Todos los días la vida te presenta oportunidades, las que enfrentas de tres maneras. Hora de romper con dos comunes y aplicar la que te libera.
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Las Ventanas De La Cotidianidad

Las ventanas de la cotidianidad

Dar consejos o ver lo que pasa en la vida del otro es fácil. Saber lo que pasa en la tuya, y hacer algo al respecto, es el reto. Si algo he visto constantemente, tanto en mi vida diaria como en la de mucha gente con la que platico, es que sabemos lo que tenemos que hacer, y en algunos casos, estamos haciendo algo al respecto. Ya sea leer los libros, escuchar los audios, ver los videos, hacer los talleres o hasta tener el coach o el mentor. El problema es ver lo que haces en tu cotidianidad, en el momento cuando tienes la oportunidad de aplicar lo aprendido.

Ahí es cuando pasa una de tres cosas. Sigues en automático, ni te das cuenta que lo sigues haciendo. ¡Teniendo la información en tu mente! Sabes la respuesta y la acción que debes tomar, pero tu mente sigue tan enfrascada en la programación que tienes que no haces un alto para interrumpirla y comenzar a insertar la nueva data que ya tienes. Como decía el poeta José Angel Buesa: «pasarás por mi vida sin saber que pasaste».

Nos hacemos pendejos

Segundo, haces caso omiso a la oportunidad. Sabes que es el momento oportuno para hacer algo diferente, pero prefieres seguir defendiendo tus formas, tus maneras, tu razón, tu terquedad, tu miedo, tu inseguridad o cualquiera de tus creencias o justificaciones y no lo haces. Seamos honestos. Nos hacemos pendejos. Y luego justificamos lo que pasa con la excusa de «no estaba claro», «todavía me confunde», «no lo entiendo del todo», «¿será que valdrá la pena y me producirá lo que quiero?», entre otras.

Por último, haces algo diferente. Empiezas a aplicar lo que dice el libro, lo que escuchas en el audio, lo que ves en el video, lo que aprendiste en el taller y lo que tanto has trabajado con tu coach. Lo haces. Punto. No importa el grado de torpeza, de miedo, de inseguridad, de miedo, de desconocimiento. Te lanzas. Atraviesas una barrera. Te sentiste expuesto, desnudo. Soltaste el control. Te valió madres lo que piense la gente o la reacción de ellas. Algo sucedió, aunque no se dió el resultado. Abriste una puerta y comenzaste a caminar en una nueva dirección.

Lo que hacemos todos los días

¿Por qué el detalle de las tres opciones? Porque eso hacemos todos los días. Consciente o inconscientemente. ¿Es bueno o malo? No voy a entrar en el juicio. La pregunta que debes hacerte no es esa, ya que «hacerte la pregunta incorrecta puede ser irrelevante o hasta peligrosa». Te sugiero considerar otra: ¿te funciona? ¿Produce la calidad de vida, de bienestar, de conciencia, de claridad y, la más importante, el nivel de responsabilidad que requiere para manifestar lo que dices que quieres para tu vida? No creo.

Ayer pude ver en mí las tres. Una amiga, con la que estoy comenzando un nuevo emprendimiento y modelo de negocio, me habló de unas tareas que tenía pendiente. En ese momento yo estaba en automático, haciendo lo que siempre hago y no le estaba dando la importancia, apertura y presencia que yo mismo digo que este aspecto tiene en mi vida. Esta haciendo las cosas por hacerlas, pero no estaba dándole la inversión emocional que requiere. Y yo mismo elegí hacerlo. Nadie me obligó a hacerlo. Ahí rompí, hice lo que dije que iba a hacer y hasta pedir una cita para sentarme con otra persona a indagar más del tema.

Mi espejo en 24 horas

Como el día tiene 24 horas, las oportunidades no paran de presentarse. Yo puedo elegir hacer algo diferente o seguir haciendo lo que siempre hago. Empecé un reto de nutrición con una amiga y eso consiste de ponernos a prueba por tres días y medio a ver cuánto peso podemos perder con ayunos intermitentes, ejercicio y ser disciplinados. Mi primer pensamiento fue: ¿qué hago con la comida que tengo preparada para la semana? La respuesta llegó bien rápida del Universo: se dañó mi refrigerador. Dos días sin ella. Ahí estaba el reto, asumir el reto no hacerme pendejo y no buscar una excusa. Perdí casi medio kilo en un día.

Por último. Siempre he dicho en varios de los talleres de transformación personal que dicto, casi al finalizar el mismo, que «algo que puedes esperar de ti en estos nuevos tiempos, es cómo de manera gradual (o en algunos casos inmediata), vas a notar como comienzan a cambiar tus intereses. Personas con las que antes compartías, no quieres. Lugares que visitaba, ya no quieres. Cosas que antes pensabas que jamás podrías vivir sin ellas, ni las extrañas. De la misma manera, así llegarán e incorporarás nuevas en ella». Para que algo nazca, algo tiene que morir.

Escuchar el llamado

Típicamente mis horas de lectura estaban destinadas a las primeras horas de la mañana o de la noche, antes de acostarme. Por alguna razón ayer, de la nada, a eso de las ocho de la noche, me llegó un llamado de seguir disfrutando un libro que estoy leyendo sobre la quietud y la importancia que tiene en nuestra vida. Fue hacer un alto en pleno horario donde suelo estar en actividad, o viendo tele, hacer algo, a soltar todo y hacerme un té y disfrutar la lectura. Pero para poder hacer eso, tengo que darme el permiso de escuchar esa voz interior, ese llamado, ese sentir. Eso conlleva práctica. Me ha tomado años empezar a hacerlo con más frecuencia. Por eso leo los libros, veo los videos, escucho los audios, voy a los talleres y tengo el coach. Tal vez hay algo que debo incluir aquí, no puedes hacerlo sólo, sin que seas honesto contigo mismo y al algún momento tienes que permitir que alguien te observe en tu soledad (en lo que no dices, ocultas o no revelas). Ahí puedes alterar el curso de la historia de tu vida. Por eso lo comparto contigo hoy.

Hoy tu día, como el mío, viene repleto de las tres oportunidades. Yo les llamo ventanas de la cotidianidad. Oportunidades que la vida siempre te presente para salir del automático, de romper con tus formas y dejar de hacerte pendejo y de ver cómo el aplicar lo aprendido es parte de un proceso. Se comienza dando el primer paso. No importa que la cagues, que salga bien o mal, que te sientes que estás perdiendo la virginidad y no tengas ni puta idea de cómo hacerlo. Por cierto, un amigo que vino la semana pasada a mi casa a revisar mi impresora, me dijo que no le había quitado un seguro que trae el mismo para que funcione. ¡Ves cómo es perder la virginidad y hasta verte como idiota! (Eso no lo afirmo, sino que lo digo para no tomarme demasiado en serio).

¿Qué luz vas a dejar entrar hoy en tus ventanas cotidianas?

Oscar Wilde decía: «la vida es demasiado importante como para tomarte demasiado en serio».

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

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