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Los Huevos Hervidos Y El EGO

Los huevos hervidos y el EGO

Jamás olvido cuando era niño, mi querida madre me obligaba a comer diariamente huevos hervidos (en mi casa decían “pasados por agua”). El ver y saborear el huevo mayormente crudo, aunque le echaran sal y pimienta para sazonarlo y darle gusto, nunca fue (ni es todavía hoy) de mis platos preferidos.

Prefiero comer huevos duros, revueltos y bien cocidos, que su versión hervida. Entiendo que cada persona es un mundo. Y así son sus gustos y preferencias. En lo que sea. Pero los huecos hervidos no son santo de mi devoción.

No vengo a hablarte de artes culinarias, ni de formas de cocinar y comer huevos. Es una analogía, pero me parece muy a tono con el tema.

Es bien fácil confundir la gimnasia con la magnesia. Me refiero específicamente a la diferencia entre dolor y sufrimiento. Una vez escuché que dolor es lo que sientes en el momento; sufrimiento es lo que cargas por 25 años y le dañas la vida a todo el mundo. Empezando por ti.

Vivimos en tiempos donde el miedo anda suelto. Especialmente en la pantalla de tu dispositivo electrónico favorito y está haciendo fiesta en tu cerebro. Por no querer enfrentar los miedos, esos que son inevitables y parte de la vida rebasar para crecer y desarrollarnos, hemos optado por dejar de comer huevos (simbólicamente hablando) en vez de buscar nuevas formas de comerlo.

Ante el temor de enfrentar un grado de resistencia, de estrés, de crítica, de evaluación pública o de parecer algo natural en el proceso humano de crecimiento, preferimos renunciar a todo. Yo peleaba y resistía comer los dichosos huevos hervidos, pero mi mamá juraba que eran buenos para mi. No lo dudo, sólo que en ese momento el sabor y la imagen no encajaba en mi realidad de bienestar y nutrición.

A medida que fui creciendo, ya mi mamá dejó de obligarme a comerme los huevos. Eso no me liberó del trauma que todavía hoy tengo de viejo que cuando veo huevos hervidos me causan un grado de repulsión. Nada personal en contra de los huevos hervidos o de los que le gusta ese estilo.

Lo mismo pasa hoy con el miedo y el riesgo. Por el temor tan generalizado del llamado “escarnio público” que nos imaginamos en la mente, la parálisis del miedo detiene los pasos que necesitamos dar para crecer. Es más, que son imperativos del proceso en la vida.

Vemos tantas llamadas “historias de éxito” en las redes, que nos hemos inventado el cuento de que ya nacen hechas, realizadas. Eso es sólo una parte de la realidad. El problema no es que, intuitivamente, sabemos que la otra parte es “el proceso natural de crecer”.

El dilema es que nos hemos comprado el cuento de que “nuestro proceso” no vale la pena hacerlo, no será igual que el que vemos o no terminará igual que el que vemos en las redes. Eso es lamentable y, sobretodo, peligroso. Ahí es donde nos convertimos en huérfanos de crecimiento por aislamiento social provocado por la adicción a las redes y nuestra falta de desarrollo de habilidades (blandas y de muchos tipos).

El otro día escuchaba que “cuando enfrentas y sientes dolor es una forma en que tu EGO está siendo abierto (como cuando un huevo se rompe el cascarón o se hierve y se agrieta) y permite que salga la luz de la posibilidad que vive dentro de ti. Llámale a esa luz, tu Divinidad, tu Ser de Luz, tu Grandeza, tu Genio Interior, o como quieras llamarlo.

Serle fiel a tus miedos, terminar cargando sufrimiento a lo largo de tu vida, no te hace más noble, iluminado o sabio. Podrás evitar el dolor, el conflicto, las diferencias, la incomodidad y mucho más, pero nunca vas a descubrir lo más importante: quien eres y qué vive al otro lado del dolor.

Tal vez lo que más dudas, lo que crees que ya no es posible o lo que más quieres, está más cerca de lo que piensas. Ese estrés o desesperación interna de pensar que es mejor renunciar (por miedo) a lo que quieres, que atravesar el miedo y el dolor no te libera. Al contrario, te esclaviza, te mata y lentamente te aminora las fuerzas.

Dicen que el camino al infierno está plagado de buenas intenciones. Tal vez el infierno no es un lugar encendido en llamas, donde una figura mítica con un tridente y una cola larga te esperan o aparecen en la noche. Tal vez es seguir pensando que no importa cómo me coma un huevo, estoy tan traumado con la imagen de los buenos hervidos que renuncio totalmente a comerlos.

Hoy el trauma a comer huevos hervidos lo sigo teniendo. Tal vez nunca me libere de él, pero yo puedo seguir cargándolo como sufrimiento o atravesar ese dolor, liberarlo, y seguir hacia lo que quiero. Si, habrán días que los huevos hechos de otra manera no me gustarán, pero seguiré probando a ver hasta puedo llegar en conocerlos y no quedarme con mis miedos y mis traumas.

Hoy puede ser el día donde conviertas tus huevos en una oportunidad para romper tu EGO, atravesar tus miedos y obtener lo que más quieres. Y mereces. ¿Que vas hacer con tus huevos hervidos?

Huevos hervidos es como romper tu EGO.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene un comentario
  1. Excelente información, no cabe duda que el coach Jorge es uno de los mejores, yo tuve la fortuna de tomar un taller con él y fue grandiosa la experiencia. Gracias por compartir su blog para poder reflexionar sobre el sufrimiento y el dolor

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