. Lo comento como un hecho, no como un señalamiento.

No se hablaba ya que mostraba un desconocimiento, una ignorancia, un temor, una incapacidad, una herida y hasta una represión de lo que nunca se conocería. Aspectos vitales en la vida de todo ser humano, quedaban huérfanos por el silencio de la vergüenza. Han sido años de silencio, ya sea forzado, cómodo, incómodo, conveniente, para no despertar ronchas.

Hablar de la vergüenza es tocar el dolor.

Hablar de la vergüenza es tocar los miedos.

Hablar de la vergüenza es tocar los prejuicios.

Hablar de la vergüenza es tocar la ignorancia.

Hablar de la vergüenza es tocar las heridas.

Hablar de la vergüenza es comenzar a sanar.

Uno de los peores males que le he permitido a la vergüenza es creer que lo que hoy tengo (y especialmente lo que no tengo) es razón para ocultarme. Si hoy como coach digo que estoy pasando por una crisis financiera, existencial, personal o emocional, eso no se puede decir. Eso puede restarme credibilidad, no ser atractivo o invalida quién soy, mis talentos, mis habilidades y mi capacidad de servir a otros. Para nada.

De la misma forma en que he visto como algunas de mis creencias limitantes han opacado mis talentos, mis capacidades y mi grandeza, no puedo permitir que este monstruo de la oscuridad siga ocupando tanto espacio en mi vida. Hoy le digo a la vergüenza que no le voy a permitir que me siga maniatando o castigando por lo que haga, tenga o no haya logrado.

La vergüenza puede ser una lucha o puede ser un maestro. Me cansé de la lucha. Era dar vueltas en círculos que me dejaron en el mismo lugar: agotado y sin un crecimiento genuino. Hoy, hablando, reconociendo y sanando, elijo convertirlo en un maestro.

Si me quedo en la oscuridad, seguirás siendo mi opresor, mi verdugo y seré tu víctima. Eso no es vivir. Si hoy me muestro tal cual soy, con todo y arrugas, imperfecciones y me libero de mi vergüenza, yo reclamo mi poder, mi centro y puedo ser el capitán de mi barco. Me parece una posibilidad mucho más inspiradora, de crecimiento y, sobretodo, liberadora. Prefiero vivir así. ¿Qué vas hacer con tu vergüenza?

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man covering his face with both hands
La vergüenza puede ser una lucha o un maestro.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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