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Lo Que Te Debes A Ti Mismo

Lo que te debes a ti mismo

Nadie te debe nada. Repito, nadie te debe nada. No quiero decir que si alguien te debe dinero o tu le debes a alguna institución bancaria o financiera no lo pagues, sino en un sentido mucho más contextual de la palabra. Me refiero a deuda como, usar de excusa tus experiencias para privarte o privar a otros, de dar lo mejor de ti.

Vivimos en tiempos donde es bien común escuchar de la boca de la gente frases o comentarios tales como: «yo no creo en la gente y por eso no hago esto», «no vale la pena enamorarse de nadie», «mejor es tener un perro que tener una pareja», «por eso no vale la pena tener socios», «la gente es mala», «los ricos y los políticos no tienen valores», etc. En pocas palabras, nuestro lenguaje refleja nuestras deudas.

Yo digo que existen cuatro tipos de deudas: emocionales, espirituales, mentales y económicas. Todo lo que hoy damos o no damos, hacemos o no hacemos, pensamos o no pensamos y tenemos o no tenemos, es un reflejo de una de estas cuatro deudas. Desde tu peso, tu salud, tu inteligencia emocional, tu consciencia espiritual o la ausencia de ella, tus finanzas y la calidad de tu vida y tus relaciones dicen como andan tu estado de cuenta en cada una de ellas.

Es bien común justificar tus creencias, pensamientos, actitudes, comportamientos y/o resultados como un efecto o consecuencia de lo que otros te han hecho. Mira a ver en qué catálogo te encuentras: por culpa de mi infancia, de mis padres, de mis hermanos, de una pareja, de un socio, de un jefe, de un profesor, de un amig@, de la economía, de la política, de la inseguridad, de la falta de preparación o de oportunidades, de no creer en mi, de no valorarme, de creer que no merezco, de creer que no soy suficiente, de auto sabotearme o boicotearme, etc., entre tantos otros.

Lo más cómodo, razonable y aceptable es hacerte la víctima y buscar gente que se conviertan en tus cómplices o aliados para sostenerte en ese espacio. De ahí comienzan las quejas, las opiniones, los temores, las dudas, las inseguridades y justificaciones porque haces lo que haces y no haces lo que realmente quieres hacer. Es como si esa deuda (herida) causada, provocada o realizada por alguien, es justificable para vivir una existencia mediocre o a medias. ¿Quién dijo que esa es la receta para la felicidad?

Hoy tu pareja puede causarte mucho daño de muchas formas diferentes. Ahora, ese daño sólo puede ocurrir si tu lo permites, si permites que vuelva a ocurrir o si no haces nada al respecto. No es lo mismo decir «mi pareja me hace daño» que «yo permito que mi pareja me trate así». La primera es víctima de su pareja, la segunda es responsable de sus actos con la pareja que tiene.

No es lo mismo decir, «dejé de creer en el amor o todos los hombres son iguales» que decir «no confío en mis elecciones al momento de decidir el tipo de pareja que quiero en mi vida». Una pareja puede serte infiel y tu puedes estar toda la vida cargando resentimiento, odio o sufrimiento por ello, pero no es lo mismo decirte «cómo provoqué o causé que me fueran infiel». El problema de una infidelidad no es volver a creer en la persona o en tu próxima pareja, sino volver a creer y confiar en tus elecciones o decisiones. Esa deuda no tiene nada que ver con la otra persona, sino contigo mismo.

En algunos casos es peor. Hay mucha gente que se lanza a tener relaciones para no estar «sólo» o están en relaciones que saben que no los llenan esperando «la persona ideal», para salir de ella. Todo eso son formas de deudas emocionales incompletas que tienes contigo. ¿Qué hacer? Sanar. Perdonarte. Aceptarte. Dejar de seguir perpetuando la mentira en tu mente de que algo malo pasa contigo o por eso te pasa lo que te pasa. Hasta que no hagas un alto, el patrón sigue seguirá repitiendo y la deuda permanecerá ahí. Es más, seguirá cobrando intereses, recargos y penalidades y eso en tu mente se traducirá a darle a tu EGO razones para no sanar.

Lo mismo pasa con el dinero. ¿Cuántas veces hemos querido comprar amor con dinero? La cantidad de personas que buscan atención o afecto usando el dinero de alguna manera es grande. Muchas personas buscan asociarse con personas y usan el dinero como un mecanismo para no encarar su falta de liderazgo, riesgo o confianza. Luego se sienten desilusionado porque la persona la estafó o no cumplió con sus acuerdos y eso lo cargan para no volver a creer en su sueños o en otros. Eso mismo pasa a nivel espiritual o físico.

¿Cuándo vas a comenzar a saldar las deudas que tienes contigo?

El problema no es lo que el mundo te pueda deber a ti, sino lo que te debes a ti mismo.

¿Qué heridas emocionales, ya sea que has vivido o has causado a otros, requieres sanar para poder recuperar tu integridad emocional?

¿Qué heridas espirituales requieres sanar para volver a recuperar tu fe en ti, en la vida, en la humanidad y en los seres que te importan?

¿Qué heridas mentales (podrían ser algunas emocionales) requieres sanar para cuidar tu cuerpo como mereces?

¿Qué heridas económicas (muchas son mentales) requieres sanar para realmente darte la oportunidad de vivir la vida que mereces vivir?

Es hora de salir de las deudas y comenzar a recibir la abundancia que mereces. Todas estas deudas lo único que hacen es crear una programación de escasez y perpetuar tus creencias limitantes hasta que crees que son ciertas y comienza a vivir una falsa realidad. No mereces eso. ¿Qué vas a hacer al respecto? Mañana tendremos un blog especial sobre la pobreza o escasez y cómo es cometer el peor de los pecados.

¡Gracias por sacar de tu tiempo y leer este blog!

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Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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