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Lo Que Vive Oculto En El Silencio

Lo que vive oculto en el silencio

«No puedo. No tengo el valor de decirlo. No tiene que ver con lo que piense la otra persona, sino lo que yo voy a tener que estar dispuesto a reconocer con meramente tener la conversación con esa persona. Fui totalmente irresponsable, no comuniqué de manera apropiada ni asertiva, no escuché, tampoco tomé en cuenta mucha de sus opiniones o ideas. De verdad, no fui el jefe o el líder que esa persona merecía tener para la pasión que le puso a su esfuerzo y trabajo».

Esas fueron mis palabras a un amigo cuando me preguntó por qué no platicaba con una persona que acababa de renunciar a un puesto en un negocio que tenía para finales de los años 90. Esta joven había llegado a la empresa por recomendación de una amiga. Era joven, dispuesta, inteligente, responsable y muy dada a servir por encima del llamado de su puesto. Ella era una asistente administrativa. Pero en ese momento mi arrogancia, mi soberbia y mi orgullo lo usaba para ocultar mis miedos, inseguridades y, lo más importante, reconocer mis faltas o áreas de oportunidad para crecer.

El problema era que en ese momento yo quería abarcar demasiado en el negocio. Peor aún, quería controlar la manera y el momento en que deberían hacerse. Era el todólogo y el sabelotodo. No sabía liderar, sino querer ser un jefe. Lo que nunca supe, hasta mucho después, era que ella renunciaba en realidad no por mis ineptitudes, sino por que había vivido una gran desilusión amorosa y no quería estar cerca o accesible a esa persona y pensaba que la mejor manera de lograrlo era mudándose a otro país. Lo que hizo.

Nunca tuve la conversación con esa persona, sino hasta años después, cuando regresó a vivir a Puerto Rico. La cité para almorzar y le pedí perdón por mi falta de empatía, no reconocerla, no tomarla en cuenta y, lo más vergonzoso, el no haber tenido la valentía de ni siquiera citarla para tener una plática. poder escucharla, tomar responsabilidad, empatizar con ella y hasta poder saber las verdaderas razones por las que se iba.

Fue una charla muy emotiva para ambos. Pudimos abrir una puerta en nuestra relación, post empleo. Esto creó un grado de apertura, vulnerabilidad, honestidad y confianza que nunca habías tenido en nuestros años de amistad (y de empleo). Esta persona falleció años más tarde, muy joven para su edad (estaba por llegar a los 40), pero creo que al menos fue algo que pude completar y no tener algo incompleto en mi vida.

¿Qué aprendí de esta lección?

No asumir. Toma responsabilidad.

Enfrenta lo incómodo y ten las pláticas que mereces y saber que debes tener.

Cuando sabes que has actuado de manera que no funciona, reconócelo. Especialmente si estás en una posición de liderazgo o dirección. (Esto incluye ser padre, madre, hermano, pareja, etc.)

Lo que crees que es cierto en tu mente no es la verdad, sino una interpretación o tu forma de verlo. Cuando lo confrontas y lo enfrentas, realmente encaras la realidad y de ella puedes aprender.

Perdí una gran empleada por mis faltas e inconsistencias y nunca la di la oportunidad de brillar o mostrar su liderazgo por mis incompetencias.

¿En qué aspectos de tu vida hoy no estás permitiendo que la gente brille por querer que las cosas sean a tu modo o de cierto modo?

¿Qué vas a hacer al respecto?

El silencio puede ser un lugar donde ocultas lo que ya no requieres seguir cargando o usando.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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