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Las Recetas No Siempre Son La Solución

Las recetas no siempre son la solución

Ayer pasó algo interesante. Publiqué en mi muro de Facebook una de estas cadenas (que no suelo publicar), con respecto a crear atención sobre la ansiedad, la depresión y la salud mental. Lo hice porque lo ví publicado en el muro en uno de mis cuñados, a quien amo, respeto y admiro. Lo hice como un acto de solidaridad. También porque lo he vivido.

No me da pena, vergüenza o temor hablar sobre el hecho de que he trabajado con mi salud mental en diferentes momentos, y de diferentes formas, a lo largo de mi vida. Sí, he tenido mis batallas con momentos de depresión y la ansiedad. Esta última ha sido algo que he monitoreado mucho en los últimos años, especialmente durante la pandemia.

En estos días hablaba con una persona que sostiene sus batallas con la ansiedad y así conozco a mucha gente. Amigos, familiares y clientes (tanto del coaching como de la consultoría). Algo que he descubierto, por experiencia propia, así como por observación y él trabajar con mucha gente a lo largo de más de 25 años, es que la ansiedad tiene muchas caras.

Cómo se muestra, la manera en que aparece, en los momentos en que aparece y los efectos que puede tener en muchos aspectos de nuestra vida son amplios y devastadores. No voy a entrar a detallarlos porque son muchos. Lo que sí voy a decir es algo simple, pero muy importante.

Las recetas no siempre son la solución.

Eso lo digo en todos los sentidos de la palabra. Vivimos tiempos donde la gente quiere una solución para todo. Como si las soluciones fueran algo que se aplican y se ven los beneficios en un día, una semana o un mes. Mucha gente lee este, o cualquier otro blog, para buscar soluciones, «tips», sugerencias, consejos o recomendaciones para «acortar la distancia o el tiempo para hacer el trabajo que muchas veces se requiere hacer y no se puede acortar».

El trabajo de conocerte, tu mente y tus emociones es inevitable, cómo lo haces es opcional.

¿Porqué mucha gente rehusa ver un médico, en esta caso, un sicólogo, un siquiátra o un profesional que pueda apoyarlo en cosas que pueden tener acceso a su salud mental? Muchos creen que es un símbolo de debilidad, de enfermedad o de ser menos. Otros no quieren tomar pastillas o pensar que tienen una dependencia a un profesional o a una «solución». Esto claro que esto tiene mucho de cierto, pero la solución no es el otro extremo.

¿Cuál? Enfrentarlo solo. Pensar que no quieres molestar a nadie o cargar a otros con tus problemas. Que tú debes saber la respuesta o creer que porque tienes cierta edad, preparación, estudios (o falta de ellos), haber alcanzado ciertos logros (o fracasos) o por tener (o no tener) es una razón para buscar o no buscar ayuda.

Vivir buscando la receta es parte del problema. No podemos seguir diciendo que «fui criado de esa manera o en mi casa eso no se hablaba de esos temas». Eso lo sabemos, pero es hora de hacer algo al respecto. Claro que decir o admitir eso puede provocar pena, tristeza, vergüenza, dolor o muchas cosas más, pero es parte del proceso de «tomar responsabilidad por nuestra vida».

Aprender a sentir, comunicar, manejar nuestras emociones, conocer nuestra mente y aprender a manejarla no es cuestión de una receta. Es un proceso. ¿Es fácil o cómodo? No lo es. El que diga lo contrario es un imbécil. Creer que lo es es vivir en una negación terrible.

La negación es uno de los males de la era tecnológica.

No porque fue inventada en estos tiempos, sino porque ahora se magnifica más por ella. La cantidad de gente vive comparándose, menospreciándose, invalidándose y acomplejándose por lo que ven en las redes es alarmante. Lo que nació como una manera de mantenerse «conectado», ahora se ha convertido en una arma para estar «desconectado de quien somos y lo que somos». Y la adicción a los aparatos sigue en aumento. Esto no está llevando a dejar de pensar. Mucha gente confunde analizar o saber buscar soluciones con aprender a pensar. Son dos cosas muy distintas.

Somos seres hechos para pensar y sentir.

La ansiedad y la depresión nos pueden estar diciendo eso mismo. ¿Como has dejado de sentir, de pensar, de comunicar, de vivir? Aquí es donde el amor a tu mismo debe ser más grande que el orgullo, la soberbia, la prepotencia o la creencia que buscar ayuda es «debilidad». Esto no lo digo porque lo tengo resuelto. Para nada. Ayer mismo aprendí algo muy importante durante una sesión con mi terapeuta. El que me sienta bien y todo parezca color de rosa puede estar ocultando algo requiero trabajar.

Por ejemplo, puedo estar tan acostumbrado a vivir de una manera y creer que es lo correcto, que no me detengo a mirar, mucho menos a sentir, que es una especie de negación de conectar con el dolor o las emociones que están ocultas detrás de ese hábito. Así puedo darte muchos ejemplos de lo que es el proceso de indagar y descubrir lo que puede estar impidiendo el camino a recobrar nuestra integridad mental y emocional.

¿Qué hacer al respecto?

Deja de auto-diagnosticarte. Eso es una forma de seguir en negación y no trabajar contigo. Segundo, comienza con conocer lo que es realmente la ansiedad, la depresión (especialmente lo que puede ser la depresión funcional) y la fatiga. Tercero, busca un amigo para por lo menos empezar un hilo de comunicación donde comiences a decir lo que realmente sientes, piensas o el efecto que puede estar teniendo algunos de estos síntomas en tu vida. Cuarto, si no eres capaz de hacerlo sólo, busca a alguien que te apoyo a buscar ayuda.

Vivir de receta en receta, sin atender el problema puede convertirse en un problema mayor o serio. Tú mereces vivir una vida plena y sólo tu puedes tomar la decisión de hacer un alto y dar el paso que tu vida espera que des. No importa la edad, el genero, el status social o económico, mucho menos lo que hayas logrado o hecho, tu salud mental es la prioridad. ¿Qué vas a hacer al respecto?

La salud mental no se puede tratar con recetas o soluciones superficiales, sino con dedicación.

Jorge Meléndez

Jorge Meléndez, es un Coach Certificado de John Maxwell y tiene un Diplomado de Coaching Ontológico de la UNAM.

Con más de 23 años de experiencia, como generador de abundancia y diseñador de propósitos personales y empresariales, ha logrado que, más de 200 mil personas en más de 30 países del mundo, descubran y alcancen su grandeza a través de talleres y mentorías que cambian la manera de pensar para alcanzar metas y sueños.

Esta entrada tiene un comentario
  1. Si somos vulnerables y esto no es un pecado, decir en un momento dado que no lo sé, necesito ayuda, necesito compañía es un acto de coraje.

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