Llegó la hora de hacer lo que nunca pensaste hacer. Renunciar a tu herencia. Es hora de no aceptar lo que no mereces seguir cargando.
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¡Renuncia A Tu Herencia!

¡Renuncia a tu herencia!

Llegó el día que tanto esperabas: escuchar la lectura de tu herencia. Llevas años soñando con este momento. Entrar a la oficina de tu abogado imaginando lo que sería la lectura del documento que dice todo lo que han dejado a tu nombre. Más que alegrarte por lo que puedas recibir en términos económicos, tu vienes con algo más grande preparado para este momento. Vas a dar un paso que jamás pensarías dar en este mismo momento. Renunciar a tu herencia. No te interesa reclamar nada de lo que te han dejado. Mucho menos, esto.

Si, más que dejarte un patrimonio, es todo lo contrario. Es una herencia que ha marcado tu vida de drama, inseguridad, miedos, temores y escasez. Es más lo que te quita, te resta y no te aporta que lo que pueda sumarte en cualquier forma. Lo triste que durante mucho tiempo (por no decir gran parte de tu vida) has pensado todo lo contrario. Porque esta herencia es una muy particular. Es la herencia de todas las creencias limitantes que llevas en tu mente.

Creencias que van desde «estoy haciendo lo debido», «no quiero decepcionar a nadie», «es lo que se espera de mi», «es lo que debo hacer como buen hijo, como buen hermano, como buena pareja» o «hasta como buen ________ (llena el blanco con la ideología o dogma de tu predilección)». Así hay muchas otras en tu mente y que constantemente salen de tu espacio interno y se manifiestan en limitaciones, sabotajes, incredulidad, duda o carencia.

¿A qué herencia renuncias?

Hoy declaro, afirmo y sostengo este testamento donde renuncio a una herencia que llevo cargando al ser parte de una familia que me antecede y hoy comienzo a romper con la cadena que me puede atar a futuras generaciones.

Hoy afirmo que

Dejo de ser una víctima de Dios, de mis padres, de mi pareja (o ex-pareja), de un socio o un empleo como justificación para no hacer las cosas.

Dejo de usar el pasado como pretexto para justificar mi mediocridad, mis miedos o mi resignación.

Dejo de usar a Dios o mi dogma para minimizar mi capacidad de soñar, lograr, merecer y crecer.

Dejo de usar mi espiritualidad como una alucinógeno para no crecer, exponerme o aspirar a ser más en mi vida.

Dejo de usar creencias como «me casé para toda la vida» para victimizarme, reprimirme o limitarme.

Dejo de usar a mis hijos o mi familia como escudo, excusa o coraza para no sacar y/o mostrar mi grandeza.

Dejo de usar el dinero (o la falta de no tenerlo) como excusa para no ser auténtico o sacar mi grandeza.

Dejo de usar el «no se», «tengo miedo», «no estoy seguro, «no sé como hacerlo», «y si no es lo que quiero» como excusas para ocultar mi falta de voluntad y de creer en mi.

Dejo de usar el «no soy capaz» para evitar tomar riesgos y expandirme.

Dejo de usar el «no soy suficiente» para no poner límites en mi vida, no saber decir que no, siempre querer quedar bien y vivir oculto detrás de una imagen.

Dejo de usar el «no merecer» como una forma de sabotearme, no pedir lo que quiero, quedarme en relaciones, empleos, negocios o situaciones que no quiero pensando que es lo mejor que puede tocarme o no hay mejores opciones.

Dejo de usar la creencia «no puedo estar sólo o como tengo miedo a estar sólo» para seguir sosteniendo relaciones disfuncionales donde termino usando o soy utilizado por necesidades superficiales y no lo que realmente quiero.

Dejo de usar las creencias de familia para defender el orgullo, la soberbia, la prepotencia y una aparente fortaleza externa, cuando por dentro pides amor, perdón y humildad.

Dejo la creencia de «todos en mi familia eran así o si fuimos pobres así moriré» para no romper con tus limitaciones o pensamientos de escasez.

Dejo la creencia de «yo me conozco bien o ya estoy grande para cambiar porque ya pasó el momento de mi vida para hacerlo».

Dejo la creencia de «no sé lo que quiero», «no sé cuál es mi propósito», «yo no tengo sueños», para quedarte en la inercia, un estado comatoso, de análisis parálisis y no avanzar en ninguna dirección por tu renuencia a pensar y desarrollar pensamiento crítico.

Dejo de usar mis creencias que «no tengo el talento, la capacidad, el estatus, mi género, mi raza o hasta el sistema este diseñado en mi contra» para cubrir el miedo de realmente creer en mi, darlo todo y no enfocarme solamente en el resultado y disfrutar el proceso de ver en quién me convierto.

¿Qué implica renunciar a tu herencia?

El Declarar, afirmar, aceptar y estar dispuesto a renunciar a esta herencia puede costarte mucho. Te puede constar amistades. Alejarte de ciertos familiares. Terminar con tu pareja. Salir del closet y afirmar tu preferencia sexual. Cambiar de religión o dejar la que llevas siguiendo todos estos años. Tomar decisiones que nunca pensaste tomar. Cambiar de carrera en tus estudios o buscar el empleo que siempre has querido. Dejar de querer agradar a todo el mundo y decir que si siempre. Empezar a decir que NO y no sentirte culpable. Darte gustos. Disfrutar el placer en todos los sentidos. Perder beneficios que has tenido (de todo tipo) por vender tus principios por la comodidad. Tomarte una sabática. Darte el viaje que nunca te has dado. Irte a Monasterio de Silencio. Servir a los cuerpos de paz. Decir no más.

En fin, empezar a escuchar lo que tu corazón y tus entrañas llevan años gritándote, diciéndote, susurrándote y pidiéndote que hagas. Eso. Simple. Tal vez no será fácil, pero si seria liberador. Pasarás por las montañas de los miedos, pero saldrás por el valle de la claridad. Basta de seguir cargando y esperando por una herencia que no es la que mereces. Esta herencia ya le ha quitado mucho al mundo y a la humanidad. No le permitas quitarte lo más importante que tienes: a ti. ¿Qué esperas?

Llego el momento de renunciar a tu herencia de creencias limitantes. Foto: Erik Johansson.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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